La ruta del amor no correspondido



Se dice por ahí que amar sin ser amado es casi tan grave como que se cierre el Word sin haber guardado —¡me acaba de pasar!—. Ya, en serio: muchas veces vivimos un amor romántico que no se siente de dos vías, por diversas razones.


Hay que aclarar que este amor del que hablo aquí, vivido en la pareja, es solo una de las formas que puede tomar el amor en general —amor propio, caritativo, de amistad, de familia, o a un extraño—. En este caso, solemos preferir el odio a la indiferencia, como dice “Ódiame”, ese vals peruano de Rafael Otero López, basado en un poema de Federico Barreto y popularizado por los hermanos Visconti. La ruta del amor no correspondido va desde el absoluto desinterés hasta el daño emocional. Por esto hoy vamos a reflexionar sobre este camino, y le daremos una respuesta saludable en cada parada.


#1 Primera parada: El amor en contravía


Como cuando conducimos un automóvil en sentido contrario, hay veces en las que percibimos que lo que sentimos por la otra persona se choca contra una fría apatía. Esto es más común, pero no exclusivo, de la adolescencia, pues parte de una inseguridad interna. Los jóvenes están construyendo apenas su autoimagen, por lo cual no están tan seguros de qué tienen para ofrecer en una relación, y temen ser rechazados.


Para encontrar la salida a este amor la mejor opción es comunicarlo. El primer paso es siempre el más difícil, porque uno debe dar un salto de fe y lanzarse, a veces sin saber qué va a encontrar al otro lado. Sin embargo, a menos que queramos vivir con esa emoción de una vía hasta que se nos pase —si acaso lo hace—, el único camino es tratar de saber qué siente la otra persona, transmitiéndole nuestras emociones. ¡Muchas veces nos sorprenderemos!


#2 Segunda parada: El amor cercano de otro tipo


Como si se tratara del encuentro con un extraterrestre, una vez que hemos tomado contacto, quizás nos enfrentemos a un problema de incompatibilidad. Nos pusieron en la friendzone. En una relación de pareja es indispensable que haya una sintonía en lo que el uno siente por el otro, pues es la forma más completa de amor que existe. Exige un equilibrio entre los planos físico (la atracción), psicoafectivo (el sentimiento y apoyo mutuos) y espiritual (los proyectos de vida conjuntos); si una de esas dimensiones no se da, estamos ante otro tipo de amor.


Tenemos dos posibles vías. La primera es conocerse mejor: quizás la imagen que se tiene de la otra persona no sea real. Para esto, ambos deben estar abiertos a ese encuentro, a que el uno pase al espacio emotivo del otro. Ello implica que ambos hallen sentido a construir una relación romántica, o que sigan como amigos. Y esta es la segunda opción: aceptar que entre ambos no existen las condiciones suficientes para buscar juntarse en una pareja, lo cual puede ser muy doloroso para quien se enamoró y se quedó en la friendzone. Sin embargo, ¡ánimo!, hay vida después del desamor.


#3 Tercera parada: El amor desequilibrado


Que no es lo mismo que amor loco. Aparentemente, ambos nos amamos; sin embargo, uno de los dos siente que está esforzándose el doble. El amor de pareja es un amor que pide equilibrio, a riesgo de terminar desgastándose.


En esto, ambos deben tener el compromiso de brindar lo que pueden a la relación, aceptando que la otra persona está haciendo lo mismo, aunque no siempre sea evidente. No es igualdad porque no se puede, ya que cada cual tiene su historia, sus heridas, sus fortalezas y capacidades; es voluntad de compromiso mutua. ¡Con ella se puede continuar!


#4 Cuarta parada: El amor tóxico


Cuando existe una relación de dependencia, el amor no alimenta, sino que enferma. La persona que creció con un estilo de apego dependiente, en el cual no se le permitió asumir sus responsabilidades, lo traerá a la relación de pareja. Y se reflejará en control, abuso, acoso… en fin, daño al otro o permisividad ante el daño que nos hace el otro.


Ante una relación que muestra estos síntomas, se requiere algo más que buenas intenciones. Es necesario asumir que hay una toxina en el organismo —en la pareja—, para poder sacarla de él. Se necesitará confianza y paciencia, y muy posiblemente una ayuda externa. ¡Arriba!, soy testigo de que se puede sanar.


#5 Quinta parada: El amor cadáver


No es de extrañarse, cuando hemos salido de una relación y queremos regresar, que nos topemos con un agujero muy profundo. Es como esperar revivir a un muerto.


Cuando todo se ha intentado —comunicación, comprensión, empatía, aceptación y pedido de ayuda— y nada funcionó, hay que admitir que no existe posibilidad de amar entre esas dos personas. No es que no sirvan como individuos: es que juntos no funcionan. Y antes de que sea tarde —antes de que haya un matrimonio, hijos, familia…—, conviene asumirlo y separarse, para poder sanar. Dejará una herida, pero cicatrizará. ¡Y seguirán adelante!


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La ruta del amor no correspondido es larga y tortuosa; no obstante, hay luz al final del túnel. Una luz que está construida sobre el amor propio y la obediencia a la realidad, y que se refleja en el otro. El amor es un arte, y lo aprendemos a plasmar con la vida, en la vida.


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