¿Anticonceptivos como medicina?



La medicina, como cualquier ciencia, tiene sus tiempos, sus avances, sus descubrimientos. Como cualquier ciencia también, tuvo sus giros copernicanos: lo que antes parecía obvio para cualquier médico, resulta obsoleto para la siguiente generación de médicos. Algunos descubrimientos —como la penicilina, la esterilización de elementos quirúrgicos y el cuidado de la higiene— son hitos en la historia de la medicina. Quizás algo aún más cercano puede ser el cigarrillo: de aceptado y recomendado, a condenado y cancerígeno.


Una de estos giros interesantes, es respecto de la mujer, y la fertilidad. El primer acercamiento a la mujer se da de manera comparativa con el varón, situación que (increíblemente) aún perdura en algunas cosas. La mujer no es un “varón pequeño”, sino que tiene funciones biológicas distintas, singulares, que inciden en toda su salud fisiológica, y que deben ser tenidas en cuenta para una correcta medicina.



En la historia


Hay algunos puntos que ayudan a entender las particularidades en las que se abordó el “ser mujer”. Steno de Copenhagen (1667) fue el primero en proponer el término “ovario” en reemplazo por el “testículo femenino” que era usado desde el sigo IV a.C. Esto podrá sonar gracioso, chistoso, ofensivo, pero lo importante es que muestra el alcance que tiene un dato simplificado o pasado por alto cuando uno mira a la mujer de manera comparativa con un varón.


Es cierto: a grandes rasgos, podría asociarse los testículos del varón con los ovarios de la mujer. Sin embargo, su funcionamiento y aporte a la salud de cada uno se da de maneras muy particulares. Los testículos generan espermatozoides nuevos de manera continua. Los ovarios, en cambio, tienen un funcionamiento cíclico. No producen óvulos nuevos, sino que maduran los que ya tienen. Estos órganos producen hormonas distintas, en tiempos distintos. No son lo mismo. Puede ser que cumplan funciones similares en la reproducción, pero lo ejecutan de manera distinta.



Casos puntuales o curiosidades


Increíblemente, muchos ensayos para fármacos no toman la singularidad de la mujer. El hecho de que hormonalmente funcione de manera cíclica hace que el funcionamiento del fármaco también se reciba de manera distinta.


Los eventos hormonales implican cambios en el metabolismo; sin embargo, esto se pasa o pasaba por alto hasta hace no mucho tiempo. Los analgésicos, los antidepresivos, los ansiolíticos, todos se reciben de manera distinta en el varón que en la mujer. En el caso de los ansiolíticos, el estómago femenino resulta menos ácido, por lo que los efectos pueden acusarse de manera más rápida que las dosis (usualmente acusadas) para los varones, e incluso le puedan resultar tóxicas. El riñón masculino filtra los fármacos más rápidamente que el femenino, por lo que la mujer muchas veces debe espaciar la dosis.



Anticonceptivos: falta de diagnóstico y tratamiento universal


La mujer realiza las funciones biológicas de manera distinta. El hecho de que esto no haya estado y no esté presente en muchos de los abordajes médicos parece explicar la masividad que tienen hoy los anticonceptivos.


El anticonceptivo hormonal impide el desarrollo del ciclo ovulatorio y, por lo tanto, impide la producción hormonal del ovario. ¿Por qué a tantos médicos no les parece grave? Los anticonceptivos, desde temprana edad, impiden la madurez del ciclo.


Tengamos presente que el ciclo necesita tres años para lograr su madurez y su normal funcionamiento. Tres años desde su primera menstruación, es eso. Pero millones de adolescentes reciben regularmente anticonceptivos hormonales, lo cual impide su normal desarrollo. El anticonceptivo, además, se receta para cualquier problema ginecológico: acné, ciclos largos, ciclos cortos, ciclos dolorosos, sangrados inusuales, sangrados abundantes o muy ligeros… Todas ellas son puestas con anticonceptivos con o sin diagnóstico, pero recibiendo un “tratamiento” que no revierte ninguna de las causas que está provocando el desbalance.


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Gran parte de la salud del ciclo permanece desconocida para la medicina, y las respuestas paleativas basadas en supuestos tratamientos con anticonceptivos sólo impiden que se desarrollen más investigación. Así, carecemos de propuestas de nuevos tratamientos, que tengan como finalidad un ciclo que se desarrolle de manera saludable y sana. Pero sepamos que las primeras que debemos abogar por un ciclo sano, por un diagnóstico certero y un tratamiento adecuado somos las mujeres.


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