Una mirada afirmativa de
la sexualidad,
vista a la luz
del amor.
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Muchas veces cometemos el error de dar por sentadas ciertas cosas de la vida. Creemos que todo ocurre de manera lineal, espontánea, casi «porque toca». Poco a poco, perdemos la capacidad de asombrarnos ante lo que vivimos y esto, aunque no siempre nos demos cuenta, puede afectar también a nuestra relación de pareja.
En este artículo quiero hablarte de la importancia de recuperar esa mirada de asombro y, si estás casado, de aprender a mirar nuevamente tu matrimonio como lo que realmente es: una realidad extraordinaria que un día no existía y que hoy forma parte de tu vida.
El matrimonio como una realidad nueva
Una idea que me gustó especialmente del libro Más que juntos, de Lucía Martínez y María Álvarez de las Asturias, es que cuando dos personas se casan nace una realidad nueva. Antes existían dos personas y una relación; ahora existe también un matrimonio.
Podemos compararlo, salvando las diferencias, con el nacimiento de un niño. Cuando nace un bebé, sus padres se asombran ante una persona completamente nueva. Observan sus dedos, sus gestos y sus primeras sonrisas. Después se maravillan con sus primeras palabras y sus primeros pasos. Cada novedad parece extraordinaria.
Con el matrimonio, en cambio, puede ocurrir algo curioso: cuanto más tiempo pasa, más fácilmente perdemos esa capacidad de asombro.
Damos por sentado que el otro está ahí. Damos por sentadas nuestras rutinas, nuestra casa, nuestros acuerdos y nuestra forma de vivir. Las vacaciones, porque tocan; la compra del supermercado, porque toca; salir a comer, porque es parte de nuestra vida, como lo es un beso, un abrazo, las relaciones sexuales… Todo puede terminar incorporándose a un sistema de cosas que simplemente «tocan».
Detrás de esas rutinas, de los hijos, las cuentas, las listas de la compra y las obligaciones cotidianas se esconden discretamente muchas cosas que alguna vez deseamos y que hoy son una realidad.
El amor también merece asombro
Pensemos por un momento en lo extraordinario que supone que dos personas se conozcan, conecten, se enamoren, que ese amor sea recíproco y que decidan construir una vida juntas.
Desde una mirada cristiana, detrás de esa historia también podemos reconocer la providencia de Dios. Nosotros elegimos, decidimos y construimos nuestra relación, y hubo también circunstancias que permitieron que nuestras vidas se cruzaran.
El problema es que con el tiempo podemos olvidarlo. En terapia de pareja es frecuente escuchar a personas que se concentran en aquello que el otro hace mal, en sus defectos o en lo que ha dejado de hacer. Algunas de esas críticas responden a problemas reales que deben abordarse. Otras son, en el fondo, un grito desesperado de afecto: «antes eras más cariñoso», «ya no tienes tiempo para mí», «parece que todo es más importante que nosotros».
Precisamente porque el amor nos importa, sufrimos cuando sentimos que comienza a faltar. Por eso necesitamos recuperar la gratitud antes de que la rutina nos haga olvidar el valor de lo que tenemos. Quiero proponerte tres ejercicios muy sencillos para entrenarla.
Ejercicios para entrenar la gratitud
1. Agradece por tu pareja también cuando reces: cuando atravesamos una dificultad con nuestra pareja es natural pedir ayuda a Dios: que nos ayude a superar una crisis, que nos dé paciencia o que ayude al otro a mejorar aquello que está dañando la relación.
Podemos añadir algo más: dar gracias por la existencia del otro. Incluso en un momento difícil podemos agradecer haber conocido a esa persona, los años compartidos, aquello que hemos construido juntos y la oportunidad de haber amado y haber sido amados. No se trata de negar los problemas, sino de impedir que los problemas nos hagan olvidar todo lo demás.
2. Vuelve a decir «gracias» y «por favor»: con los años podemos comenzar a interpretar muchas acciones del otro simplemente como obligaciones: «le corresponde hacerlo». Detrás de cada obligación sigue existiendo una persona.
Dar las gracias por haber preparado la comida, hacer la compra, dejar listo el café, ordenar la casa, pagar una cuenta o encargarse de los niños puede parecer insignificante. Ayuda a transformar el clima cotidiano de una relación.
Lo mismo ocurre con pedir las cosas por favor. La confianza no debería significar la desaparición de la cortesía.
La gratitud se parece un poco al ejercicio físico: necesita repetición para convertirse en hábito. No basta con sentirla. También hay que aprender a expresarla.
3. Practiquen la nostalgia positiva: Finalmente, los invito a mirar juntos hacia atrás. Hoy podemos discutir sobre dónde pasar las vacaciones, y quizá hubo un tiempo en el que no teníamos dinero ni para plantearnos viajar. Hoy nos agobian los berrinches de los niños, y quizá años atrás llorábamos frente a un test de embarazo negativo. Hoy nos molesta que el otro haya olvidado algo de la compra, y hubo un momento en que deseábamos profundamente encontrar a alguien con quien construir una familia.
La nostalgia positiva nos ayuda a descubrir algo importante: algunas de las cosas que hoy damos por sentadas fueron, alguna vez, nuestros sueños. Miren fotografías antiguas. Recuerden su primera cita. Hablen de aquello que les enamoró. Pregúntense qué cosas de su vida actual habrían emocionado profundamente a aquella pareja que estaba comenzando su historia. ¡Cuidado con caer en la idea de <<todo tiempo pasado fue mejor>>!
***
Que nunca sea «porque toca». Ahora les toca ponerlo en práctica. Pueden leer este artículo juntos y escoger solamente uno de estos ejercicios para comenzar.
No necesitamos convertir cada día en algo extraordinario ni vivir permanentemente emocionados. Se trata simplemente de evitar que la costumbre nos vuelva ciegos ante el bien que tenemos delante.
Cuidar un matrimonio no consiste únicamente en solucionar aquello que está mal. También significa seguir siendo capaces de reconocer aquello que está bien. De vez en cuando, detente, mira a la persona que tienes a tu lado y recuerda que hubo un tiempo en que todavía no formaba parte de tu vida. Y díselo: «qué bueno que estés en mi vida».
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La mujer, en su esencia, tiene la potencial función de fecundar, algo que comienza a ser posible desde el inicio de su vida, transitando cada etapa, hasta que llega el momento oportuno para poder concebir. Aunque no todas lo hagan, siempre será un signo de salud en cada caso poder reconocer su ciclo menstrual.
Una trayectoria de toda la vida
Es increíble ver cómo el sexo femenino, desde su concepción cromosómica, comienza a codificar su expresión. Esta se dará en sus órganos sexuales internos y externos que la diferencian del varón y determinan su camino a lo largo de toda su vida. Porque sin ser injusto ni elegible, simplemente es mujer. Tiene funciones y opciones que, el varón, no.
Puede parecer peor para algunos, lo mismo son órganos y funcionalidades distintas que, desde el comienzo y para toda su vida, marcan y construyen quién es y será.
Así, es la maravilla de la naturaleza “al azar”, que no se detiene desde que inicia esa vida, y la acompañará, durante todo el camino, en sus distintas etapas.
La menstruación
Nace con el número de folículos totales, de los cuales solo algunos podrán ovularse a lo largo de todos los ciclos de su vida, uno por mes.
Gracias a sus hormonas cerebrales, podría comenzar este ciclo menstrual con fecha de caducidad, incluso su eficacia comienza normalmente en subida y termina declinando poco a poco. Así es que dichos polos no son los mejores naturalmente para concebir. Ni física ni mentalmente, claro.
El primer arranque del ciclo que se da con la menstruación es la caída de la última capa del útero, órgano donde crece el bebé, que se ha formado durante ese primer ciclo donde seguramente ha ovulado. Esta es la primera y poco a poco iremos descubriendo su normalidad, ya que al comienzo hay meses que puede no estar.
Lo importante es que suceda antes de los 16 años. A partir de ahí, todos los meses luego de dos años. Un indicador de sanidad es que no duela cada vez más o nos deje de cama. Otro, la cantidad. Son varios los factores a conversar y controlar con el médico.
Fertilidad
A partir de entonces podríamos tener la capacidad de quedar embarazadas. Siempre, desde antes de la primera menstruación por el hecho de haber ovulado. Por eso, es tan importante conocer nuestro ciclo, para poder planificar cuándo. Es así que un entrenamiento efectivo es más preciso que cualquier barrera para poder decidir cuándo tener bebé.
El embarazo es una etapa milagrosa. Puede parecer muy fácil y renunciable para algunos casos, pero para muchos es algo que no llega. Siempre es un milagro ser cocreadores, traer una vida al mundo, cuidar de ella desde el inicio, tenerla, verla crecer.
Esa capacidad detiene el tiempo y le da un giro completamente distinto al crecimiento personal. Estoy segura que también naturalmente y a propósito.
Esta etapa parece larga y solo son alrededor de 30 años de su vida que estará acompañada de sangrados menstruales, ya sea como signos en de salud femenina, como la menstruación o por puerperio por ejemplo, por sangrados inusuales o por estudiar. Ese órgano llamado útero es el responsable de los mismos y no es el único protagonista de ello.
El útero, junto a los demás órganos internos y las hormonas secretadas, expresan su salud y sus diversas variaciones a lo largo del mes.
Es realmente una brújula de autoconocimiento, ya que las hormonas juegan el papel de cambios de humor, de ánimo, estado físico, entre otros. Cada fase del ciclo marca esos tiempos, pero nunca de igual manera en todas.
Cada mujer tiene sus variaciones porque todo puede fluctuar su ciclo sin ser irregular, simplemente porque somos una sola cosa y podemos interrumpir, prolongar o suprimir la misma ovulación con diversos factores de nuestro estilo de vida.
Menopausia
Lo que parece interminable y tan molesto, termina mucho antes de lo esperado. Llegará esa etapa donde la mujer dejará de producir hormonas y, por ende, ya no menstruará. Serán cambios drásticos de salud y humor propios de esta etapa, molestias de todo tipo, calores y más que avisarán la llegada de la menopausia.
Cierra, entonces, el ciclo de edad fértil que la acompañó hasta aquí, que le permitió tener hijos y, gracias a ello, quizá tenga nietos ahora. Cuidarán de ella, a quienes ella podrá transmitir todo lo aprendido.
Comienza una nueva etapa de autocuidado y autoconocimiento. Para algunas recomenzar o reconstruirse, para otras abrazar todo lo que hasta aquí han construido para seguir edificando los últimos ladrillos.
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Todas, incluso Nuestra Madre, han pasado y pasarán por ello. Es algo normal, propio de nuestra especie. Quizá la sobre información abruma, pero al vivirla personalmente reaparece la realidad que nos asienta en la tierra. No dejemos de mirar al Cielo, que todo esto nos ha sido dado para poder llegar allí arriba!
En mayo de 2026 escribí el articulo “Bioética y Teología del Cuerpo: retos y respuestas en la reproducción asistida” que puedes encontrar en https://www.amafuerte.com/post/bioetica-y-teologia-del-cuerpo-retos-y-respuestas-en-la-reproduccion-asistida/ y empezaré este articulo de la misma manera: el deseo de ser padres nace de lo más profundo del corazón humano, expresando la vocación a la paternidad y maternidad inscrita en el amor conyugal.
Sin embargo, la infertilidad —que afecta a una de cada seis personas en el mundo— se vive a menudo como un dolor silencioso, una dura prueba que mueve de manera muy profunda la identidad de la pareja. En ese artículo hablé de “buscar «soluciones rápidas» en maternidad” como la FIV, inseminación entre otras. Hoy quiero hablarte de la maternidad subrogada.
“Todo me es lícito, pero no todo conviene” (1 Corintios 10,23)
Sé que muchas parejas llegan a considerar esta opción tras años de un sufrimiento silencioso y devastador por no poder concebir. Ese anhelo inmenso de poder abrazar a un hijo es un reflejo de su capacidad de amar y es profundamente legítimo.
Mi invitación hoy es a que contemplemos a la maternidad no como un proceso técnico que ocurre en un laboratorio lleno de contratos, restricciones y acuerdos, sino como lo que verdaderamente es: una sinfonía viva de cuerpo, alma y encuentro.
¿Qué es en verdad la maternidad subrogada?
La maternidad subrogada es una práctica en la que una mujer (referida como «madre sustituta» o “gestante”) se embaraza y lleva a cabo la gestación de un hijo para otra persona o pareja (los «progenitores comitentes» o «previstos»). Ello conlleva el compromiso de transferirles al recién nacido y delegar en ellos todas las responsabilidades (legal, de crianza después del parto, entre otras).
Esta práctica puede dividir hasta en 3 partes a la maternidad: la madre genética (quien aporta el óvulo), la madre gestante (quien lleva el embarazo y da a luz) y la madre afectiva o legal (quien lo criará). Esto cambia completamente el esquema del árbol genealógico.
A través de un contrato con un cronograma exacto de cumplimiento, se hace una separación absoluta del recién nacido de la única mujer que conoce y reconoce en su olor, en sus hormonas, en los latidos de su corazón, en su voz. Este acto genera un impacto negativo en el vínculo materno filial.
Un testimonio doloroso de maternidad subrogada
Durante el curso, tuve la oportunidad de escuchar a Olivia Maurel en la charla: La otra cara de la maternidad subrogada: la voz de los hijos. Una joven nacida por esta técnica narraba cómo al tener a su propia hija en brazos y ver que dejaba de llorar al instante en su pecho, comprendió el poder de este vínculo: su bebé la reconocía porque la había escuchado y sentido durante nueve meses.
Con un dolor profundo, Olivia añadía: “yo no tuve esa oportunidad. Yo no llegué a oler a la mujer que me llevó durante nueve meses. No llegué a escuchar su voz. No llegué a tener contacto piel con piel con ella”.
¿Qué es el parto?
La respuesta es clara: un proceso fisiológico que finaliza la gestación y produce la expulsión del feto.
Entonces, ¿qué es el parto humano a lo largo de la vida? Cambió todo el sentido: la transición crucial entre el mundo intrauterino y el mundo extrauterino que se constituye como el nacimiento cronológico de la persona. Esa transición no es fácil, requiere acompañamiento, de quien mejor conoce: de su madre y que si bien se constituye nacimiento cronológico. Pues, realmente el existe desde el vientre y genera vínculos importantes, es el primer ecosistema afectivo de un ser humano.
¿Qué pasa con la adopción, es lo mismo?
La adopción es un camino provida verdaderamente hermoso y restaurador. Allí el amor de los padres adoptivos actúa como medicina, acogiendo una vida que ya es real y sagrada. Mientras que la subrogación busca «fabricar» un niño para satisfacer la necesidad de un adulto y eso lo hace muy diferente.
Y más allá de hablar sobre la maternidad subrogada, quiero resaltar lo hermoso que es concebir, sin romantizar, haciendo que tomemos conciencia de la maravilla de la naturalidad.
Corpore et anima unus
El ser humano es la unidad sustancial de cuerpo y alma. Esto, por tanto, no es una suma accidental de mente y cuerpo. Sí es una unidad indisoluble de dos coprincipios (materia y espíritu).
La gestación es un proceso tan bello, donde ocurre el microquimerismo fetal-materno. Esto es que las células del bebé atraviesan la placenta y se alojan en el corazón, el cerebro y los órganos de la madre para siempre. Las células de la madre hacen lo mismo en el cuerpo de su hijo.
También, la gestación es un proceso determinante para la regulación emocional, el desarrollo cerebral armónico y la estructuración del apego temprano del niño.
Asimismo, el parto es un hito de comunión, el momento cumbre donde el núcleo familiar y vincular se sella. Durante el trabajo de parto, el cuerpo de la madre y del bebé se inundan de oxitocina, la hormona del amor y del apego, diseñada biológicamente para que ambos se reconozcan, se miren y se sanen mutuamente en el primer abrazo.
***
La madre, quien ha llevado a su bebé en el vientre durante el embarazo, requiere que su cuerpo viva con esa nueva naturalidad de ser madre, su instinto protector se activa en todo su esplendor para cuidar, abrigar, darse a ese bebé. No hay tecnología que pueda usarse para borrar la memoria de las células.
El ser humano tiene el derecho antropológico de ser recibido como un don incondicional en el seno de un acto personal, libre y gratuito de amor.
Amar significa también responsabilidad, si como matrimonio están sufriendo por la infertilidad, la respuesta de la ciencia no debe ser saltarse los procesos naturales con tecnología invasiva de laboratorio que instrumentaliza cuerpos vulnerables, sino usar lo mejor de la tecnología para reparar, restaurar y con ello que la concepción sea de manera completamente natural, en el amor.
Bibliografía
- Maurel, Olivia (2026). La otra cara de la maternidad subrogada: la voz de los hijos [Conferencia en el Congreso de la Nación Argentina].
- Relatora Reem Alsalem (2025). Las distintas manifestaciones de violencia contra las mujeres y las niñas en el contexto de la reproducción subrogada. Informe de la Relatora Especial de la ONU, A/80/158.
- Bolzon, Lorena C. Guía de la Unidad 2 [Guía U2]. (2026). Filiación e identidad: la protección jurídica del niño nacido mediante TRHA.
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Fundamentos
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