Superar juntos las crisis



Las crisis en el noviazgo se deben vivir como la oportunidad que pueden llegar a ser. De hecho, la palabra ‘crisis’, viene del griego y significa ‘decisión’. Es verdad que hoy en día es común darle una carga negativa a esta palabra. Tenemos miedo a decidir, nos da pavor tener la responsabilidad sobre algo o sobre alguien. Pero la realidad es que amar a alguien implica responsabilidades y por lo tanto, también implica tomar decisiones.


Dudar sobre nuestra relación es algo bueno y legítimo. Como dice el filósofo francés René Descartes en su famosa frase: “pienso, luego existo”, la duda nos ayuda a ser conscientes de nuestra existencia y, por lo tanto, si no dudamos sobre algo o sobre alguien, puede que ese algo o ese alguien no exista para nosotros.


La sociedad muchas veces nos empuja a creer que las relaciones son perfectas siempre, y que si una relación en algún momento te hace sufrir, tienes que acabar con ella. Pero si realmente creyéramos eso, no podríamos estar con nadie. Todas las relaciones, por muy buenas y maravillosas que sean, van a traer consigo sufrimiento y momentos difíciles. La clave está en decidir qué hacer en estos momentos difíciles. Como sabemos que vivir un momento de crisis en el noviazgo es complicado, os dejamos a continuación cinco pasos para vivirlo de la mejor forma:


1. Reflexionar


Es normal que sea uno de los dos el que empiece a sentir dudas e inquietudes. Antes de agobiarnos y ponernos en lo peor, lo primero que debemos hacer es reflexionar sobre ello: ¿Por qué siento esto? ¿De dónde viene? ¿Qué es lo que me genera dudas exactamente? ¿Qué es lo que me molesta? ¿Qué es lo que no funciona? En ese momento eres consciente de que algo está mal, de que algo pasa dentro de ti y tienes que intentar descubrir el por qué.


2. Compartir


Una vez lo tienes todo claro o un poco más claro, lo que debes hacer es compartir esas dudas o esas inquietudes que tienes con el otro. No sirve de nada que nos lo quedemos para nosotros mismos porque provocaremos que un problema pequeño se convierta en algo mucho mayor.


La otra persona merece saber qué es lo que pasa; además, es muy probable de que se acabe enterando. Compartiéndolo con el otro, conseguirás que una carga que, en un inicio, solo la llevabas tú, la podáis ahora compartir los dos.


3. Aceptar


En esta fase y después de conocer a fondo el problema, los dos tenéis que coger aquello que os inquieta y reconocer que existe. Puede ser que uno tarde más en aceptarlo que el otro. Aquí es muy importante que dejemos de lado el orgullo y reconozcamos con humildad que algo no funciona.


4. Afrontar y decidir


Es en este momento cuando se tiene que notar más que nunca que sois un equipo. Para lo bueno y para lo malo. Lo que mejor funciona aquí es hacer una lista o poner en una balanza todos los datos de los que disponéis para así poder tomar una decisión. Es muy importante que esa decisión sea de los dos y que los dos estéis de acuerdo con lo decidido. Un tren necesita dos rieles para avanzar; sin uno de los dos, el tren se cae. Y lo mismo sucede en una relación cuando uno de los dos no está 100% convencido de la decisión tomada.


Debéis, juntos, responder a preguntas importantes: ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a luchar por la relación? Aquí los dos tenéis que ser 100% sinceros. No hay que tener miedo a romper una relación. El noviazgo está para dudar, y así estar seguros de que queremos dar un paso más hacia el matrimonio.


5. Revisar lo decidido


Podréis pensar que no es el paso más importante, pero creemos que es crucial para evitar futuras crisis sobre lo mismo. Es bueno revisar cómo estamos desde las últimas dudas o crisis. ¿Cómo estamos sobre el tema del que teníamos dudas? ¿Estamos logrando salir adelante? ¿Hemos avanzado?


* * *


Es importante que en el noviazgo afrontemos esas crisis, dudas e inquietudes que vamos encontrando, ya que, bien llevadas, pueden hacernos crecer como personas y, más aún, como pareja.


Si tenéis cualquier pregunta, no dudéis en escribirnos a @princespequitas, la cuenta personal de Ana. ¡Nos vemos en el próximo artículo!