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Compatibilidad sexual: ¿es requisito para casarse?

Por: Rafael Lafuente

Me casé en 2013 con Diana y con ella he tenido cuatro hijos.

He hablado de sexualidad, he dado la misma conferencia a parejas jóvenes y a matrimonios mayores, a solteros y a casados, a creyentes practicantes, creyentes no practicantes y a no creyentes. De todos he aprendido y a casi todos, al explicarles mi visión de la sexualidad, creo que les he ayudado.

Nos hemos acostumbrado a hablar de afectividad, sexualidad y matrimonio con las categorías que impone el mundo. Con esas categorías es difícil ganar la partida. Casi siempre se pierde. Una de las pruebas de esa derrota es haber normalizado, en apenas unos años, una idea que hace poco tiempo habría causado extrañeza: que antes de casarse hay que comprobar si la pareja es sexualmente compatible.

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Una suposición que no se sostiene

Detrás de esa idea hay una suposición difícil de defender: que quienes se casaron sin haber practicado antes el sexo, no supieron después entenderse en ese terreno. No hay razones para pensar que fuera así. Lo que suele esconderse tras la pregunta de la compatibilidad es otra cosa: la búsqueda de una justificación razonable para adelantar el sexo al matrimonio.

Conviene partir de dos premisas ciertas. La vida matrimonial es larga y la sexualidad será una de sus piezas importantes. Si esa pieza no encaja bien, el matrimonio puede resentirse. Hasta ahí, de acuerdo. El problema aparece en el paso siguiente: concluir que, por tanto, hay que probarlo todo antes, como si lo no ensayado previamente fuera imposible de encajar después.

La pregunta que no se hace

Cabría devolver la pregunta con otra: ¿vamos a probar antes de casarnos todo lo que nos vamos a encontrar en el matrimonio?

Y si la respuesta fuera afirmativa, ¿no deberíamos empezar por aquello que resulta más difícil de encajar, allí donde de verdad se revela la fortaleza o la fragilidad del otro?

Porque, salvo patología severa o una torpeza extrema —incluida la incapacidad de aprender-, lo más probable es que la vida sexual funcione bien dentro del matrimonio. Es más: una de las ventajas de la vida conyugal es precisamente esa: que al compartirse siempre con la misma persona, cada vez se hace mejor.

Quienes llevan treinta años casados lo hacen mejor que quienes llevan veinte. Estos, mejor que quienes llevan diez. Estos, a su vez, mejor que los recién casados.

Hay cosas que requieren práctica, sin duda. Así, el matrimonio ofrece toda una vida para practicarlas y disfrutarlas. Cabe, entonces, preguntarse por qué se quiere adelantar justamente aquello en lo que el éxito es tan probable, y no otras cuestiones que exigirán bastante más esfuerzo.

El cuidado y el dinero también deberían adelantarse

Si el motivo fuera realmente la responsabilidad, la pareja debería someterse a pruebas más exigentes, no más cómodas. Pensemos en el cuidado del otro. Por edad o por enfermedad, es probable que en algún momento de la vida matrimonial uno de los dos quede dependiente, postrado o sin plena capacidad física o mental. Es probable, también que uno de los dos necesite ser cuidado por quien ha prometido entregarle su vida.

Sería coherente, siguiendo esa misma lógica, que los novios acudieran juntos cada semana a una residencia de ancianos, a un hospital o a un centro de rehabilitación, para comprobar si el otro es capaz de acompañar y cuidar. Nadie propone, sin embargo, adelantar esa prueba.

Lo mismo ocurre con el dinero. En el  matrimonio, al casarse, los bienes pasan a ser comunes. Es decir, lo que gana uno pertenece también al otro. Es una entrega importante y, sin embargo, no es costumbre que los novios adelanten esa entrega antes de la boda ni que depositen sus ahorros en una cuenta compartida durante el noviazgo. Para eso no hay prisa.

Una pregunta que no busca lo que dice buscar

Todo esto sugiere que la pregunta por la compatibilidad sexual prematrimonial no es una pregunta sincera. No busca garantizar el buen funcionamiento del matrimonio, sino justificar el sexo antes de él.

Frente a esa pregunta, resulta más honesto plantear otras: ¿si esos mismos novios que tienen tanta prisa por adelantar el sexo tendrían la misma prisa por adelantar el cuidado del enfermo o la entrega de sus bienes? La respuesta suele ser reveladora.

***

En síntesis, la compatibilidad sexual no es un requisito que deba comprobarse antes del matrimonio, sino una realidad que se construye dentro de él, con el tiempo y el conocimiento mutuo. Adelantar el sexo con la excusa de la compatibilidad no adelanta la responsabilidad conyugal: la elude, escogiendo precisamente la prueba más fácil y evitando las que de verdad exigirían un compromiso genuino.

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