Sexo y genitalidad



Cada cierto tiempo nos preguntan: “He oído que el sexo no es solo genitalidad; entonces, ¿puedo tener sexo con mi novio sin masturbarnos ni acostarnos?”.


Entendemos lo que se quiere decir con “El sexo no es solo genitales”. Pero, en nuestra opinión, puede llevar a confusión. Puede llevar a llamar sexo a lo que no lo es. Sexo y genitales están unidos inseparablemente. Unos dicen que el cerebro es el órgano más sexual; es verdad, pero sin excitación de los genitales, de la forma que sea, no hay sexo.


Tomar algo sin ir de copas


Cuando vamos de copas: hablamos, nos reímos, nos ponemos al día con la gente y tomamos algo de alcohol. Si no hay alcohol, no hay copa. Será ir a tomar algo, pero no ir de copas. Sería ir de refrescos o de limonadas.


Lo mismo pasa con el sexo. En unas relaciones íntimas hay caricias, besos, miradas…, y excitación de los genitales. Sin esto último, no hay sexo. Si no hay excitación, de la forma que sea, no es sexo: será afectividad, o demostraciones de cariño más o menos afectuosas. Las relaciones sexuales son eso: sexuales. Intervienen los genitales, y hay que ver este hecho como algo bello y deseable en el matrimonio.


Hacia una sexualidad sana


Cuando dos esposos se entregan en unas relaciones íntimas, allí se entregan el cuerpo y el alma. Es verdad que hay que aprender a darse y saber recibir al otro. Al varón le suele costar más esperar a su amante para ajustar los ritmos (aunque no es imprescindible), y a la mujer le cuesta más recibir, es decir, aceptar las caricias e ir desconectando para excitarse. Lógicamente, estamos hablando dentro del matrimonio, y con un tiempo de casados. En recién casados esto es más fácil, generalmente.


En nuestra experiencia, mientras veamos los genitales como algo que “me agrede”, nunca disfrutaremos de una sexualidad sana. Si queremos explicar un sexo al margen de los genitales, nos equivocamos, en nuestra opinión: hay que perderle el miedo a los órganos sexuales. La razón por la que decidimos escribir nuestro libro “Sexo para inconformistas” fue romper esa inercia de lo políticamente correcto. Animar a perderle el miedo a hablar de sexo en la familia y en el matrimonio. El sexo es bello y deseado por Dios dentro del matrimonio. Ver los genitales como algo sucio y pecaminoso en vez de verlos como algo bello es un desplante a Dios. Si miramos a una copa de vino como algo que me lleva a la borrachera, nunca disfrutaremos del placer de beber en compañía de tu pareja. Lo mismo pasa con el sexo.


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En la vida conyugal, si no hay una enfermedad que lo impida, nada sustituye al sexo. Demos gracias a Dios por habernos hecho así. San Juan Pablo II nos anima en su teología del cuerpo a eso. Y enseña que es un regalo maravilloso para el matrimonio. Fuente de unión y demostración de amor. Sin los genitales no hay sexo. Será otra cosa: afectividad, o como queramos llamarlo.


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