Una mirada afirmativa de
la sexualidad,
vista a la luz
del amor.
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Hoy se habla mucho de “seguir la propia conciencia”. Esta típica frase se escucha para tranquilizar a quien no sabe qué camino tomar: “haz lo que te diga tu conciencia”, o aquella de “Allá cada cual con su conciencia”.
¿Realmente entendemos lo que es la conciencia?
Lo que no
Comencemos por dejar claro lo que no es la conciencia:
- no es mi opinión.
- No es lo que me apetece.
- No es lo que me deja tranquila.
- No es lo que hace la mayoría.
La conciencia no es una especie de “sensación interna” que valida lo que yo quiero hacer, como si fuera una justificación de mis deseos y de mis actos.
La conciencia existe para recordarme la verdad. Esa verdad yo no me la invento, más bien la descubro.
Es decir, que uno no decide lo que está bien o mal. Esto, aunque pueda parecer incómodo, es profundamente liberador: nuestra vida no es un experimento continuo en el que cada uno inventa sus propias reglas. Es un camino de reencuentro continuo con la verdad de los actos, con lo que sabemos que debemos hacer.
Nos hacemos responsables —a veces con claridad, a veces con lucha— ante nosotros mismos y, sobre todo, ante Dios.
El problema no es la conciencia… es no formarla
La conciencia necesita ser educada en la verdad, ya que “verdad” solo hay una. Recordemos lo que decía al comienzo, que “seguir mi conciencia” no debería atenerse en mi opinión. Pues, así, ¡existirían tantas verdades como personas!.
Aquí está el punto que muchas veces se olvida: ¿cómo está formada nuestra conciencia? ¿Somos conscientes de que, si no se forma, se deforma? La conciencia, si no está bien integrada, podría equivocarse en nuestros planteamientos.
Un ejemplo relacionado con la paternidad responsable que puede ayudar a entender: un matrimonio se podría preguntar simplemente: “¿nos viene bien ahora tener un hijo?”. Una conciencia bien formada los lleva a ir más al fondo y preguntarse: “¿existe un motivo verdaderamente serio para posponer? ¿Estamos siendo generosos o nos estamos dejando llevar por el miedo o la comodidad? ¿Conocemos lo que enseña la Iglesia sobre este tema?”.
Desde ahí, es preciso decidir con honestidad. No se trata solo de tomar una decisión, sino de tomarla en la verdad. La conciencia puede errar, pero no porque deje de ser conciencia, sino porque no siempre está educada en la verdad.
El ejemplo correspondiente al anterior que escenificaría una conciencia mal formada sería pensar: “ahora mismo no nos apetece complicarnos la vida con un hijo, así que mejor esperar”, o “queremos primero tener más estabilidad, viajar más o estar más tranquilos”. Aquí no hay un verdadero discernimiento. No se buscan motivos graves, sino comodidad. No se contrasta con la verdad, sino que se decide desde lo que resulta más fácil o conveniente. Si bien es cierto que ese planteamiento podría dejar tranquila a la persona, no la situaría en la verdad.
Es muy humano confundir lo que nos conviene con lo que es bueno, lo que nos tranquiliza con lo que es verdadero, lo que hacen todos con lo que deberíamos hacer. Por eso no basta con “seguir la conciencia”. Hay que formarla.
¿Cómo formar la conciencia?
Formar la conciencia no es complicarse la vida. Es tomarse en serio la propia vida y querer entender sin conformarse con la primera respuesta fácil.
En la práctica, implica cosas muy concretas:
- Buscar la verdad, aunque no coincida con lo que me gustaría.
- Conocer la enseñanza de la Iglesia, que no es una opinión más, sino una guía que orienta.
- Examinar las propias intenciones, con sinceridad (¿por qué y para qué estoy decidiendo esto?).
- Estar dispuesto a rectificar, aunque cueste.
Porque una conciencia formada no es la que siempre acierta. Es la que está en camino de la verdad.
***
A veces, podemos creer que la conciencia “buena” es la que nos deja en paz. No siempre es así. Hay muchos momentos en los que la conciencia inquieta, remueve, cuestiona. Eso no es un fallo. Al revés, eso es señal de que está viva.
Quizá una conciencia que nunca incomoda probablemente no está buscando la verdad sino la comodidad. Hay una pregunta que lo cambia todo y que no necesariamente radica en la sensación de tranquilidad. Es una pregunta muy honesta: “¿estoy buscando de verdad el bien o estoy buscando justificar lo que ya he decidido?”. Ahí es donde empieza una conciencia de verdad. También, una libertad mucho más profunda.
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En este artículo nos abocaremos al tema de la infertilidad masculina, sus causas y qué hace, al respecto, la Naprotecnología. También, sobre la cirugía que utilizamos en naprotecnología, cuáles son las diferencias y por qué ayudan en el diagnóstico de infertilidad de origen desconocido.
En muchas ocasiones nos encontramos que han estudiado mucho a la mujer y muy poco al hombre y tanto él como ella son importantes. Muchas veces se mira por encima el seminograma y listo… porque no, el “factor masculino desconocido” tampoco es tan desconocido.
Las causas de la infertilidad masculina
Sabemos por la evidencia que las causas más frecuentes de infertilidad en el hombre no son raras ni misteriosas:
- alteraciones en la calidad del esperma (cantidad, movilidad o forma),
- varicocele (una de las causas más comunes),
- problemas hormonales,
- infecciones o inflamación,
- obstrucciones en los conductos,
- factores genéticos.
Aun así, en un porcentaje importante de hombres no se llega a un diagnóstico claro. ¿Eso significa que no hay causa? No. Significa que no se ha profundizado lo suficiente. Aquí es donde cambia el enfoque.
¿Cómo ayuda la Naprotecnología?
En Naprotecnología, el estudio del factor masculino no se queda solo en un seminograma. Se va más allá:
- Se investiga si el testículo está produciendo espermatozoides, aunque no aparezcan en el eyaculado.
- Se utilizan técnicas como la biopsia testicular para localizar producción espermática.
- Incluso procedimientos de aspiración permiten encontrar espermatozoides donde antes se asumía que no había.
Y esto es clave: en algunos casos de azoospermia, los espermatozoides sí existen… pero no salen.
A partir de ahí, el objetivo no es “saltarse el problema”, sino mejorar la calidad espermática desde el origen: tratar procesos inflamatorios que pueden afectar directamente a la producción y maduración de los espermatozoides, corregir desequilibrios hormonales que interfieren en la espermatogénesis y optimizar el entorno testicular para favorecer una producción más eficiente y de mejor calidad.
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Insistimos, otra vez. En la mayoría de los casos, la infertilidad no es ausencia. Es decir, es falta de diagnóstico profundo. ¡Anímense a contactarse con un profesional especialista en Naprotecnología!
No es media naranja lo que te falta, sino aprender a conocerte como un ser en completitud. La soltería no es un paréntesis vacío, sino un laboratorio de vida: ahí se ensaya la autenticidad, se ordenan los afectos y se aprende a estar bien en compañía de uno mismo.
Todos deseamos un gran amor, sí, pero también tenemos que estar dispuestos a serlo para alguien más bajo la misma mirada. Por eso, primero, es tiempo de crecer, ordenar y preparar el corazón.
Es importante que la vida no te encuentre improvisando, sino dando pasos firmes sabiendo lo que deseas, necesitas y hacia donde te diriges. La espera tiene que ser un tiempo fértil, una espera activa que potencie tu identidad.
Crecer
Mientras esperamos, tenemos la oportunidad de expandirnos interiormente y prepararnos para lo que vendrá. Crecer en la espera significa convertir el tiempo en inversión y no simplemente en transcurso de días.
Es capitalizar cada segundo de nuestra vida, convirtiendo cada instante y situación que se presente, en oportunidad de maduración. Así, el crecimiento no ocurre en el futuro, sino en la manera en que vivimos hoy, al confrontarnos con nosotros mismos.
Es un tiempo para cultivar paciencia, resiliencia y confianza en uno mismo. Crecer mientras esperamos es reconocer que la vida no se detiene en la espera. Al contrario, lo que hoy cultivamos, mañana será un fruto.
La espera en un tiempo de abundancia, abundancia de aprendizaje, de oportunidades y de crecimiento interior. Crecer es entender que la vida no se mide y se disfruta por la llegada de lo esperado, sino por la calidad del camino recorrido.
Ordenar
Ordenarse mientras esperamos es preparar la tierra de nuestro corazón antes de que se plante la semilla, para asegurarnos de que ella, cuando llegue, esté plantada en una tierra fértil, sana, segura, apta para su crecimiento y desarrollo. Como consecuencia, la cosecha será abundante.
Ordenarse en una espera activa, significa poner en armonía nuestras prioridades, cultivar hábitos sanos y fortalecer nuestra vida espiritual y emocional. Este es el momento propicio para aprender a administrar el tiempo, los recursos y emociones.
También, es el tiempo para estudiar, emprender, descubrir y desarrollar talentos, construir proyectos que reflejen tu propósito y visión. Esto te dará como resultado una base sólida, preparada para cualquier etapa que venga y la puedas enfrentar asertivamente.
El orden te dará claridad en lo fundamental de la vida, saber quién soy y para qué soy. Si tenés en claro tu valor y hacia dónde deseas dirigirte, entonces también vas a tener en claro aquello que definitivamente no querés en tu vida.
Es decir, vas a tener claros los límites que vas a establecer y hasta dónde es sano ceder para construir algo. Esto te salvará al momento de elegir, porque lo harás desde la plenitud de tus convicciones y no desde carencias o necesidades afectivas.
Se trata de vivir con sentido de identidad y visión. Esto es primeramente un regalo para vos mismo. También lo será para cualquier persona que entre en tu vida.
Las heridas del pasado
A veces creemos que la preparación para el amor consiste en encontrar a la persona adecuada, pero en realidad comienza en nosotros: sanar lo que llevamos dentro.
Este tiene que ser un tiempo destinado a procesar decepciones y heridas del pasado y reconciliarse con uno mismo, evitando así, repetir patrones. Es el momento de hacerlo, de otra manera, si intentamos resolverlo estando ya en pareja, proyectaremos sobre él o ella toda esa problemática interna que es propia.
En este punto es necesario evaluar cuándo estoy preparado para iniciar una relación. Si mi motivación para buscar a una persona se trata simplemente de llenar un vacío u opacar emociones negativas a través del amor de alguien, entonces solo estaría utilizando a otro ser humano para cumplir una asignación personal y egoísta, imponiéndole la tarea de cumplir esa función en mi vida.
Sanar no significa olvidar, sino integrar. Cada herida puede convertirse en un recordatorio de nuestra capacidad de resiliencia y de que somos más fuertes de lo que imaginamos. Son las heridas, los sucesos extraños que nos tocaron atravesar en la vida, lo que en definitiva nos forjaron a ser quienes hoy somos, las que nos condujeron a nuestro destino, las que nos acercaron a nuestro propósito.
Las heridas nos hicieron madurar, crecer, entender y aún movernos de lugares cómodos para enfrentares a desafíos que posiblemente se hayan convertido en múltiples conquistas.
No tenemos la capacidad de volver al pasado con la máquina del tiempo y evitar esas heridas, pero sí tenemos la capacidad de otorgarles una nueva significación cuando somos capaces de superarlas y valorar lo bueno que nos dejó.
Cuando puedes decir con toda el alma “¡gracias!” a ese bendito momento de dolor que me hizo llegar a este lugar o desarrollar tal capacidad, entonces, habrás sanado.
La búsqueda de un amor debe perseguir una construcción en conjunto. Mi meta debe ser potenciar la vida de la otra persona, ser alguien seguro, con emociones y autoestima sanas, y estar preparado para aportar aspectos positivos en una relación. Si tus emociones y/o autoestima están rotas o quebradas, entonces primero debes dedicarte tiempo para trabajar en la sanidad de esas áreas de tu vida.
No intentes llenar un vacío espiritual con un pequeño shock emocional. El amor de una persona puede aplacar tus dolores emocionales, pero sólo Dios puede sanarlos en profundidad y de raíz. Dale al Padre ese permiso, date vos la oportunidad ¡y conviértete así en «el mejor partido»!
Preparar el corazón
Preparar el corazón en este tiempo significa transformar la espera en capitalización de uno mismo y la soledad, en oportunidad de plenitud. Se trata de guardar el corazón. ¿Que significa esto? Es alejarlo de los sentimientos de venganza, bloquearlo para el rencor y, sobre todo, hacerle experimentar el perdón como un estilo de vida.
No vas a poder evitar que te hieran, sí podés impedir que esa herida haga nido en tu corazón y se quede a vivir ahí. Si tu corazón está roto, es hora de llevarlo urgente a la fábrica y dejar que lo reparen. Te aseguro que todavía está en garantía, porque el Fabricante hace cosas de calidad y cuenta con todas las herramientas para ponerlo en funcionamiento nuevamente. Él jamás desechará tu corazón y siempre estará listo para repararlo ¿Sabes por qué? Porque solo se repara lo que tiene valor.
¡No te quedes atrapado en el dolor! El ayer es historia, el mañana un misterio, y el hoy un obsequio. Por eso se llama “presente”: «Guarda tu corazón porque él determina el rumbo de tu vida» (Proverbios 4:23).
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Esperar no es sinónimo de quietud, ni de estancamiento y no tiene por qué serlo. Esperar, pero lejos de la imagen representativa que intuitivamente se nos viene a la mente como una persona parada y anclada a un lugar y espacio específico mirando el reloj.
Podemos visualizar la espera y experimentarla como el momento de mayor movimiento en nuestra vida, interno y externo. Un tiempo en el cual todo nuestro ser interior puede ser confrontado, exprimido, procesado y purificado de toda contaminación que haya dejado a su paso experiencias dolorosas del pasado.
La espera es un tiempo para transformar nuestro corazón en lo más noble, digno y honorable. Este movimiento interno indefectiblemente nos conducirá a una productividad en todas las áreas de nuestra vida, porque un corazón sano, nos trae una mente fuerte.
Una mente fuerte alimenta a un espíritu valiente capaz de enfrentarse a los más maravillosos desafíos que solo alguien con visión de su propia vida puede conquistar. No esperes. Camina, avanza, resuelve y conquista, primero, tu propia vida y quedará lista para ser cautivada.
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