El amor es paciente



De entre todas las lecturas que uno suele escuchar que se eligen para las bodas, hay una que es sin duda de las más populares. Es más: fue nuestra segunda lectura cuando nos casamos, y seguro que ya sabes de cuál estamos hablando: Primera Carta a los Corintios, capítulo 13. Un pasaje hermosísimo, en el que San Pablo nos habla del amor como ese “camino más excelente” por encima de cualquier don o acción que podamos realizar. Hoy nos vamos a centrar en el inicio del versículo 4: “El amor es paciente”.


Un ejercicio cotidiano


Sucede que hace unos días nos encontrábamos en la boda de unos queridos amigos, y volvimos a escuchar la lectura. Más allá de la esperable emoción que sentimos al recordar nuestra propia ceremonia, esta vez el pasaje cobró para nosotros un significado mucho más profundo, sobre todo tras este casi año y medio que llevamos recorriendo este hermoso camino del matrimonio.


“El amor es paciente”, dice San Pablo. Si algo nos ha enseñado este tiempo, es que la paciencia es una expresión del amor que debemos ejercitar diariamente: aunque cuesta mucho alcanzarla, resulta increíble lo poco que cuesta perderla. Sobre todo cuando llevamos un tiempo conviviendo con aquello que no nos “encanta” de nuestra pareja. Pero es justamente ahí, en las dificultades y renuncias del día a día, donde la paciencia se va forjando. Donde va ganando terreno en nuestro corazón.


Ante las dificultades de la vida


“Paciencia” viene de “padecer” en latín. Para amar, hay que saber padecer. Pero de verdad. No solamente es comerse las renegadas; sino transitar con esperanza, con dignidad y con cariño aquellos momentos que nos cuestan. Si logramos conquistar nuestros impulsos y no ceder a ellos, si ejercitamos nuestra fuerza de voluntad en lo más cotidiano de la convivencia, entonces ante pruebas mayores lograremos mantener la mirada con esperanza, y actuar con fe y caridad incluso en medio de los momentos más oscuros.


Así las cosas, podemos afirmar que es imposible ser pacientes sin luchas; y, como la vida —y el matrimonio— está llena de estas, oportunidades no faltarán para crecer en esta virtud. A lo mejor por eso, entre todas las características del amor que Pablo menciona, el Espíritu lo inspiró a colocar la paciencia en primer lugar —¡Dios ya sabía que nos iba a costar!—.


Tres claves para vivir la paciencia cada día


Dicho esto, les dejamos algunas ideas que, como pareja, tratamos de recordar para vivir la paciencia cada día más en nuestro matrimonio.

  • Ser pacientes es una decisión de amor. Cuando nos casamos, nos convertimos en cónyuges: es decir, cargamos juntos el mismo yugo, apoyándonos en cada una de las circunstancias de nuestra vida. La paciencia, que nos invita a padecer con esperanza y alegría, nos permite vivir aún más intensamente esta dinámica del amor conyugal.


  • Ser pacientes como Dios es paciente con nosotros. Cuando pienses que no puedes tener paciencia con tu pareja, solo recuerda todas las veces que Dios tiene paciencia contigo. Piensa en cómo te espera a mitad del camino cada vez que te alejas y decides volver. Cómo respeta tus “tiempos” y, sobre todo, cómo te amó pacientemente a lo largo de su Pasión y Muerte en la Cruz, cuando se convirtió en el ejemplo perfecto de quien padece con amor por el otro —Cruz misma que San Pablo pone como paradigma del amor conyugal—.


  • Ser pacientes, no permisivos. Nunca el ser paciente con los defectos del otro —lo cual es una obra de misericordia— debería llevarnos a “pasarlos por agüita tibia”. Recordemos que estamos llamados a ser perfectos, y que ese llamado también es un camino, y un camino de a dos. Cada vez que caemos o nos equivocamos, contamos con el otro para ayudarnos a levantarnos y seguir avanzando.


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Los abrazamos muy fuerte, y les dejamos esta reflexión de San Agustín, que encontramos en su texto “La paciencia” (en Obras morales y pastorales), mientras preparábamos este artículo: “La auténtica paciencia humana, digna de ser alabada y de llamarse virtud, se muestra en el buen ánimo, con el que toleramos los males, para no dejar de mal humor los bienes que nos permitirán conseguir las cosas mejores”.


¡Nos vemos en el siguiente artículo!


Pía & Jorge

@cadadiamasblog