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Día: julio 4, 2022

¿Qué es la teología del cuerpo?

La Teología del Cuerpo, que originalmente se llama: El amor humano en el plan divino, es un compendio de 129 catequesis dictadas públicamente por san Juan Pablo II entre el año 1979 y 1984, todos los miércoles en las audiencias generales. Un dato curioso es que fueron solo 3 ocasiones en las que el Papa tuvo que interrumpir las catequesis.

 

La teología del cuerpo pretende responder a manera de propuesta las preguntas existenciales de la persona humana: «¿quién soy?», «¿de dónde vengo?» y «¿a dónde voy?», estableciendo una antropología adecuada, qué implica estudiar al hombre en su integridad y plenitud.

 

¿Quiénes pueden aprenderla?

 

Se tiene el error de pensar que para leer o estudiar estas catequesis debemos ser unos letrados, teólogos o filósofos. La verdad es que el Papa no leyó todos los miércoles estas catequesis a este tipo de público, sino a personas que, sin importar su profesión o estado de vida, se acercaban a escucharle.

 

La teología del cuerpo es para todos. Cualquier persona, independientemente de su profesión, debería conocer la teología del cuerpo y del amor humano, porque es la respuesta a esas preguntas existenciales que todos tenemos. Por supuesto que, depende de nosotros profundizar adecuadamente sobre estos temas para que no lleguen a existir incoherencias.

 

Sí es cierto que, como filósofo, san Juan Pablo II maneja algunos términos un poco complicados en las catequesis y puede no entenderse a plenitud lo que quiere expresar. En lo personal nos ayudó mucho aprender previamente un poco sobre su modo de pensamiento.

 

¿Cómo está conformada?

 

Algunas personas, para darle un mejor entendimiento a lo que el Papa quería expresar en las 129 catequesis, dividieron la teología del cuerpo en dos partes:

 

Parte I: ¿Qué significa ser persona humana?

 

#1 Hombre Originario – ¿De dónde venimos? – El principio: Trata sobre el diseño original de Dios en nosotros: somos sus hijos, somos personas humanas. Antes del pecado original todo lo creado por Dios, incluido nosotros, era como un cuadro pintado por el mejor artista del mundo. Era hermoso, perfecto y muy bueno.

 

#2 Hombre histórico – Pecado – La redención del corazón: Trata sobre el hoy y cómo estamos heridos por el pecado. Después del pecado original, por hacer un mal uso de nuestro libre albedrío, esa pintura se manchó. Aunque sigue siendo una pintura perfecta, hermosa y muy buena, las manchas que tiene no la dejan ser como fue pensaba en un principio. Ahora necesita esforzarse para ser quien está llamada a ser. Es posible redimir nuestro corazón a través de las virtudes.

 

#3 Hombre escatológico – ¿A dónde vamos? – La resurrección de la carne: trata sobre la esperanza. La escatología es la ciencia que estudia la vida después de la muerte. Esa vida del mundo futuro de la que hablamos cuando profesamos el Credo: cielo, purgatorio, infierno, juicio particular, juicio final, la comunión de los santos ¡todo! La vida tiene un sentido trascedente, no acaba aquí en la tierra sino que nos espera algo más grande. La vivencia de las virtudes tiene un sentido maravilloso cuando entendemos que son ellas las que nos ayudan a alcanzar esa perfección que tanto buscamos: la santidad.

 

Parte II: ¿Cómo estoy llamado para ser feliz?

 

El propósito de nuestra vida comienza a tomar sentido cuando descubrimos un llamado especial. No eres producto de una casualidad: Dios te pensó desde un principio para un propósito y por eso estás hoy aquí. Ese propósito se hace realidad en un estado de vida en concreto, en donde te sientes llamado a dar todo de ti y puedes ser siempre un mayor bien para el prójimo y por supuesto en ese dar, ser verdaderamente feliz.

 

#1 Virginidad cristiana: vocación a la vida sacerdotal y religiosa. Un reflejo en la tierra de cómo viviremos en el Cielo.

 

#2 Matrimonio cristiano: vocación a la vida matrimonial. Un signo visible del Misterio de Cristo que se entrega por su Iglesia, como los esposos se entregan mutuamente para siempre hasta que la muerte los separe.

 

#3 Amor y fecundidad: basado en la Encíclica Humanae Vitae del Papa San Pablo VI, el Papa San Juan Pablo II nos guía en cómo debe ser el amor entre los esposos: libre, total, fiel y fecundo.

 

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Si quieres conocer más sobre estos temas, de manera específica a través de la virtud de la castidad y el don de la sexualidad, puedes seguirnos en Instagram: @sexualidadycastidad

¿Me lastimaron o me lastimé?

Muchas veces, debido a nuestras propias heridas, tendemos a culparnos por las equivocaciones de los otros. Incluso podemos llegar a asumir la responsabilidad de los errores de aquellos que nos han hecho daño. Esto sucede, sobre todo, cuando estamos en relaciones dependientes o en círculos de violencia emocional normalizada, por el miedo al abandono o al rechazo de aquellos a quienes amamos. Preferimos culparnos por los errores de la relación, antes que exigirle al otro asumir la responsabilidad que no quiere para sí.

 

Sin embargo, quisiera traer a colación las numerosas ocasiones en que sufrimos mucho porque nosotros mismos nos hemos puesto en situaciones dolorosas. En otras palabras, no siempre nos hacen sufrir: a veces nos exponemos al sufrimiento, aun pudiendo evitarlo.

 

La importancia de ver los signos

 

Cuando se trata de relaciones interpersonales, es muy difícil que nos engañen sin más, que nunca hayamos tenido avisos, red flags o llamados de atención. Lo que ocurre es que entramos en relaciones con la vista nublada por el deseo, por el ansia de superar la soledad, o por la tendencia a idealizar a nuestra pareja… y entonces ignoramos los signos concretos que podrían evitarnos el sufrimiento. Muchas veces nos sorprendemos y decimos respecto del otro: “¡No me imaginé jamás que fuera así…!”.

 

La realidad es que esa persona te dio muchos signos: su manera de hablar de otros, de tratar a su familia, de asumir sus responsabilidades; sus detalles con aquellos que no pueden darle nada a cambio, los secretos que te contaba, las palabras que usaba… Los signos siempre se nos escapan, pero solo una vista aguda y receptiva puede notarlos a tiempo.

 

¡No ignores esas red flags!

 

La otra situación ocurre cuando vemos con claridad esas red flags, pero voluntariamente decidimos ignorarlas, por no querer renunciar a esa persona. Quizás porque pensamos que podemos cambiarla, o tal vez por temor a volver a la soledad.

 

En ambos casos, no podemos decir que nos han hecho sufrir mucho, sino que nosotros mismos nos hemos lastimado. Hemos sido inmensamente descuidados con nuestro corazón, y dejando entrar sin límites a cualquier persona en el terreno sagrado de nuestra intimidad.

 

¿Qué podemos hacer?

 

El conocimiento te salva. Por lo tanto, si te conoces a ti mismo, tus tendencias, tus miedos y tus inseguridades, podrás reconocer más fácilmente qué comportamientos dañinos estás asumiendo en tu relación. Además, respecto del otro, recuerda no idealizar a nadie. A veces creemos que aquellos a quienes amamos serían incapaces de hacernos daño, que lo único que quieren es cuidarnos… y en algunos casos puede no ser tan así. No se trata de vivir en perpetua desconfianza, sino de entender que nadie es perfecto, y que aquellos que están heridos y no buscan sanar tienden a herir a otros (aún sin quererlo).

 

Por último, asume tu responsabilidad. La experiencia me ha regalado un lema vital: “nadie va a cuidarte, si tú no te cuidas a ti mismo”. La responsabilidad emocional que tienes con tu propio corazón, con tu intimidad y con tus sentimientos es irrenunciable e intransferible. No esperes que los demás cuiden de ti: eres tú quien tiene un rol fundamental en tu proyecto de vida y felicidad.

 

* * *

 

Identificar la fuente de tu dolor te ayuda en el proceso de sanación y autoconocimiento. Por eso, si estás sufriendo, pregúntate: ¿me hicieron sufrir, o yo me expuse por mi cuenta a este sufrimiento? ¿Pude haberlo evitado? Estas preguntas ayudarán mucho a tu corazón.

 

Para contenido similar, @somos.sos

Memoria y crianza en un poema para niños

No todo viene con un cartel de “Fumar es perjudicial para la salud”. Y, sin embargo, así como quienes fuman ignoran ese aviso, y lo siguen haciendo, es posible que, si los celulares tuvieran un cartel de “Ignorar a tus hijos para mirar tu celular es perjudicial para su infancia”, tampoco le prestaríamos a ese anuncio demasiada atención.

 

Mucho se ha dicho acerca de los riesgos del excesivo uso de la tecnología, y cómo este puede afectar tanto a grandes como a pequeños. Por ello, y reconociendo que tampoco soy una especialista en el tema —y que yo misma tengo mucho que mejorar al respecto—, quiero dejarles una mirada nueva: la del poeta contemporáneo Julio Alfredo Egea (Chirivel, España, 1926-2018), considerado embajador de los poetas de Almería entre los poetas andaluces. Les presento hoy un poema que forma parte de su único poemario para niños; se trata de “Súplica”, y en sus versos Egea encarna la voz de un niño que tiene mucho para decirnos a los adultos.

 

La infancia en la obra de Egea

 

En la obra de Julio Alfredo Egea, la infancia es un tema con una presencia fundamental. En efecto, este autor creía que la memoria constituye un “almacenaje de situaciones relevantes, en el subconsciente, por un pasado emocional, desde el descubrimiento personal de la vida, de la niñez y la juventud, en continuidad a través de la historia de todo hombre que mantiene su capacidad de curiosidad por el mundo”, y así lo ha dicho en una entrevista (Domene, 1999).

 

¿No es hermosa esta idea de que uno va almacenando lo que le ocurre, lo que a veces sin darse cuenta considera relevante, y que esto termina siendo lo que nos permite relacionarnos con lo real? Por ello, la mirada del poeta es la mirada del niño, esa mirada sorprendida ante el mundo que lo rodea. El poeta guarda cada experiencia, y esta queda “en el subconsciente, hecha embrión de poema” (Egea, en entrevista de Domene, 1999).

 

Sin embargo, pese a la fuerte presencia de la infancia en la obra de Egea, sólo cuenta con un poemario estrictamente dedicado para niños: Nana para dormir muñecas. Este libro fue en principio pensado para sus hijos, cerca de 1960, y su autor se convenció de publicarlo, a pedido del responsable de Editora Nacional, recién en 1965. Sobre él, Egea dijo: “era un conjunto de poemillas que había escrito para mis hijos, sin ánimo de publicación […]. Este libro sirvió a muchas madres para dormir a sus hijos, cantando sus nanas, y, seguramente, esta es la más importante función que ha llevado a cabo mi poesía”. Allí encontramos, entre otras gemas de la poesía para niños, el poema “Súplica”.

 

“Súplica”, por Julio Alfredo Egea (en Nana para dormir muñecas, Madrid, 1965)

 

Cuéntame ese cuento, abuela,

y apaga el televisor,

de la princesa encantada

y de aquel lobo feroz.

 

Dime si en la primavera

hará nido el ruiseñor

en el rosal del jardín

y bajo la acacia en flor.

 

Cuéntame como veías

el mundo a tu alrededor

cuando eras como yo.

Repásame la lección.

 

Quiero mirar a la Luna

mientras escucho tu voz

y espero a la primavera.

Apaga el televisor.

 

La repetición del leitmotiv “apaga el televisor” expresa una clara denuncia contra los medios de comunicación, que nosotros podemos aceptar como propias, poniéndole cada uno el nombre del dispositivo que sienta que más tiempo ocupa en su vida.

 

Tecnología bestial

 

Si lo relacionamos con cada punto de la petición del niño, veremos que el televisor del poema se presenta como un elemento físico avasallador, como un obstáculo entre el niño y lo que a él le gusta: los cuentos de hadas, la naturaleza, las anécdotas familiares y la imaginación, simbolizada en la luna. Al hablar del televisor como “feroz”, Egea lo reviste de una cantidad de significados que, desde el imaginario infantil, se vinculan directamente con un mal de tipo bestial.

 

Así lo afirma Bruno Bettelheim, autor de Psicología de los cuentos de hadas: “[el lobo] representa las fuerzas asociales, inconscientes y devoradoras contra las que tenemos que aprender a protegernos” (Bettelheim 1979: 61.). En este caso, la tecnología corre el gran riesgo de alienarnos, de volvernos a lo “asocial”, y no de acercarnos. En concordancia con lo expresado en este poema, Julio Alfredo Egea, en su artículo “Juegos de niños”, ha dicho:

 

Hemos perdido la canción y la tertulia familiar, y la sencilla felicidad de los viejos juegos. Los adultos andan prisioneros del televisor que quizá presente sus juegos de adultos, con frecuencia insustanciales y perversos. Y los niños, quizá junto a los adultos o en la habitación contigua, estarán ante otra pantalla de televisor u ordenador posiblemente ante un juego empobrecido y monstruoso.

 

En la última estrofa, se hace hincapié en algo que se venía anunciando en el leitmotiv: la abuela no podrá hablar, si el televisor sigue encendido. Por eso ella no tiene voz en el poema, sino que quien habla es el niño. El pequeño dirige su súplica a la abuela, y esta súplica toma la forma de un poema.

 

La salvación de la infancia por la belleza

 

Respecto de este poema, resultan muy acertadas las palabras de Nobile:

 

[La poesía] reivindica un papel y un significado importantes en la civilización tecnológica, deformante y caótica […], como salvaguardia de la libertad de la persona y de la individualidad irrepetible de la persona, contra los peligros presentados por una sociedad heterodirigida, áridamente tecnocrática, alienante y masificadora. (Nobile 1992: 68)

 

Contra los riesgos de esta sociedad y de su —de nuestro— mal uso y abuso de la tecnología, la poesía —vale decir: cualquier forma de arte, cualquier expresión verdadera y auténtica de la belleza— tiene un papel importante. Salvaguarda nuestra libertad y nuestra individualidad irrepetibles, y esta es una clave para la formación de los pequeños.

 

Por ello, es de fundamental importancia compartir con los niños estas formas artísticas: desde comprar libros juntos o ir al teatro, hasta leer pintar con las manos, o leer en voz alta un cuento que busquemos en internet. No es necesario gastar, sino simplemente invertir algo de nuestro tiempo, algo de nuestra atención.

 

* * *

 

La fuerte denuncia a la tecnología, que el poema de Egea expresa de forma calma por intermedio de la voz del niño, no puede quedar sin una solución, sin una respuesta. Desde su “cristianismo de base”, Egea nos propone reflexionar acerca de que no es tan difícil alejarse del televisor, y brindarles a los niños aquello por lo cual suplican: una figura que les enseñe, que los proteja. Y creo que la clave para lograr esa conexión es permitirnos conectarnos, a través de la memoria, con los niños que fuimos; apagar un momento los dispositivos, y encarnar en nuestra vida una realidad insoslayable: que amar de verdad significa dedicar tiempo, y tiempo de calidad.

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¿Es amor o amistad?

Uno de los problemas más habituales en las relaciones es la confusión entre el amor y la amistad. El amor es un sentimiento que puede crecer de forma gradual a partir de la amistad. En muchos casos, no es recíproco y, mientras uno se ha enamorado, el otro siente un amor de amistad. Por ello, sus expectativas van a ser también diferentes.

Puede no resultar fácil diferenciar cuándo lo que se siente es amistad, y cuándo se trata de un sentimiento de amor romántico. En muchos casos, se trata del amor que es propio de la amistad, y nada más. Y puede ocurrir también que exista atracción física, pero que no haya intención de formalizar una relación amorosa. En cualquier caso, la frontera entre la amistad y el amor es muy fina y fácil de traspasar.

Señales que te delatan

Hay señales que te permiten darte cuenta de que podrías estar enamorándote de un amigo. Tal vez echas al otro de menos cuando no está, o sientes que estás pensando constantemente en él, y te sabe a poco el tiempo que compartes. También te delatan la necesidad de mayor intimidad e insatisfacción afectiva ante el deseo de querer más de lo que tienes, la aparición del deseo físico, el sentimiento de celos al verlo con alguien más, o el dolor cuando te cuenta sus historias amorosas.

La regla de la “doble P”

Cuando te enamoras de un amigo, tus sentimientos han cambiado. Es necesario estar muy seguro antes de manifestar lo que se siente, porque existe el peligro de que la falta de correspondencia suponga el final del amor y de la amistad. Antes de tomar ningún tipo de iniciativa te propongo la regla de la “doble P”: prudencia y paciencia.

Necesitas prudencia a la hora de manifestar tus sentimientos, pues esas emociones pueden cambiar… y te arrepentirás de haberlas hecho explícitas. El enamoramiento es un sentimiento involuntario y, como todo sentimiento, oscilante; puede aparecer y desaparecer a lo largo del tiempo. Mientras tanto, es necesario y prudente mantener la amistad. A la hora de tomar la iniciativa de manifestar nuestros sentimientos, el riesgo de perder la amistad es el principal freno.

Paciencia. Hay que saber esperar, y no precipitarte a la hora de comunicar tus sentimientos. Esperar tiene que ver con los tiempos, y, en el amor, los tiempos no los marcas tú: están también el otro y sus circunstancias. El tiempo que el otro necesita para madurar sus sentimientos, y la situación, el contexto en el que se encuentra. El amor necesita madurar; cuando haya madurado, se sabrá el resultado.

Y ahora, ¿qué pasará?

No puedo prever ni exigir cuál será la reacción de la otra persona. Puede no sentir lo mismo, y que a partir de ahora le resulte muy difícil tratar contigo. Puede que, al enterarse, te transmita su no correspondencia, pero que sea capaz de seguir tratando contigo con normalidad —¡y esto ahonda la herida!—. Puede que no sintiera nada, y que ahora, al enterarse, se sienta forzada a probar. Pero también podría ser, que, en el mejor de los casos, exista correspondencia y se inicie una bonita relación. ¡Todo es posible!

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La amistad previa es una ventaja en la relación, ya que se parte de un buen conocimiento mutuo, pilar sólido para una relación amorosa. Cultivar la amistad puede hacer surgir la atracción física y el enamoramiento, y plantearse así una relación como pareja. Para no confundir la amistad con el amor, no olvides la regla de La doble P: Prudencia y Paciencia. ¡Funciona!

 

Para más información, puedes buscarme en Instagram: @natbarcaiz