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Amores Materialistas: Una película sobre nosotros (sin spoilers)

“El amor es lo más profundo de la vida: más profundo que la misma realidad.”

(G.K. Chesterton)

Señoras, señoritas, señores, tengo un anuncio que hacerles: el cine ganó. Mejor dicho, ha ganado y sigue ganando. Contra la banalidad de la sociedad moderna, contra el pesimismo derrotista y contra las pseudo filosofías solo reservadas “para algunos”. El cine sigue triunfando. Desde sus inicios, las películas han sido esencialmente, el medio en donde las verdades trascendentales del mundo nos son transmitidas bajo emocionantes historias.

Claro ejemplo de esta victoria es la película romántica de este 2025, Amores Materialistas, aunque opino que su título original, Materialists, deja más lugar al misterio. Si bien supo venderse como la clásica historia del triángulo amoroso, este drama terminó siendo un duro reflejo de nuestros tiempos, que pone sobre la mesa un profundo dilema sobre la manera de entender las relaciones.

Por ese motivo, Amores Materialistas no es una película romántica más. Es una película sobre nosotros.

¿Cuál es esa peli?

Amores Materialistas (2025) es la segunda película escrita y dirigida por la directora Celine Song. Está protagonizada por Dakota Johnson y escoltada por Chris Evans y Pedro Pascal.

La historia sigue a Lucy Mason, una casamentera neoyorquina, miembro de la agencia matrimonial Adore. Lucy se presenta como un as para formar “matchs” entre personas, gracias a un meticuloso cálculo de estadísticas, intereses y experiencias.

Los requisitos de sus clientes revelan una concepción del amor en la cual las relaciones exitosas solo son posibles a partir de crianzas similares, mismas ideologías políticas, buen status económico y atractivos físicos equilibrados.

Sin embargo, es preciso que cumplan ciertos estándares convencionales (altura en los hombres, edad en las mujeres). Así también, la misma Lucy comulga con estas pautas en su vida privada, con un “no negociable” principal: el dinero.

Todo cambiará cuando nuestra protagonista conozca a Harry Castillo, un millonario que cumple todos los requisitos. A su vez, inesperadamente, volverá a su vida John Finch, un novio del pasado con quien decidió terminar por dificultades económicas. Todo eso, sumado a una mala racha en sus servicios harán a Lucy replantear sus principios y notar la falla en todo aquel sistema que ella consideraba infalible.

La mujer herida

Si nos detenemos un poco en nuestra protagonista, podemos distinguir que ella se mueve bajo los mismos estándares que sus clientes. Vemos cómo los hombres y las mujeres que la contratan describen sus parejas ideales, presentando requisitos que van desde razones lógicas, como tipo de personalidad o clase de valores; hasta motivos puramente materiales, como status social, edad específica o altura y peso, siendo estos los menos dispuestos a negociar.

Estos análisis y conclusiones que Lucy va analizando se basan en pronósticos y parámetros medibles que, ante el éxito de sus “matchs”, parece que funcionan. Su filosofía de trabajo es “darle al cliente lo que quiere”, convirtiendo de este modo al amor en un producto que puede ser calculado y vendido. Ninguna exigencia es imposible.

Sin embargo, aunque Lucy profesa esta visión de las relaciones, en su soledad ella demuestra que sus convicciones no son tan sólidas como parecen. Se ve acomplejada por la constante lucha entre su ideal puesto en el lujo material y lo que su corazón realmente busca. De este modo, Lucy refleja una herida interna en las pretensiones femeninas, que si bien se resumen en “qué tan alto es” o “qué tanto dinero gana”, estas terminan siendo una manera de suplir un vacío interno, lo que se revela en una parte de la película. En el fondo, simplemente buscamos ser amados.

El hombre herido

En segundo lugar, hablemos del personaje de Pedro Pascal, Harry Castillo. Me pareció sumamente interesante ver cómo lo que aparentaba ser el clásico galán ególatra de las películas románticas que al final del día termina mostrando su peor faceta, resultó ser la representación de las inseguridades masculinas. En esta película no hay villanos. Todos son víctimas.

Mientras que las mujeres se ven cegadas por sus expectativas, el hombre se siente presionado a cumplirlas una por una. Harry abarca todo lo que una mujer desea: es millonario, es detallista, es atractivo y de buena altura. En el negocio de Lucy, un “espécimen” así es lo que llaman un “unicornio”. Es tan perfecto que es casi un ser de fantasía.

Aunque Lucy no duda un instante en elegirlo como material para novio, ella sigue sin estar segura de sus convicciones. Sin embargo, Harry, sin caer en clichés, demuestra que no es “el hombre perfecto” o, mejor dicho, que para serlo debió pagar un alto costo.

Es así como Amores Materialistas no se dedica a demonizar ni ridiculizar sexos, sino en indagar como la manera de pensar de nuestros días nos ahoga en un sinfín de exigencias que terminan dañándonos afectivamente.

“Hay algo más…”

Vemos por un lado que la mujer se ve enceguecida por las apariencias, llegando incluso a creer ingenuamente en los pronósticos de las casamenteras. Por otro lado, el hombre se ve obligado a “mutilarse” para cumplir las expectativas, ocultando sus defectos en un velo de secretos y mentiras. De esa manera, la desesperada búsqueda de amar y ser amados concluye en graves consecuencias para ambas partes.

Además, Amores Materialistas no se queda en una mirada cínica del mundo moderno, como suele hacerse en esta clase de críticas. Insiste en volver a un origen trascendental. No es que esté mal tener expectativas; pero en el amor, nada de eso es lo esencial.

Al inicio vemos una escena anacrónica, rarísima pero eficaz, que recrea una petición de matrimonio entre un hombre y una mujer primitivos, seguida de la pregunta de nuestra protagonista: “¿qué llevó a los primeros hombres a casarse?”. Surge así la cuestión: ¿es el amor un producto de circunstancias físicas, biológicas y sociales, dado por pura conveniencia? ¿O acaso hay “algo más”? La película logra darnos una respuesta.

***

No voy a negar que la cinta parece caer en un final cliché de película romántica. Puede ser también que, a primera vista, es una carta de resignación y de decir “bueno, no es lo que quería, pero me conformo”.

Ese no es el punto. Lo cierto es que Amores Materialistas termina derivando en ello, pero por una necesidad de que el romanticismo vuelva a triunfar sobre la lógica materialista… que el amor vuelva a ser explicado por poetas y artistas, y no por empresarios ni industrias.

No es que el dinero, el físico o el trabajo no importe. El amor, lo que hace al amor, va más allá de eso. Incluso supera a las propias expectativas. Como dice Chesterton, el amor es más profundo que la misma realidad.

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