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¿Es la adopción para nosotros?

En muchas ocasiones, he escuchado decir a quien no tienen hijos: “tenéis la adopción” o “siempre podéis adoptar”. Personalmente nunca había pensado así. No fue hasta que conocí a una familia con tres hijos adoptados (de la que nos hicimos muy amigos), cuando realmente descubrí el gran valor de la llamada a la adopción y de su unicidad. 

El llamado a adoptar

Discernir si Dios nos está llamando a la adopción, es un proceso profundo que implica oración y comunión por parte del matrimonio. Adoptar no es una solución para quien no puede tener hijos. No es el plan B. Tampoco es un recurso de consuelo ni, mucho menos, una opción de segunda categoría.

La adopción es una llamada única y especial.

Hay familias que adoptan teniendo hijos biológicos. Hay quienes nunca los han tenido. En ambos casos, lo que los une no es la carencia, sino la entrega.

El darse a los hijos adoptivos

Decirle a alguien no puede tener hijos: «bueno, puedes adoptar», es minimizar el significado real de la adopción. No se trata de llenar un vacío, sino de abrir el corazón para responder a la necesidad de un niño que merece una familia, porque los niños sí tienen derecho a tener una familia.

Por eso quien responde a la llamada de la adopción, lo hace como un acto de amor que nace en el corazón y se vive con responsabilidad, compromiso y ternura. La adopción no es sobre lo que falta en los padres, sino sobre lo que necesitan los niños. Quienes responden a esa llamada, lo hacen por estos últimos, no por sí mismos.

La misión detrás de la adopción

Aunque algunas parejas lleguen a la adopción porque no tienen hijos biológicos, no lo hacen como respuesta a la infertilidad si no como una misión de amor más allá de nuestra circunstancia particular.

Discernir sobre este camino puede llevar tiempo, siendo una decisión importante, es fundamental tener soporte de un sacerdote o un matrimonio que haya pasado por vuestra circunstancia que os guíe en vuestra intención de abrir vuestro hogar para acoger a un hijo.

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Por eso todo esto, considero que la adopción también es una vocación. Es una misión, sí, y una llamada. Es una forma más de abrirle el corazón a otros, una manera más de donarse.

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