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¿Qué hay detrás del ghosting?

A veces en una relación se elige cortar toda comunicación con la otra persona de forma repentina y sin dar explicaciones. Se ignoran mensajes, llamadas, correos o cualquier intento de contacto. Esta actitud, llamada popularmente “ghosting” es un comportamiento que puede darse en las relaciones personales, profesionales, etc. y que dice mucho de lo que está pasando por dentro de la persona.

¿Por qué hacemos eso? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué heridas puede haber detrás del ghosting?

El ghosting nunca es neutro

Un primer aspecto importante es señalar que la no comunicación también es comunicación. Podemos pensar que al no afrontar una conversación desagradable dejamos de hacernos daño a nosotros mismos o al otro.

La realidad es muchas veces muy diferente. La no comunicación, el evitar enfrentar una conversación difícil, puede tener consecuencias también negativas y, frecuentemente, peores que enfrentarla.

No quiero hacerte daño

Un error común es elegir desaparecer sin más, sin explicaciones ni preguntas incómodas. Detrás de esta opción puede estar el miedo a ver sufrir al otro. Es decir, pensar “si le digo esto, le va a doler”, o “le va a decepcionar, lo va a pasar mal”.

Por eso elijo no herir, no decepcionar. El resultado es justamente el contrario: el silencio deja al otro con más preguntas, más dudas, más incertidumbre y, muchas veces, todavía con más decepción.

Es así que puede pasar que, intentando huir para no hacer daño, se pueda terminar haciendo mucho más daño, aunque no fuera esa la intención real. Uno puede preguntarse: “¿no será que detrás de la excusa de no hacer daño está el miedo a afrontar una conversación difícil con valentía y con verdad?”.

No quiero hacerme daño

Otras veces el ghosting pretende proteger más a uno mismo. Es como una reacción de autodefensa. En este caso, una vez más, vemos que es una reacción que puede conseguir justo el resultado opuesto al que se pretendía. Como intentamos evitar sentirnos culpables, evitamos el conflicto y la incomodidad de sentirnos el malo de la película o una reacción emocional intensa.

También el silencio tiene su precio. La culpa no desaparece, se hace más fuerte. La conversación puede quedar pendiente y sin solución. Se pierde una oportunidad de oro para actuar con coherencia y resolver las posibles dudas.

En el fondo, de nuevo, huir de una conversación sincera crea nuevas heridas y no cierra las que ya hay. No quieres hacerte daño y, paradójicamente, te sumas más heridas a las de antes.

Lo que puede haber detrás del ghosting

Detrás de esta actitud hay una serie de dificultades aprendidas que nos recuerdan el miedo al conflicto. Además, nos provocan una baja tolerancia al malestar o poner límites.

A esta posible inmadurez emocional es importante trabajarla. Aunque a primera vista queramos huir de afrontar un problema o de gestionar un posible malestar, lo que se consigue es que el problema se haga mayor y el malestar crezca. Queriendo huir de los problemas, estos se agravan.

El que recibe el ghosting

Si eres el que ha recibido el ghosting sabes que no solo duele la pérdida del contacto con la persona. También, duele la incertidumbre. Duele porque no se entienden todas las partes de la historia. Entonces, la mente las rellena con la peor de las interpretaciones. Así, aparece la culpa: ¿qué he hecho mal? ¿Qué tendría que haber hecho?

La falta de un cierre sincero lleva a la falta de entender las causas reales y dificulta el duelo, el cierre de una etapa. Muchas veces, cierra también la posibilidad de resolver dudas e incluso de reactivar la relación que se distanció por posibles malas interpretaciones o malentendidos.

La alternativa: aprender a terminar bien

Existe una solución al ghosting. Le podríamos llamar el facing: afrontar una conversación sincera y abierta. Una conversación bien preparada para decir las cosas con sinceridad, sin intentar acusar ni herir.

Es que no hace falta ser cruel para ser sincero. Se puede hablar desde el “yo me he sentido” en vez de desde el “tú eres”.

No hace falta desaparecer para ser amable. Es justo al revés: la mejor amabilidad es dar al otro la oportunidad de entender, de mejorar y de sentirse querido, aunque el resultado no sea el que el otro quisiera o le gustaría.

Tips para terminar bien

¿Y cómo concretarlo?

  1. Prepararse bien la conversación, mejor por escrito para intentar ser más objetivo, tener muy claro lo que se quiere decir.
  2. Hablar desde el respeto y el cariño, pero también desde la verdad.
  3. Ser muy claro. No hiriente, pero claro.
  4. No dejar puertas abiertas ni falsas esperanzas si no las hay.

Hay que tener en cuenta que la verdad dicha desde el cariño puede doler, pero suele doler menos que el silencio.

***

El ghosting es, muchas veces, fruto de dificultades aprendidas, pequeñas heridas del pasado que nos llevan a no afrontar las dificultades con una comunicación clara y abierta. Bajo una bien intencionada voluntad de no herir o no quedar heridos, se elige utilizar el silencio y la interrupción total de la comunicación, cuando casi siempre es justamente la comunicación abierta y sincera la mejor forma de no herir, de no quedar herido y de buscar un cierre amable y sincero.

Hablar, desde la verdad, pero también desde el cariño, puede parecer lo más difícil, pero siempre es la mejor solución a largo plazo. Vale la pena intentarlo.

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