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Lo que no se dice los primeros años de casados

El tiempo pasó realmente rápido. Toda la preparación para ese gran día que cambiaría nuestras vidas y la formación para el matrimonio pasó en un abrir y cerrar de ojos. Y así fue hasta que al fin llegó el día y lo disfrutamos de inicio a fin. Cada momento, cada lágrima, cada sonrisa y temor fue vivido con plenitud y confiados en Dios, aquel que no abandona ni cuando los planes no salen como uno quiere. 

En estos primeros meses de casados te confirmamos que no todo fue color de rosa. Hay quienes idealizan el matrimonio como si fuera una fórmula mágica para solucionar los problemas de la relación, hacer que las personas cambien, mejorar ciertos procesos, etcétera, y no es así. 

Más que una fórmula mágica, es una nueva realidad donde todos los días despiertas y decides AMAR a la persona que está durmiendo al lado tuyo y buscar constantemente su bien. Eliges amar desde lo más cotidiano y pequeño del día a día a esa persona que tiene un valor incalculable para ti. Esa persona que además ha elegido amarte libre y voluntariamente para siempre, y que está dispuesta a a vivir contigo cada día ese difícil camino hacia la santidad.

En este post queremos compartir con ustedes las 5 primeras cosas que no nos dijeron del matrimonio antes de casarnos, y que hemos descubierto.

1. Es realmente el encuentro de 2 mundos

Vivir juntos puede parecer un increíble cuento de hadas, pero no necesariamente es así. No olvidemos que somos 2 personas completamente diferentes con familias, tradiciones y hábitos en muchos casos opuestos. 

No ganan nada imponiendo sus tradiciones de origen. En cambio, empiecen a crear las suyas propias con más predisposición y menos imposición. Recuerden también ejercitarse en la virtud de la paciencia, recordando que su cónyuge es su aliado, su compañero, su complemento, y no su competencia. De más está decir que su cónyuge no es su hijo.

Especialmente en los momentos difíciles, recuerden que su mejor aliado es Dios; y como Él no hay amigo ni refugio que lo sustituya.

2. Nuevos hábitos y tradiciones 

Los primeros meses de casados son el mejor momento para iniciar nuevos hábitos y tradiciones familiares donde, en un lugar absolutamente nuevo y estando solo los dos, pueden empezar a crearlos. Aquí algunos ejemplos: Hacer oración juntos, hacer Laudes los domingos por las mañanas, armar el nacimiento en casa juntos, conversar al llegar del trabajo, despedirse por las mañanas, tener citas de esposos, visitar a las familias de origen, tener espacios con amigos, llevar el estado financiero lo más ordenado posible, etcétera. 

Asimismo, estén predispuestos a aprender de las tradiciones familiares de su cónyuge sin ponerse a la defensiva. Eviten siempre los enfrentamientos. Todo se puede solucionar hablando.

3. Organización del hogar

Es una locura, pero una vez encontrado el ritmo, todo se acomoda. Al inicio no fue nada sencillo: ambos trabajábamos todo el día fuera y la casa estaba tal cual la dejábamos por la mañana. No teníamos el control de nada, ¡ni siquiera de cuándo se iba acabar la despensa!

Para organizarnos, optamos por repartirnos las tareas del hogar sin medir con regla cuánto estaba haciendo el otro. Buscamos vivir el servicio sin la famosa espera del “algo a cambio”. Evitamos buscar cualquier oportunidad para “quejarse”. 

Optamos también por mantener limpio nuestro hogar por más que no viniera alguna visita a casa. Esto requiere un trabajo en equipo que busca el bienestar del hogar; este que debería ser el mejor lugar de paz y descanso para los esposos después de una jornada caótica de trabajo y mucho tráfico.

4. Partir de la casa de origen 

¿Fue fácil? Para nada. En nuestro caso fue muy duro especialmente los 3 primeros meses. Hubo lágrimas y conversaciones tristes donde expresábamos que extrañábamos a nuestra familia de origen. ¡Qué difícil es desprenderse! Pero, al mismo tiempo, es muy necesario, y hoy en día confirmamos que no es imposible. 

Se trata de dejar que Dios, en sus tiempos, pueda ayudarnos a calmar el corazón para adaptarnos a la nueva realidad que estamos empezando a vivir. Somos conscientes de que para nuestros padres tampoco fue fácil, pero estábamos prestos acompañarlos en el proceso; eso sí, sin perder nuestro lugar de esposos. 

Para acompañarlos, empezamos a crear momentos para compartir con ambas familias, y hoy en día los visitamos cuidando los extremos de no “exagerar” ni dejarlos de lado. Eso sí, siempre nos mantenemos atentos por si hay algo que ellos no puedan resolver solos.

5. Providencia de Dios 

¡Bendita providencia! De verdad que nunca antes la hemos vivido tan de cerca. Como matrimonio hay siempre la gran preocupación del, “¿de qué vamos a vivir?” Obviamente, no se trata de esperar con las manos cruzadas. Es un trabajo en conjunto entre Dios y nosotros. 

Realmente tenemos lo que necesitamos y no nos desesperamos por tenerlo absolutamente todo ahora. Durante nuestro enamoramiento y noviazgo ahorramos para nuestro matrimonio y futura familia, reuniendo lo que Dios quiso, y es así como hoy en día tenemos un hogar que cada día se pone más bonito. 

¿Saben? No nos imaginábamos todo lo vivido y obtenido hasta hoy. Todo ha sido gracia: luna de miel, trabajos nuevos, rutinas nuevas, organización nueva, tradiciones nuevas, proyectos y metas nuevos. Y así, seguimos avanzando confiados en Dios sin que la preocupación por el dinero nos invada o quite la paz. ¡Es una lucha diaria!

***

Finalmente, a ustedes que recién se han casado o se van a casar, con mucho cariño y firmeza les recomendamos que no vean el matrimonio como la “solución de los problemas” del noviazgo. No se desesperen si todo lo que pensaban o planeaban sale diferente. Dejen de preocuparse y mejor ocúpense. 

Conversen todo lo que sea necesario, fórmense sobre el matrimonio, trabajen con alegría, y no tengan miedo, pues que Dios siempre provee y nunca abandona. Como dijo el Papa Francisco: “Aprendamos a rezar así: Dios danos el amor de cada día”

¡Esperamos que este post sea de ayuda para ustedes!

Con mucho aprecio y cariño

Lorena y Diego

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