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Por qué reconocer nuestra fertilidad nos permite amarnos mejor

Mucho se dice sobre los métodos naturales para reconocer la fertilidad, y muchas son las interrogantes que surgen al respecto: ¿son o no efectivos para posponer el embarazo?, ¿pueden ser aprendidos y aplicados a la vida diaria?, ¿toda mujer puede usarlos? Y es que, usualmente, la razón por la cual la gran mayoría de mis pacientes quieren saber más de estos métodos es porque no desean someter su cuerpo a los posibles efectos adversos o secundarios de otros métodos. Pero, aunque esta razón es completamente válida y cierta —realmente los métodos naturales mantienen intacta la fertilidad de ambos, y jamás van en contra del ritmo biológico del ciclo ovárico—, debo confesar que esta no es la principal razón por la cual recomiendo estos métodos.

 

La bondad del reconocimiento de la fertilidad va mucho más allá de la dimensión corpórea humana, y radica en que su integración a la vida diaria esponsal abre la puerta a un panorama distinto de autoconocimiento y de conocimiento mutuo, que no se agota, y que les permite renovar la forma en que viven su sexualidad como esposos, partiendo del cimiento de que esta debe ser siempre expresión y manifestación de su amor. Para poder entender esto con una mayor profundidad, les comparto a continuación algunos puntos sobre los cuales considero que los esposos deben reflexionar cuando de sexualidad y amor conyugal se trata. A partir de este momento, se encuentran los dos solos y en este texto ya no importa quien escribe, sino lo que, a través de estas letras, puedan discernir juntos para su vida.

 

¿Qué nos decimos como esposos en el acto sexual?

 

Es el acto sexual donde, como esposos, están llamados a la manifestación de su amor, integrando cada centímetro de su cuerpo y cada rincón de su alma. Aquí no hay espacio para el egoísmo o para el “yo”. Es por eso que lo que se dicen, así no haya palabras pronunciadas, es un lenguaje potente, que no siempre se expresa, y que debe hacerse presente en cada instante de la relación sexual. Así, la reciprocidad de su amor grita:

 
  • “Te quiero con toda mi alma”: te entrego mi cuerpo, no pensando en lo que me harás sentir, sino en que no encuentro una manera de amarte completamente que no sea entregándote lo que me hace persona —es decir, mi cuerpo y mi alma—.

  • “Con todo mi ser”: pongo todo lo que soy en este momento y no hay nada que me impida decir que así es, con total verdad, sin límites.

  • “Enteramente”: te acojo a ti y todo tu ser, toda tu alma y todo tu cuerpo, sin barreras físicas, psicológicas o espirituales.

  • “Todo lo que eres”: incluyendo tu fertilidad.

  • “Para siempre”: para poder decir todo lo anterior con rectitud de intención y en la verdad, aceptando todo lo que la otra persona es y entregándose sin reservas, se debe incluso amar la fertilidad mutua, sin condicionarla. Por ello necesito un compromiso que perdure en el tiempo y que tenga su núcleo en la voluntad.

 

De esta manera, el acto conyugal se convierte en una renovación del amor. Porque, al unir sus cuerpos y abrazar sus almas, los esposos no solo se dicen: “¡te entrego todo lo que soy, te recibo a ti, con todo lo que eres!”, sino que, por las leyes biológicas inscritas en el cuerpo humano, de su amor se abre la posibilidad de suscitar nuevas vidas.

 

¿Cómo saber que este lenguaje de amor lo expresamos en verdad?

 

Para poder expresar este idioma del amor es necesario que los esposos se pregunten, en ámbito de dialogo y escucha: “¿qué buscamos en este momento con este acto sexual?”. Y sí: sé que esta interrogante suena extraña, pero si de verdad intentamos darle respuesta, encontraremos que conocer las intenciones de sus corazones les permitirá amarse más que nunca.

 

No obstante, aunque los asuntos particulares que salgan de este dialogo son únicos y propios de su intimidad, existen algunos fines o propósitos que todos los esposos, como personas humanas, tienen al entregarse en el acto conyugal, y que no salen de complejas conjeturas, sino de nuestra simple —pero rica— naturaleza humana, constituida como unidad corpóreo-espiritual. Y es que el hecho de que, en el acto conyugal, son dos personas las que se expresan su amor, con su cuerpo y con su alma, hace que en sus corazones existan dos voluntades claramente derivadas de este principio antropológico: de sus almas, el deseo de unirse y entregarse, de acoger al otro de forma total y de hacer crecer el amor conyugal, a lo cual llamamos “voluntad unitiva”; y de sus cuerpos, la apertura a la transmisión de la vida humana, es decir, la que conocemos como “voluntad procreativa”.

 

Es así como, los esposos que quieren expresar su amor en la verdad, con rectitud de intención, respetan su naturaleza humana y las voluntades, que de su cuerpo y alma derivan: la de unirse y la de estar abiertos a que de su amor puedan generarse nuevas vidas.

 

¿Si los esposos son infértiles, sus actos sexuales no les permiten expresar su amor?

 

Después de analizar estas consideraciones, es usual que aparezcan cuestionamientos similares a este, por lo que se hace muy importante aclarar que esto jamás es así, porque se debe diferenciar la voluntad procreativa de la función procreativa.

 

Existen muchas situaciones en la vida de los esposos en las cuales la función procreativa no estará presente: en el rango de la normalidad de la salud femenina —las distintas etapas de nuestro ciclo vital (postparto, lactancia, menopausia, etcétera—, y también en los periodos infértiles propios del ciclo ovárico, por los cambios hormonales inherentes al mismo —como ocurre dentro del espectro de las patologías ginecológicas, que pueden manifestarse con el síntoma de la infertilidad—.

 

En cambio, la voluntad procreativa se puede y debe expresarse siempre en cada acto sexual de los esposos, porque es simplemente esa intención que tienen de apertura a la eventualidad de una nueva vida, que se traduce y se hace tangible en su actuar, al no introducir ningún elemento que impida la concepción. Es decir: cada uno de sus actos sexuales se convierte en el ámbito acogedor para recibir a sus hijos, desde el principio de su vida.

 

Por último, en este punto quisiera hacer hincapié que esto no significa, como he escuchado muchas veces, que “deben llenarse de hijos”, o que las condiciones para búsqueda de un embarazo se cumplan en todos los momentos de su vida. Después de un dialogo esponsal, ustedes y sólo ustedes, en clima de oración y comunicación con nuestro Dios, podrán saber si en ese momento sus circunstancias —médicas, económicas, sociales, etcétera— les permiten hacer crecer su familia, o si se hace necesario posponer el embarazo por un tiempo, o indefinidamente.

 

* * *

 

En el marco de la comprensión del acto conyugal como expresión de amor, el reconocimiento de su fertilidad desempeña un rol crucial para los esposos. Los llama a vivir en consonancia con su naturaleza humana y con la verdad de su sexualidad y, a su vez, les permite caminar en comunión, como esposos y padres.

 
 

Bibliografía recomendada

  1. Pablo VI, Encíclica Humanae Vitae.

  2. Sexualidad conyugal y paternidad responsable. IVAF, 2020

  3. Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Familiares Consortio, n. 33.

  4. Livio Melina. Por una cultura de la familia. El lenguaje del amor. Edicep, Valencia, 2009, p. 133.

  5. García-Sánchez J. La gran fractura bioética según Ratzinger. Pers. Bioét. 2013; 17 (2). 197-215.

  6. Mon. José Munilla- Begoña Ruiz Pereda. Sexo con Alma y Cuerpo. CREO, 2015.

  7. Medialdea, C. Hacia una nueva educación de la sexualidad basada en el reconocimiento de la fertilidad. Valencia, España, IVAF 2020.

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