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Sé que le gusto a alguien: ¿cómo aceptar su cariño sin caer en usarlo?

Le gustas a alguien. Entonces, te escribe primero. Se acuerda de lo que le contaste hace tres semanas. Te invita, te busca, se ofrece a ayudarte con cosas que nadie más se ofrece. Y tú no sientes lo mismo.

En apariencia, no pasa nada malo. Contestas sus mensajes, aceptas el café, agradeces el favor. Nadie está haciendo daño a nadie. ¿O sí?

Lo contrario del amor

Uno puede pensar que lo contrario del amor es el odio, o la indiferencia. No. Karol Wojtyla, antes de ser San Juan Pablo II, lo explicó en su libro Amor y responsabilidad que lo contrario de amar es usar.

Una persona nunca es una cosa. Tiene un valor que no depende de lo que me aporte. Ante ella la única actitud que le corresponde es el amor.

Usar a alguien es tratarlo como objeto: algo que me sirve para sentirme deseado, para levantarme el ánimo, para no aburrirme, para tener a quién recurrir «por si acaso». Aquí está lo incómodo: si ya sabes que no te gusta, ¿para qué sigues recibiendo su cariño?

Cada mensaje que contestas con calidez, cada favor que aceptas, cada plan al que dices que sí, el otro lo lee como esperanza. Tú lo sabes. Él o ella no. Eso es una forma de usar, aunque nadie lo haya planeado así.

El criterio que lo aclara todo

Hay una pregunta que funciona incluso si no crees en nada: ¿el otro sabe lo que necesita saber para decidir libremente?

Si cree que existe una posibilidad que tú sabes que no existe, ya no está decidiendo él. Estás decidiendo tú por él.

Entonces, ¿se puede aceptar el cariño de alguien que te quiere sin usarlo? Sí, solo de una manera: que sepa la verdad.

Lo que recibes de alguien que sabe lo que sientes es un regalo. Lo que recibes de alguien a quien le escondes lo que sientes, se lo estás tomando.

¿Y por qué mentimos?

En consulta lo veo una y otra vez. La respuesta real, dicha crudamente, casi siempre es una: “no me gustas”. Casi nadie la dice. En su lugar aparecen frases como «no estoy listo para una relación» o «ahorita estoy enfocado en mí».

Suenan consideradas, y comunican otra cosa: “no es que no me gustes, es que ahorita no”. El otro hace lo lógico: espera. Sigue invirtiendo. La excusa no lo protege; lo deja amarrado.

¿Por qué lo hacemos? Porque decir «no me atraes» se siente cruel. Nadie quiere verse a sí mismo rechazando a alguien por cómo se ve. La mentira nos ahorra esa incomodidad.

Se la ahorra a quien la dice, no a quien la recibe. A veces hay algo más: no queremos perder la atención. Decir la verdad cierra la puerta y con ella se van los mensajes y la sensación de ser querido.

La química importa. ¿Le diste oportunidad?

¡Que alguien no te atraiga no es un defecto tuyo ni un pecado, ni es que seas la persona más mala de mundo! La atracción forma parte del amor. Wojtyla mismo le dedica páginas al deseo y a la afectividad como parte de la experiencia amorosa. Nadie está obligado a casarse con quien no le atrae.

El problema es otro: muchas veces la química sí podría estar, pero ni siquiera se llega a conocer a la persona, porque se le batea o rechaza antes por el físico.

Hay investigación sobre esto. Un estudio publicado en Psychological Science en 2015 analizó a 167 parejas. Encontró que las parejas que se gustaron rápido, recién conocidas, solían ser parecidas en lo guapas que eran: guapo con guapa, normalito con normalita.

En las parejas que se conocían desde hacía tiempo antes de andar, o que primero fueron amigos, eso ya no pasaba tanto. Dicho simple: cuando conoces a alguien de verdad, el físico pesa menos en la decisión.

Por eso, antes de responder, distingue cuál de estas tres es la tuya:

  1. No me atraes y no va a cambiar.: ya lo conoces lo suficiente. No hay química y lo sabes.
  2. No me atraes todavía, pero casi no te conozco: no es un no. Es un «no sé».
  3. Me da vergüenza que me vean contigo: la más incómoda de admitir y la más reveladora.

Qué le puedes decir en cada caso

A continuación, te dejo las tres situaciones de las que hablamos, explicadas una por una, y en cada una te propongo un ejemplo de lo que le podrías decir a esa persona. No son frases para copiar al pie de la letra: tómalas como guía y dilo con tus propias palabras.

Situación 1: ya lo conoces bien y sabes que no te atrae, ni te va a atraer

Aquí no hay nada que esperar ni que descubrir. Lo más honesto, y lo más respetuoso, es decirlo claro y pronto.

Podrías decirle algo así: «te lo digo claro porque te respeto: no siento atracción por ti, y no va a cambiar. No es que no sea buen momento. Prefiero decírtelo ahora a dejarte esperando algo que no va a llegar.»

O si sientes que esta horrible, le puedes decir siento que no somos compatibles, que también es cierto, y no mencionas la atracción. No le debes una explicación larga de por qué. Esa frase está completa.

Situación 2: no te atrae todavía, y la verdad es que casi no lo conoces.

Aquí no tienes un «no», tienes un «no sé». Y lo honesto es decir exactamente eso, sin prometer nada que no sientes.

Podrías decirle algo así: «no sé qué siento todavía, y no quiero darte una idea equivocada. Si quieres que nos conozcamos más así, sin prometernos nada, me late. Si en algún momento tengo claro que no, te lo voy a decir.»

Esto no es dar largas. Es decirle la verdad y dejar que la otra persona decida si quiere conocerte en esas condiciones.

Situación 3: te gusta su compañía, y te da vergüenza que te vean con esa persona.

Esta es distinta a las otras dos, porque aquí no hay una frase que decirle al otro. Primero hay una pregunta que tienes que hacerte a ti: ¿qué dice de mí que me importe más lo que piensen los demás que la persona que tengo enfrente?

Si aceptas su cariño en privado y lo escondes en público, lo estás usando. Antes de responderle a esa persona, te toca responderte a ti. Aun más fuerte, será que la persona si me gusta a mí, me convence a mí, y pienso “antes muerto que me vean con el o ella”.

Señales de que ya lo estás usando

  • Le escribes cuando estás aburrido o triste, porque sabes que te va a levantar.
  • Aceptas regalos, favores o planes que sabes que lee como esperanza.
  • No le dices la verdad «por si acaso» algún día cambia lo que sientes. Como quien dice dejas una velita prendida.

Si te reconociste en alguna, no es para castigarte. Es para darte cuenta. Y darte cuenta ya es empezar a tratarlo como alguien, no como algo.

***

Lo que nadie quiere escuchar: lo fácil es quedarse en la ambigüedad: no decir que sí, no decir que no, y seguir recibiendo. Amar, incluso cuando no es amor romántico, empieza por respetar al otro. Y no hay respeto sin verdad.

«No me gustas» duele una vez. «No estoy listo» duele por meses.

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