3 razones por las cuales dicen que casarse no vale la pena



¡ADVERTENCIA! Este artículo contiene experiencias reales de un matrimonio joven que podrían dejar sin fundamento cualquier “razón” que el mundo te haya dado con la intención de hacerte creer que el matrimonio no vale la pena.


Nos casamos relativamente jóvenes, o al menos, jóvenes para aquello a lo que el mundo de hoy está acostumbrado. Pía tenía 25 años, y Jorge, 27. Ambos habíamos terminado nuestras carreras, pero no teníamos (ni tenemos) las maestrías, puestos o ingresos que uno “debería haber conseguido” para dar el tan importante paso de unirse para toda la vida en santo matrimonio.


Lo que sí teníamos eran certezas: nuestro llamado a la santidad en esta hermosa vocación particular, nuestro deseo de una relación seria, consciente y madura, que apuntara al matrimonio, y el saber que Dios, en su infinito amor y providencia, permitió que nos reencontremos y elijamos.


Claro está que, como toda persona joven con intenciones de casarse, también habíamos escuchado las aproximaciones de amigos, conocidos y desconocidos, sobre “lo que es un matrimonio”, y sobre por qué era casi un desperdicio casarse tan jóvenes.


Pero hoy, con 1 año y 3 meses como esposos, podemos afirmar que el matrimonio es mucho más que aquellas ideas que la sociedad repite sin descanso, ideas que llevan a tantos jóvenes a desilusionarse, y a escapar de este gran proyecto de amor, familia y compromiso.


Es por eso que decidimos enumerar las 3 razones más comunes que te dan para que no te cases, y luego desenmascararlas. Guardamos la esperanza de que nuestro testimonio pueda sacudir el polvo de la tan pisoteada imagen del matrimonio.

#1 “Perderás tu libertad”


Esta es probablemente la más común de las ideas. Alguien en algún momento de la historia se inventó la fantasía de que, una vez casados, se acabaron los viajes, las salidas con amigos y las aventuras, y que cualquier proyecto o aspecto personal se desvanece mágicamente al colocarte la alianza en el dedo angular de la mano.


Bueno, queremos decirles que ambos estamos convencidos de que nunca hemos sido más libres y auténticos que en nuestro matrimonio. En el otro, encontramos el lugar donde podemos ser nosotros mismos y ser amados incondicionalmente en esa autenticidad.


Nuestros proyectos personales o anhelos no desaparecieron. Es más: ganamos la mejor dupla para soñar, planear o crear, un partner in crime para cada viaje, juego o estudio y hasta un sous-chef para seguir innovando en la cocina. Todo eso, mientras construimos juntos el mejor proyecto de todos: nuestra familia.

#2 “Con el tiempo, el amor se acaba”


Cuando uno está enamorado, piensa que con eso basta y sobra para conquistar el universo. Pero es verdad que, con el tiempo, los sentimientos cambian y la pasión se calma. Aquí es donde vale la pena hacer una aclaración.


Cuando te casas, tu compromiso principal no es amar a tu pareja (recuerda qué dicen los votos), sino serle fiel en todo momento: en la prosperidad y la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las “sáquenme de aquí”.


Es por eso que el matrimonio no se puede limitar a los sentimientos, pues de hecho se sostiene en la decisión de amar a la otra persona. Es un acto de la voluntad y la libertad de los cónyuges (el sacerdote pregunta sobre estos dos aspectos), que se comprometen a una vida en común.


Lo bueno es que esa decisión tiene dos aliados para sostenerse en el tiempo. Por un lado, está la gracia que Dios da a los esposos (y que a Pía le encanta ver como una tarjeta con un crédito ilimitado para obtener la fuerza y los medios para amar y ser fiel). Por otro lado, los tiene a ustedes, que cada día cuentan con la opción de elegirse nuevamente, y de mantener vivo su amor con pequeños actos.


#3 Te hace vivir con lo peor de tu pareja


Todos sabemos que en la etapa de enamoramiento te esfuerzas por mostrar lo mejor y solo lo mejor de ti mismo. Pero con el tiempo van saliendo a la luz los defectos, las heridas y las carencias que tenemos, y decidir amar a una persona romantizándola y sin tomar en cuenta estos aspectos, lamentablemente, no es amor.


Somos humanos, y siempre habrá aspectos de nosotros mismos en los que tendremos que trabajar, sea en terapia, en acompañamiento o en formación. Pero es importante recordar que, así como podemos ver de cerca lo no tan bueno, también tenemos acceso VIP a lo mejor que nuestra pareja tiene para ofrecer, y eso es lo más delicioso del día a día: gozar, disfrutar y cuidar de aquello a lo que nadie más tiene acceso. Es maravilloso caminar al lado de una persona a la cual amar con verdad, y que al mismo tiempo puedes admirar.


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La lista es más grande que estos 3 puntos, pero en verdad les decimos que llegar al matrimonio bien preparados (sobre todo espiritualmente) hace que la vida en familia sea un verdadero gozo, y que estén listos para enfrentar las batallas del día a día. Es hermoso crecer junto a la persona que más amas, verla luchar y conseguir juntos las metas que se van trazando. ¡Claro que el matrimonio no solo vale la pena, vale la vida! 100 % real, no fake.


Nos vemos en el siguiente artículo,

Pía & Jorge


Pd: Si has escuchado más “motivos” para no casarse, envíanos un DM a @cadadiamasblog para un próximo artículo.