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¿Qué nos cansa cuando una relación de “salientes” no termina en noviazgo? ¿Qué nos cansa cuando un noviazgo no termina en matrimonio?

En la primavera del 2025 circularon noticias en algunos periódicos argentinos analizando un video de Tiktok que se hizo viral sobre el fenómeno del “dating fatigue”, en este artículo reflexionaremos al respecto de este fenómeno de la mano de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II y de Fulton Sheen.

¿Qué es el “dating fatigue”?


El ese video que tantas repercusiones periodísticas tuvo, la usuaria de Tiktok conocida como “Catastolo” expone los sentimientos de una de sus amigas, particularmente, el cansancio y afirma: “no para de salir con pibes para darles oportunidades, para ver si alguno le copa y ya está fatigada, está cansada de salir que sean malas citas”.

El famoso fenómeno del “dating fatigue” consiste en el agotamiento emocional producto de intentar encontrar pareja y frustrarse en el proceso. Como católicos, además de las herramientas psicológicas mediante las cuales nos ayuda Dios a sanar, sabemos que donarse nunca es en vano. Pues, tenemos la alegre certeza de que Jesús
hace nuevas todas las cosas, y mucho más nos hace nuevos a nosotros, que somos hijos amados.

Es inevitable que un noviazgo termine: o termina en matrimonio o termina en un “gracias, Señor, por confiarme estos meses el corazón de esta persona”. Abrir el corazón supone más que vulnerabilidad. Implica hacerse lugar en la agenda para conocer al otro, para compartir. Acoger a ese otro en el corazón es una gracia de Dios:
una gracia que, cuando la pedimos en oración, nos permite abrirnos, permitir a otro entrar en nuestra vida.

Algunas veces sucede que le abrimos el corazón y la agenda a otro, empezamos a conocernos y a darnos y no siempre recibimos. damos, damos damos sin recibir. Eso puede llegar cansarnos.

Otras veces, por heridas, puede pasarnos que nos abrimos a compartir con otro y solo recibimos. Recibimos, recibimos, recibimos… pero no podemos dar. Eso también puede ser que nos fatigue.

En el mejor de los casos, damos y recibimos y aún, así, puede ser que el noviazgo termine en un “gracias por compartir este trayecto del camino juntos”. El noviazgo es una etapa de discernimiento.

Si te sentiste identificado con los que alguna vez han dado y no han recibido, o con los que alguna vez han recibido y no han podido dar, recordá que el otro es un hermano en Cristo. Todos somos don. Todos valemos la sangre de Cristo. No dejes de mirarlo con misericordia. Ahora bien, si te sentiste identificado y no te cansaste: tenés que saber que te podés cansar. El auto cuidado es esencial, volver a la fuente del Amor es esencial.

El amor es don

El amor es don y nuestro significado esponsal del cuerpo, como bien nos explica San Juan Pablo II en su catequesis del del día 16 de enero de 1980 en la Teología del Cuerpo, supone que desde nuestra propia libertad elegimos donarnos, es decir amar. Es importante resaltar la cuestión de la libertad: para ser libres, es necesario, entonces un auto dominio de nosotros mismos.

Amar, entonces, no solo supone una apertura de corazón, supone abrir el corazón para donarse a sí mismo. En la etapa previa al noviazgo, y luego en el noviazgo, esto es conociendo a la otra persona, paulatinamente, abriéndonos cada vez más. Algunas veces el otro no puede recibir o no puede dar, y terminamos agotados. Eso puede pasar.

Si no nos arriesgamos, no sucede nada, nos quedamos estancados. Es preferible, entonces, darnos, antes que permaneces en la misma situación viviendo como en una sala espera. Si nos damos y advertimos que no va a progresar la relación en noviazgo o matrimonio, es preciso que seamos conscientes de que habernos abierto al otro, amarnos los unos a los otros, es mejor que no haberlo hecho.

El donarse implica recuperarse

A propósito del amor trino y uno, Fulton Sheen, a modo de conclusión afirma que: “el amor que solamente da, termina en el agotamiento; el amor que solamente busca, perece en su egoísmo. El amor que siempre trata de dar y nunca es defraudado en recibir es el reflejo de la Trinidad en la tierra y, por lo tanto, un goce anticipado del
cielo.” (Son tres los que se casan, p. 73). Así como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas en una Naturaleza, su amor es un mutuo don de sí mismo y una mutua recuperación (Sheen, p. 71).

Entonces, también, es necesario que nosotros, como hijos amados, nos recuperemos antes de volver a intentar conocer a otra persona. Si lo diste todo y terminaste agotado, volvé a la fuente del Amor, recuperate, antes de volver a intentarlo: y sí, volvé a intentarlo. El matrimonio es llamado al que hay que responder. Fuimos creados para ese sueño que Dios puso en nuestro corazón.

Cuando vivimos la lógica del don, vemos a los otros como hermanos en Cristo, nos donamos. Es un darse y recibir. Sin embargo, no siempre el otro puede recibirnos o no siempre, el que recibe, puede dar. Sheen nos recuerda que “el amor es un eterno don mutuo de sí mismo; y es la recuperación, en la carne, en el alma o en el cielo, de todo lo que se dio y se sacrificó, porque en el amor no se pierde ningún fragmento.” (Son tres los que se casan, p. 73).

San Juan nos explica que “amamos porque Él nos amó primero” (1 Jn 4, 19). Salimos al encuentro de otro y lo acogemos en nuestro corazón porque tenemos a Jesús en el corazón. Experimentamos primero el amor en nuestra familia, con nuestros amigos y de Dios en nuestra vida. Luego, nos donamos porque damos lo que hemos recibido. Entonces, todo es gracia. Sentimos un anhelo que proviene del Padre en nuestro
corazón de salir al encuentro de otro y donarnos y acogemos al otro en nuestro corazón y lo elegimos.

Ahora bien, acoger a otro en nuestro corazón supone la vulnerabilidad de necesitar descansar, recuperarnos. Nos recuperamos volviendo a la fuente, es decir, volviendo al Amor. Solo Jesús puede hacernos nuevos. Volvemos a intentarlo porque tenemos la certeza de que Él hace nuevas todas las cosas.

***

Animarse a volver a empezar es animarse a, en el Nombre de Jesús, volver a intentarlo. Tenemos la alegría y la esperanza de que si nos abrimos, es para vivir un noviazgo que termine en matrimonio. Sin embargo, esa esperanza supone la certeza alegre de que si no sucede así, somos agradecidos por el tiempo compartido con el otro, ese tiempo que el Señor nos pidió que acogiéramos a ese otro. Esa certeza supone la convicción de que con Él nada se pierde.

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Te das cuenta de que las miradas han cambiado y los silencios se sienten incómodos. Tu mejor amigo o amiga espera algo más de la relación, pero tú no compartes ese sentimiento. Esta situación, aun antes de que el otro se abra y te lo confiese, genera mucha angustia porque lo valoras profundamente y temes perder un vínculo importante.

Debemos recordar que el centro de cualquier relación es la persona misma, con su dignidad y su libertad. Enfrentar esta falta de sintonía requiere valentía y un profundo respeto por el otro. Para lograrlo sin romper todo, necesitamos comprender la naturaleza de nuestros afectos. ¡Veamos!

La diferencia entre mirar juntos al horizonte y mirarse a los ojos

Para entender lo que ocurre, resulta muy útil tener presentes las distintas palabras con las que los griegos clásicos nombraban al amor, reconociendo que no todos los vínculos son iguales.

Por un lado, hablaban de la philía, el amor de amistad. Este amor camina hombro a hombro. Los amigos miran juntos hacia un horizonte común, tienen iguales intereses y construyen una lealtad basada en virtudes compartidas.

Por otro lado, existe el érōs, el amor romántico y de pareja. Este amor es diferente. Las personas enamoradas se miran frente a frente, sin olvidar la mirada conjunta al horizonte. El érōs busca una unión íntima y exclusiva, abarcando la totalidad de la persona en un proyecto de vida compartido.

Tu relación nació y creció como philía. El desencuentro actual surge porque uno de los dos comenzó a experimentar érōs, mientras el otro permanece plenamente en el amor de amistad.

Confusiones comunes

Algo que suele ocurrir es que confundamos estos dos sentimientos. Te sientes tan bien con esa amistad, que piensas que también pueden funcionar como pareja. Te gusta su forma de ser de tal manera, que crees que te has enamorado. Te ha dado tanto soporte y contención cuando lo has necesitado que le debes gratitud y aprecio. Asimismo, pasa que el amigo o amiga te revela sus sentimientos y comienzas a cuestionar los tuyos, considerando que quizás también sientes lo mismo, pero no te habías dado cuenta.

Es esencial distinguir estas dos cosas: que valores a la persona en todas sus capacidades y busques mantener ese vínculo como un aporte a tu vida no quiere decir necesariamente que lo ames como hombre (o como mujer). Que sientas un profundo amor hacia ella (o él) no quiere decir que tenga que atraerte físicamente (lo cual es un insumo requerido en el amor conyugal).

La ilusión de forzar el corazón

Existe una tentación frecuente cuando queremos mucho a alguien: creer que podemos forzar nuestros sentimientos para no lastimarle. Sentimos culpa por no ser capaces de corresponder.

Sin embargo, transformar el amor de amistad en amor de pareja por pura obligación no solo es dañino, sino imposible. El érōs surge de una atracción más compleja que la que une a dos amigos: es física, emocional, intelectual, espiritual. Es decir, es integral.

A un amigo te unen convicciones compartidas, aunque su cara incluso te resulte desagradable; eso no ocurre con tu pareja. Con tu amiga puedes participar de una tarde de series, pero no de una vida entera.

El amor humano, en su máxima expresión, es un acto de libertad. No puedes obligarte a sentir érōs, del mismo modo que tu amigo (o amiga) no eligió voluntariamente enamorarse de ti. Intentar encajar una relación en un molde forzado solo termina lastimando la dignidad de ambos. Aceptar la realidad de tus afectos y respetar tu propia libertad es el primer acto de justicia hacia ti y hacia la otra persona.

Consejos para ordenar el amor y cuidar el vínculo

En mi práctica profesional he visto muchos matrimonios que han fracasado porque iniciaron de esta manera: convirtieron una relación de amistad en romántica para no lastimar a una persona tan buena, que tanto había hecho por ella (o él), y que se enamoró.

No estamos dispuestos a dejar ir a alguien así. Más que amor de pareja, hay miedo a traicionar el amor de amistad. Hasta nos sentimos halagados y le debemos gratitud. Aparte, la tentación del «ghosteo» puede presentarse, y rehuimos el contacto para no encarar una situación que resultaría tan dolorosa.

Esto hay que ordenarlo, simplemente, aunque no es tan fácil. Acompañar a tu amigo o amiga en este proceso requiere mucha delicadeza. Aquí tienes algunos pasos prácticos para abordar la situación cuidando la dignidad de la persona:

1. Habla con verdad y misericordia: ocultar la realidad solo prolonga el dolor. Expresa tus sentimientos de forma clara y suave al mismo tiempo. Explica cuánto valoras su presencia en tu vida, pero sé firme al comunicar que tu amor es estrictamente de amistad. La verdad siempre libera, aunque al principio duela.

2. Afirma su dignidad: el rechazo romántico suele golpear la autoestima. Hazle saber que esta incompatibilidad afectiva no disminuye su inmenso valor. Cada persona es un don invaluable y digno de ser amado de forma plena. Solo que sus corazones se hallan en páginas distintas en este momento.

3. Establece límites sanos: mantén la claridad en tus acciones y palabras. Evita gestos de cariño excesivo, mensajes confusos o dinámicas de pareja que puedan alimentar el érōs que intentas calmar. La ambigüedad es el mayor enemigo de la sanación.

4. Otorga espacio temporal: a veces, la persona enamorada necesita distancia física y emocional para reordenar su corazón. No lo tomes como un ataque personal si precisa alejarse un tiempo. Este distanciamiento temporal es una herramienta necesaria para que los sentimientos se calmen y la amistad pueda reconstruirse más adelante.

* * *

En muchas ocasiones, un amor de amistad evoluciona a un amor de pareja. Lo malo es cuando solo ocurre en uno de los dos. Esto puede derivar en situaciones difíciles de manejar y hasta dolorosas y dañinas. Es capaz de ser malinterpretado y llevar a rupturas muy tóxicas. Por ello, siempre es necesario clarificarlo.

Afrontar esta conversación es, en sí mismo, un acto de verdadero amor. Al ser sincero y proteger la dignidad del otro, honras la philía que los unió desde el principio. La verdad y el respeto mutuo forman el único terreno firme sobre el cual la relación puede sanar.

Y, es cierto, existe el riesgo de que esta no sea capaz de continuar porque va a ser difícil que el otro vuelva a verte con esos ojos de amistad. Y, aun así, los dos habrán demostrado el amor que se tienen con esa distancia, agradeciendo por todo lo que vivieron juntos.

Empecemos por definir brevemente que es la afectividad, podríamos decir que la afectividad es el filtro a través del cual interpretas la vida, es decir que no vemos el mundo como es, sino como «nos afecta». Es el conjunto de emociones, estados de ánimo y sentimientos que determinan cómo te afecta lo que vives y cómo reaccionas ante ello. Es la forma en que tu psique reacciona ante la realidad, el “puente” entre el cuerpo y la razón.

En otras palabras, lo que dejas entrar con frecuencia se convierte en tu «estado base». Si te acostumbras al drama o al conflicto, cuando hay paz te sientes aburrido o ansioso, porque tu afectividad ya se «cableó» para necesitar esa adrenalina.

En psicología, el priming es cuando la exposición a un estímulo influye en la respuesta a un estímulo posterior, por ejemplo, si lo último que dejas entrar antes de dormir es contenido de odio o envidia en redes sociales, te despiertas con una «lente» ya instalada. Tu primera interacción del día ya va filtrada por ese sentimiento residual.

Estudios de neurocientíficos como Richard Davidson han demostrado que nuestras estructuras cerebrales cambian según lo que permitimos que ocupe nuestra atención. Por otro lado. Los estudios longitudinales de George Gerbner demostraron que las personas que consumen grandes cantidades de contenido violento o caótico en los medios tienden a percibir el mundo como mucho más peligroso de lo que realmente es.

Bueno, dicho todo lo anterior, en pocas palabras…quiere decir que lo que dejamos entrar por los sentidos va permeando nuestra forma de ver el mundo, de ver el ser humano, de vernos a nosotros mismos, al hombre, a la mujer, al matrimonio, a la maternidad, paternidad, TODO.

Desde la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, este tema se vuelve fascinante. En su catequesis del 20 de febrero de 1980, dijo que «El cuerpo, y solo él, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Ha sido creado para transferir a la realidad visible del mundo el misterio escondido desde la eternidad en Dios, y ser así su signo».

Él decía que lo que entra por los ojos puede «objetivizar» a la persona (verla como una cosa para usar) o «personalizarla» (verla como un don).

La pregunta del millón de dólares nos regresa al título de este artículo, ¿Qué dejo entrar a mi corazón?, qué series, qué música, qué libros, qué películas, qué cuentas de redes sociales, qué noticias, y mas importante en mi opinión, qué conjunto de ideologías permito entrar por mis sentidos y que entonces se van gestando en mi corazón.

En lo personal he visto que lo que permitimos que se “geste” da a luz mentalidades, afectividades escindidas de la verdad. Por ejemplo, una persona puede ser católica, pero al mismo tiempo apoyar algunas ideas feministas, o creer en la idea de las nuevas masculinidades (no está demás decir que ambas mentalidades no coinciden de ninguna forma con el magisterio de la iglesia católica), que se yo, pero creo que si pudiéramos ver el contenido a detalle que entra a nuestros sentidos, como una especie de historial, seguramente encontraríamos extractos de esa mentalidad, como pequeñas semillas que se fueron sembrando de a poco y que de alguna manera hacen “sentido y lógica”.

También creo que muchas de las heridas, o de vivir sintiendo que no somos suficientes, de esa tristeza y vacío constante tienen que ver con todo eso que recibido y me muestra un mundo gris, sin esperanza, en resumen sin Dios.

Así que te invito a cuestionar 3 cosas:

  1. ¿Qué has dejado que entre y se quede en ese historial?
  2. ¿Qué sigues dejando que entre y siga generando aun mas distorsión de la verdad?
  3. ¿Qué es necesario borrar definitivamente no sin antes pasarlo por un serio cuestionamiento de la verdad que es Dios y su iglesia?

***

Te invito a que, en la medida de lo posible dejes de ahora en adelante que por tus sentidos entre belleza, bondad, alegría y verdad. Y que, si algo es mentira, feo o malo lo cuestiones, que seas curioso, que te preguntes, ¿qué dice la iglesia sobre este tema? Y por que dice eso. Así fue como yo descubrí que la iglesia no intentaba reprimir la sexualidad si no darle plenitud.

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