El ámbito de la psicología clínica permite tener un contacto cercano con el sufrimiento de las personas. Ya sea un problema familiar, de pareja o personal, el común denominador de estas personas sufre y eso les genera incomodidad o malestar.
Muchas personas que acuden al psicólogo sufren como si no tuvieran ninguna alternativa más. Les pasa esto como si estuvieran sumergidas en un hoyo profundo y no pudiesen salir por sus propios medios. En su mayoría, no tienen conciencia del problema, pero evidentemente sí se dan cuenta que sufren.
El amor no siempre es comodidad
En la actualidad, amor y sufrimiento parecen dos palabras opuestas. Esta idea se debe a un conocimiento parcial del amor. Por lo tanto, se desconocen sus implicancias. Una perspectiva sesgada del amor, nos remite a creer que es solo un sentimiento agradable, concerniente al bienestar, la atracción o la satisfacción personal.
Se nos dice: “si duele no es amor”. El sufrimiento, así, funciona como una alerta o señal para abandonar. Pareciera que vivimos en un todo o nada. Se nos habla de empoderamiento y de romper con todo tipo de instancias que nos genere incomodidad o malestar. El mundo, así, nos invita a ponernos en primer, segundo y tercer lugar, haciendo énfasis en nuestra “felicidad”.
Esta apreciación mundana posiciona al amor y al que amaen un plano egoísta y hedonista. Se busca y prefiere la comodidad por sobre el sacrificio. De este modo, existe una suerte de obsesión por el crecimiento personal.
Sin embargo, el amor ontológico, que confiere nuestro interés, exige una profundidad diferente. Pues en la entrega y la renuncia aparece inevitablemente el sufrimiento.
Viktor Frankl menciona que el sufrimiento se nos presenta como una gran posibilidad para encontrar sentido persiguiendo siempre la virtud. Así, esa experiencia dolorosa puede significar algo más que solamente dolor. El salir de uno y encontrarse con otro es clave para comprender nuestra naturaleza misma.
No es sufrimiento destructivo
Es muy importante aclarar que sufrir por amor no significa tolerar maltrato, abusos o de alguna forma rebajar nuestra dignidad como personas. En las relaciones humanas esta perspectiva que se plantea nos invita a diferenciar.
¿El sufrimiento que vivo por amar es fruto de mi donación generosa y voluntaria? o ¿es consecuencia de una relación dañina?
Por un lado, son bien conocidos los casos de dependencia emocional. Por otro, son distinguidas las historias de personas que rehúyen cualquier experiencia de sufrimiento evitando a toda costa sentirse incómodas. Ordenan su vida evitando cualquier perturbación que los altere y distraiga de sus objetivos personales.
Sin embargo, aunque pueda parecer que el sufrimiento no forma parte de su vida, esa incapacidad de auto-desprendimiento limita y perjudica el sentido trascendente de sus vidas. Es decir, sufren igualmente.
Podríamos afirmar que, en ambos casos, ellos no saben sufrir o, en todo caso, no entienden el significado de un sufrimiento con sentido. En este espacio nos interesa hablar del sufrimiento con propósito. Este tipo de sufrimiento es el que va más allá de uno mismo y se experimenta como imagen de Dios, del cual se deriva todos los tipos de amor. Es así, y solo de este modo, que puede comprenderse cómo el sufrimiento y el amor pueden convivir en nuestra vida diaria.
Sufrimiento versus maltrato
¿Cómo distinguir el hasta dónde? Nuestra capacidad de discernimiento como expresión de nuestra inteligencia nos permite reconocer cuándo se está vulnerando nuestra dignidad.
Debemos identificar esas señales de maltrato, por ejemplo, en todos los tipos de violencia, pero también, en los actos donde no buscamos el bien del otro. Entonces, debemos buscarlas cuando fomento conductas inmorales en amigos o pareja o cuando nos servimos del otro para sentir placer, obtener dinero o fama.
Es necesario aclarar que, en aras del amor, la libertad tiene mucha participación. Esta se expresa mediante una elección consciente y sin imposiciones, contrario al sometimiento forzado. Esa libertad que se puso de manifiesto en la cruz, cuando Cristo dijo: “nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque así lo quiero”.
Así, sufrir también es una elección, no somos víctimas. Precisamente, cuando vemos que una persona es maltratada, automáticamente reconocemos que no está siendo amada. Incluso tratamos de ayudarla, de lograr quese dé cuenta. Nuestra tarea es poder discernir entre un sufrimiento con sentido y un sufrimiento nocivo.
El amor que construye
El principio básico del amor es buscar el bien para el otro de manera incondicional. Cuando uno ama, ama lo que el otro esen ese momento, pero también todo lo que puede llegar a ser. Se ama con esperanza y con la confianza de que, por ser hijos de Dios, todos estamos provistos de la capacidad para perfeccionarnos.
En ese sentido, también se puede sufrir porque el ser amado no despliega todas sus capacidades o posibilidades de crecer. El crecimiento en el amor tiene un rol de complementariedad, es decir, de ayudarnos los unos a los otros en este camino.
El amor es fecundo, da frutos, permite el crecimiento. Mediante el amor, las personas pueden alcanzar diversos bienes para sí mismos y para los demás. El amor implica renuncia, sacrificio, decisión y esperanza. Nos ayuda a alcanzar lo que estamos destinados a ser. Si el amor no lleva al crecimiento, es un sufrimiento sin sentido.
Ejemplos de amor fecundo, entonces, encontramos en nuestra realidad: una madre pobre que prefiere dejar de comer para alimentar a su hijo, un esposo que acompaña a su esposa en la enfermedad, un joven que renuncia a las comodidades para asumir su vocación. Todos ellos experimentan y sienten un dolor o sufrimiento real, pero este es expresión de amor y por lo tanto adquiere un significado diferente y más elevado.
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En la experiencia del amor auténtico, el sufrimiento no es buscado ni valorado en sí mismo. Puede surgir como parte de la experiencia de donación, entrega y sacrificio por el otro.
Amar es abrir el corazón saliendo muchas veces de una posición cómoda. Es morir a uno mismo. Implica ordenar nuestro ser desde su propia imperfección y limitación, aunque esto pueda significar sufrimiento.
Es muy importante saber diferenciar el sufrimiento con sentido de soportar abusos y maltrato en relaciones dañinas. Pues esto no hace más que vulnerar y rebajar nuestra dignidad humana en vez de elevarla. Para comprender el rol del sufrimiento, necesitamos de Dios. Recordemos que el amor humano, limitado e imperfecto, necesita del amor divino que lo sostiene y eleva, dándole sentido al sufrimiento.