Hoy quiero tocar y, si es posible, sanar tu corazón con estas letras. Como psicóloga, he visto todo tipo de dolores de corazón, traumas y heridas por abuso, abandono, infancias difíciles, y un largo etcétera. He de decir que uno de los dolores más grandes que puede experimentar una persona es, definitivamente, la herida del aborto provocado.
Lo que te dice el mundo
Tal vez te cause confusión lo que digo, pues el mundo nos dice que es el mayor alivio que una mujer puede experimentar (lo vemos en películas todo el tiempo). Así hacemos como que nada pasó. Pensamos “ella podrá continuar con su vida normal”. Puede que esa vida incluya viajar y ser una exitosa empresaria o ceo de alguna empresa transnacional, ya sabes el cliché.
La verdad: el asesinato de tu hijo
Entonces surgen las preguntas: ¿por qué las mujeres llegan a terapia tras meses, años de escuchar llantos de bebés que no lloran? ¿Por qué encontramos incontables testimonios de no poder superarlo en un mar de crisis de ansiedad, ataques de pánico y noches de insomnio para regalar? Porque solo es cuestión de que aceptemos la verdad de una vez por todas: el aborto provocado es ir por tu propio pie a que asesinen a tu hijo mientras aún vive dentro de tu propio vientre.
Hemos convertido nuestros vientres en coliseos. El lugar que debería ser el más seguro del mundo, se ha convertido en zona de guerra. Lo peor es que nosotras hemos decidido entrar allí.
El miedo no se supera matando
Sin rodeos te digo: yo entiendo que te dé terror ser mamá tal vez a corta edad, o tener que ser madre soltera, o las situaciones -que pueden ser miles-, lo entiendo. Sin embargo, después de leer y escuchar a tantas mujeres siempre, siempre, siempre será mejor tener un bebé en brazos y comprobar que ese Dios del que todos hablan sí existe y sale a tu encuentro para que a ti y a tu bebé no les falte lo necesario, a vivir el resto de tu vida con un recuerdo, con una culpa que solo el mismo Dios puede sanar.
La pesada carga de conciencia de la que nadie habla
Y es que es necesario hablar de la culpa, de por qué es de ese tamaño, y es que, es una parte de ti que ha muerto. Cuando una madre pierde a un hijo se considera por excelencia el trauma más doloroso que un ser humano pueda experimentar. Dicen que es el duelo sin nombre, porque si uno pierde a un esposo es viuda, o pierde a un padre es huérfano, pero perder a un hijo, aunque lo hayas abortado sigue sin tener nombre.
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Si estas embarazada te invito a que confíes, confía. Dios jamás abandona una mujer que le da el sí a la vida, sé valiente y levanta la frente.
Puedes con esto y más, con el pasar de los días, los meses y los años comprobarás que definitivamente hiciste lo correcto.
Si has abortado pide perdón y descansa tu mente, tu alma en la misericordia, anímate a vivir en el regazo del Padre para que la paz prevalezca en tu mente y pon ese dolor al servicio de la vida y de la sanación del aborto en otras mujeres, sí puedes sanar.
Dejo esta última frase por si necesitas leerla, si estuvieras en terapia te diría que imagines que ese bebé esta es lo brazos de Jesús y María. Pues es la realidad: no está en el recuerdo de tu mente. No está en esas imágenes que te atormentan. Está jugando en el lugar más feliz de todos, el cielo. Con amor Isa.