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Tu historia no tiene que parecerse a la de nadie

Vivimos comparándonos. Con el cuerpo de otra, con la vida de otra, con los tiempos de otra. Cuando aparece la búsqueda de un embarazo, esa comparación puede volverse todavía más dolorosa.

Porque alcanza con que una amiga quede embarazada al poco tiempo de empezar a buscar para que aparezca esa pregunta incómoda: “¿y por qué a mí no?”.

Empezamos a mirar su historia como si fuera una medida para evaluar la nuestra. Si ella ovula todos los meses, pensamos que nosotras también deberíamos. Si quedó embarazada rápido, sentimos que nuestro cuerpo está fallando. Si tiene el mismo diagnóstico que nosotras y logró quedar embarazada, nos preguntamos qué estamos haciendo mal.

Hay algo importante que recordar: el cuerpo de otra mujer no es la vara con la que tenemos que medir el nuestro.

Cada cuerpo tiene su propia historia

Incluso dos mujeres con el mismo diagnóstico pueden tener experiencias completamente diferentes. Una puede quedar embarazada rápidamente y otra puede necesitar más tiempo o algún tratamiento.

Tener el mismo diagnóstico no significa que el problema sea exactamente el mismo. Tampoco significa que lo que funcionó para una vaya a funcionar para la otra.

En internet es muy fácil encontrar historias de mujeres que cuentan que cambiaron su alimentación, tomaron determinado suplemento, empezaron a hacer ejercicio o simplemente dejaron de preocuparse… y poco después quedaron embarazadas.

Esas historias pueden dar esperanza, y también pueden hacernos daño cuando las usamos para juzgarnos. Porque no conocemos toda la historia de esa persona.

No sabemos cuánto tiempo llevaba buscando, qué estudios se había hecho, cómo eran sus ciclos, si tenía otros factores involucrados o qué tratamientos había realizado anteriormente. Vemos el resultado final, pero no necesariamente todo lo que hubo detrás.

Entonces aparece esa sensación de que nuestro cuerpo debería comportarse de la misma manera. Pero no. Tu cuerpo no está obligado a seguir el mismo camino que el cuerpo de otra mujer. Esto también vale para los anuncios de embarazo.

Podés estar feliz por una amiga y, al mismo tiempo, sentir un nudo en la panza cuando te cuenta que está embarazada. Podés quererla, alegrarte sinceramente por ella y, a la vez, sentir tristeza por vos.

Una cosa no invalida la otra

Sentir dolor frente al embarazo de otra persona no significa que seas egoísta. Muchas veces significa simplemente que esa noticia toca un lugar que para vos es sensible.

Y está bien. Quizás una de las cosas más difíciles de aprender durante un proceso de fertilidad es dejar de preguntarnos constantemente por qué nuestro cuerpo no funciona como el de las demás.

¿Por qué ella sí? ¿Por qué ella quedó embarazada tan rápido? ¿Por qué a ella le funcionó ese tratamiento? ¿Por qué su ciclo es regular y el mío no?

Quizás la pregunta pueda ser otra

En vez de mirar permanentemente el cuerpo de otra mujer, podemos empezar a escuchar el nuestro. ¿Qué está pasando con mis ciclos? ¿Qué patrones aparecen? ¿Qué cambió? ¿Qué síntomas tengo? ¿Qué información puedo obtener? ¿Qué debería consultar con mi médico?

No se trata de ignorar lo que les pasa a otras mujeres. Aprender de otras experiencias puede ser muy valioso. Hay una diferencia enorme entre informarnos y compararnos. La historia de otra mujer puede darnos una pista, pero no necesariamente una respuesta.

Tu cuerpo tiene sus propios tiempos, sus propios desafíos y también su propia historia. Quizás el objetivo no sea conseguir que tu cuerpo se parezca al de ella, sino aprender a mirar el tuyo y la historia que estás viviendo.

Porque, al final, el pasto siempre parece más verde del otro lado. Siempre va a haber alguien que quedó embarazada antes, que tiene ciclos más regulares, que encontró “la solución” que a vos todavía no te funcionó. Esa es apenas la parte de su historia que vemos desde afuera.

***

Quizás podamos empezar a mirar un poco más nuestra propia burbuja: nuestro cuerpo, nuestros tiempos, lo que nos pasa y lo que estamos atravesando, sin estar tan pendientes de cómo les va a los demás. Porque mientras miramos constantemente para el costado, podemos olvidarnos de escuchar lo que está pasando acá, con nosotras.

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