Somos felices y no lo sabemos



Hace unas semanas, reflexionando un poco sobre la vida y sobre lo que nos gustaría alcanzar como familia, como profesionales y como personas, pusimos en palabras una experiencia muy humana y de la cual escuchamos a menudo. Se trata de la sensación de mirar atrás y pensar: “éramos felices y no lo sabíamos”.


El gran daño de la “mentalidad de checklist


Nos preguntábamos qué es lo que nos lleva a no reconocer hoy esa felicidad que luego añoramos. Y creemos que es porque vivimos con la “mentalidad de checklist”, por la cual tenemos una gran lista de cosas por hacer, y vamos por la vida en automático, tachando una tras otra: la maestría, la pedida, el ascenso, la boda, el carro, la casa, los hijos… Todo esto sin parar, porque “no tenemos tiempo”.


¡Cuánto daño puede hacernos, a nosotros y a quienes nos rodean, “vivir” —nótense las comillas— de esta forma! No hay nada de malo en querer alcanzar grandes cosas en la vida. Es más: Dios nos ha creado para grandes cosas —pueden confirmarlo en Efesios 2, 10—. El error está en que nuestro checklist no nos permita reconocer cuánto vamos creciendo, o la cantidad inmensa de bendiciones que hay en nuestro camino.


La respuesta está en la gratitud


Entonces, ¿qué podemos hacer para ser más conscientes de esas bendiciones presentes? Para nosotros, la respuesta está en la gratitud. Ser agradecidos nos ayuda a desarrollar la capacidad de vivir de forma consciente, con una mirada extraordinaria de lo cotidiano. Además, nos exige parar, para reconocer tanto las bendiciones como las cruces que tenemos delante nuestro.


El simple ejercicio de hacer un alto un par de minutos al final del día, o una vez a la semana, y preguntarte “¿qué agradezco hoy?” te permitirá recordar y repasar lo vivido, para encontrar aquellas bendiciones que hay en tu vida, y que quizás estés pasando por alto. Además, este también puede convertirse en un poderoso momento de oración que te permita ver cómo Dios te ama infinitamente en los detalles.


Cultivar la gratitud tiene grandes beneficios, tanto personales como a nivel de pareja. En nuestro caso, experimentamos que el ser agradecidos nos permite tener una mirada extraordinaria de nuestro día a día, saber que estamos en las manos de un Padre amoroso que nunca nos abandona y reconocer en el otro un gran regalo, que debemos amar cada día más.


Tres consejos para practicar la gratitud


Por último, aquí les compartimos algunas ideas sobre la gratitud para tener en mente y practicar como pareja:


#1 Dense un momento para agradecer.

Nuestro consejo: tengan una “cita de gratitud”. Esta consiste en agarrar un jarrón y llenarlo de post-its, en los que cada uno escribe las razones por las que agradece en ese momento de su vida, y sobre el otro. Es una gran cita, y una muy buena forma de hacer un alto y de romper con la mentalidad de checklist.


#2 Las cruces también se agradecen.

“Todo sucede para el bien de los que aman a Dios” (Romanos 8, 28). En ese sentido, no sólo podemos agradecer un ascenso, un viaje, las alegrías en general. Las cruces son parte de la vida y, aunque no lo entendamos en ese momento, tienen un sentido dentro del plan amoroso de Dios. Agradezcamos entonces aquello que, aunque cuesta, siempre será una oportunidad más para amar.


#3 No tomes nada por sentado.

En el día a día puede ser muy sencillo pasar por alto que el otro hace cosas por nosotros, y el orgullo nos puede hacer creer que “nos lo merecemos” o que “es lo mínimo que puede hacer”. Pero no caigamos en esas trampas. Siempre digamos en voz alta: “gracias, amor, por haber hecho…”, y creemos una dinámica saludable en la relación. Esta es una forma de hacer sentir al otro especial y valorado.


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Esperamos que esta pequeña reflexión les sirva y, como no podría ser de otra forma, les agradecemos por darse el tiempo de leerlo y compartirlo. Nos vemos en el siguiente artículo.


Pía & Jorge

@cadadiamasblog