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¿Por qué los padres buenos tienen hijos malos?

Durante muchos años he tenido una pregunta asediando mi mente: ¿Por qué hay personas “buenas” que tienen hijos “malos”?

A lo largo de mi vida, he tenido la oportunidad de conocer numerosas familias, con padres de conductas ejemplares, buscando guiar a sus hijos por un camino recto. Muchos, lograron su cometido; mientras que otros, no.

Algunos tienen hijos rebeldes, que se pierden en la perversidad del mundo. He buscado la respuesta en diversas fuentes: ¿Qué marca la diferencia, entre educar hijos “buenos”, o “malos”?

#1 “La clave es la oración”, escuché de mi papá

El día que compartí con mi padre mi preocupación por no tener la sabiduría suficiente para educar bien a mis hijos, me contó que la mejor herramienta en su paternidad era la oración. En efecto, no podemos saberlo todo ni hacerlo todo bien, pero Dios siempre puede ayudarnos a ser mejores padres y siempre cuidará de nuestros hijos, que son primero suyos.

Aún así, sentí que faltaba algo a esta brillante respuesta. Estaba segura que la mayoría de padres con hijos “malos”, también oran incesantemente por ellos.

#2 “La clave es el ejemplo”, escuché de un sacerdote

¿Queremos tener hijos virtuosos? Busquemos nosotros la virtud. Inspiremos a nuestros hijos para que elijan el camino del bien. Seamos ejemplo de conducta recta, gestión emocional, valores firmes, devoción espiritual. Que nuestros hijos vean el amor entre sus padres y sientan el amor hacia ellos.

Cultivemos nuestra mente, dejando el celular y tomando un buen libro. Nuestra educación es una inversión en la salvación de nuestros hijos. Necesitamos ganar el respeto de nuestros hijos: moral e intelectual. Más que decirles qué pensar y qué hacer, modelemos cómo se piensa y se elige el bien.

Sin embargo, también he conocido papás que oran sin descanso y que son confiables modelos de conducta y aun así tienen hijos “malos”. Faltaba algo más.

#3 “La clave es la conexión”, escuché de un psicólogo

“Sólo quien se siente amado, puede ser educado”.  Nuestros hijos son libres, serán independientes y tomarán sus propias decisiones en la vida. Cuando logramos una fuerte conexión emocional con ellos, es más fácil que quieran hacer el bien que les transmitimos.

Atendamos sus necesidades. Pasemos tiempo con ellos de verdadera calidad: uno a uno, con atención y presencia plena, llenándolos constantemente de abrazos, detalles y palabras de amor. Construyendo su confianza y afirmando su capacidad.

Apartemos un momento del día, todos los días, para estar con ellos. Mantengamos un diálogo constante, seamos una fuente confiable de información, hablemos sobre emociones, demos respuesta a sus inquietudes, guiemos en valores, eduquemos sobre sexualidad. Hagamos preguntas que les enseñe a reflexionar y a elegir. Respetemos y honremos su individualidad.

Esta respuesta ha sido la más sólida que recibí. Incluso creí haber completado la incógnita, hasta que descubrí algo más.

#4 “La clave es el entorno”, escuché de un filósofo

Los padres estamos en competencia constante con otros medios de educación y de entretenimiento: profesores, políticos, famosos, redes sociales, series, cine, etcétera.  Especialmente en la adolescencia, nuestros hijos tienen una gran necesidad de pertenencia. De poco servirá darles un buen ejemplo cuando pasan la mayoría del tiempo rodeados de malas influencias. Por tanto, es importante procurarles un ambiente que los proteja y los contenga.

No podemos, ni queremos, mantenerlos encerrados en una burbuja; pero sí podemos:

– Facilitar la convivencia con otros chicos de valores similares.

– Supervisar y limitar su tiempo expuestos a pantallas.

– Adelantarnos a los medios, educando sobre temas sensibles y vacunando a nuestros hijos contra los peligros del mundo, con argumentos e información confiable.

Si no educamos a nuestros hijos en temas sensibles, alguien más lo hará por nosotros y eso no lo podemos permitir. Es nuestro privilegio y responsabilidad como sus padres.

CONCLUSIÓN HASTA EL MOMENTO

Después de tantos años reflexionando y aprendiendo, mi conclusión hasta el momento es que la mejor forma de educar hijos de bien tiene que ver con la agrupación de estas cuatro claves. Como las patas de una mesa, son indispensables para mantenerla en pie:

1. Rezar: Tener a Dios como centro de nuestra vida, a través de la oración constante y la vida espiritual.

2. Inspirar: Ser modelos de conducta ejemplar para nuestros hijos.

3. Conectar: Construir un vínculo emocional sólido, basado en el amor y la confianza mutua.

4. Ambientar: Procurar un entorno de contención, educando y vacunando contra los peligros del mundo.

***

Nuestro mejor papel como papás es ofrecer a nuestros hijos esta educación RICA: Rezando, Inspirando, Conectando y Ambientando. Y aún con todo esto:

“No depende absolutamente de los padres”, escuché de un catequista

Nuestros hijos son individuos que construirán su propia vida e historia tomando sus propias decisiones, para bien o para mal. Podremos hacer nuestro mejor papel como padres y todavía sentir que nuestros hijos se han perdido, que han hecho caso omiso a nuestras enseñanzas y han seguido un camino contrario a lo que con esfuerzo intentamos transmitirles. Por eso es tan importante saber que la historia de cada hijo pertenece a Dios y no a los padres. Y los caminos de Dios son inescrutables, ciencia tan alta que no logramos comprender. 

Muchos hijos necesitan experimentar un camino momentáneo de perdición para reencontrarse con Dios y vivir un profundo encuentro personal con Él. Uno de los más grandes santos de la historia basta como ejemplo: San Agustín.

Dios es el dueño de la historia. Dios lleva la historia de nuestros hijos. Así, a pesar de los desafíos y peligros que se puedan encontrar en la vida, Dios, como padre protector y providente, no dejará que se pierda ni un sólo cabello de su cabeza, sino que los preservará para obtener la salvación. Amén.

Para más consejos, puedes contactarme en @mama.documentada

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