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Ir tirando: el enemigo silencioso de muchas parejas

Hay un desgaste que no hace ruido. Hay parejas que no están para tirar cohetes, pero tampoco, al borde de la ruptura. No hay broncas monumentales, ni portazos, ni amenazas de separación. Simplemente van «tirando».

Justo ahí está la trampa: como la herida no sangra lo suficiente como para ir a urgencias, nadie hace nada, pero la relación se va apagando poco a poco, casi en silencio.

1. Qué significa “ir tirando”

Ir tirando es encender el piloto automático de la supervivencia. Es sacar adelante la logística de la casa: las cenas, los baños de los niños, las facturas y la organización semanal, pero olvidándose de hacer equipo.

Ya no hay discusiones fuertes, pero tampoco hay miradas cómplices. Se cambia la vida en pareja por una simple convivencia de compañeros de piso que gestionan una pyme familiar.

2. La trampa de acostumbrarse

Lo más peligroso de “ir tirando” es que se normaliza. Se vuelve costumbre.

Así, surgen frases del tipo: “es lo que hay”, “todo esto son rachas”, “estamos en una etapa complicada”, “ya mejorará cuando pase esto…”. Entonces, lo que era una situación temporal se convierte en un estilo de vida relacional. El problema acá es que el tiempo no arregla lo que no se cuida conscientemente.

3. Si no lo riegas, se seca

Las relaciones raras veces saltan por los aires de un día para el otro por un gran conflicto. Casi siempre se mueren de inanición.

El amor es como un preciado bonsái: si dejas de regarlo, de prestarle atención, de buscar un rato para hablar o de gastar una broma, se acaba secando. El amor no desaparece de un plumazo, se apaga sencillamente porque le quitas la batería.

4. El espejismo de la paz

Vivir «tirando» suele venir acompañado de un gran autoengaño: la falsa sensación de estabilidad. Como no hay gritos ni crisis abiertas, damos por hecho que el barco sigue a flote.

¡Ojo! La falta de peleas a veces no significa que haya paz, sino simplemente que ya no quedan fuerzas ni batería ni siquiera para discutir.

5. La termita invisible

Ir tirando tiene un coste que no siempre se ve a corto plazo: Se pierde la complicidad. Se debilita la admiración mutua.

Por tanto, la relación se vuelve predecible y plana, cada uno empieza a vivir un poco en su mundo. No es un colapso repentino, sino una erosión lenta que, cuando se detecta, a veces ya ha avanzado demasiado.

6. El punto de inflexión

Muchas parejas no se dan cuenta de este proceso hasta que aparece un síntoma más grave: distancia emocional, indiferencia o incluso la aparición de terceros que se cuelan en la relación.

Entonces, suele surgir la pregunta: “¿cómo hemos llegado hasta aquí si no nos llevábamos tan mal?”. La respuesta muchas veces es incómoda: no ha sido un gran problema, sino muchos pequeños momentos de abandono silencioso.

***

Arremánguense y hagan equipo. La buena noticia es que “ir tirando” no es irreversible. Requiere una decisión consciente: volver a elegir la relación.

Eso implica volver a buscar ratos a solas, charlar de verdad, escuchar y cuidarse. Incluso, pedir ayuda externa, si es necesario. Porque una pareja no funciona por arte de magia. Funciona cuando los dos deciden volver a ser un equipo, rechazan el conformismo y se ponen a construir juntos.

Al final, el mayor peligro para tu relación no son las grandes crisis. El verdadero enemigo es quedarse de brazos cruzados en el sofá esperando a que el amor sobreviva solo.

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