Hablemos de la “friendzone”



“Friendzone” es el término que comúnmente se ha empleado para definir aquellas relaciones en las que una de las partes solo tiene intenciones de amistad, mientras la otra conserva sentimientos o intereses románticos por el otro. El término se ha usado socialmente como burla, ofensa o un estado de vergüenza y rechazo. Un estado en el que definitivamente no queremos encontrarnos cuando alguien en serio nos gusta.


En la dinámica de las relaciones afectivas, el amor e incluso el simple interés por otro implican siempre un riesgo: nada nos garantiza que una amistad se convertirá en romance, que la persona que nos gusta nos va a corresponder como queremos, o que nuestros amigos más cercanos no desarrollarán nunca sentimientos románticos por nosotros. Y, aunque creemos que el término en sí mismo es suficientemente claro, hay mucho aún por decir sobre la “friendzone”, sobre su impacto en cada una de las partes y sobre los riesgos emocionales a los que nos expone.


¿Qué estoy buscando?


¿Eres quien está en la “friendzone”? Hay varias situaciones en las que podemos “caer” en la tan temida “friendzone”, sea porque conocemos a alguien que nos atrae en una forma especial pero que solo está interesado en entablar una amistad, o porque con el tiempo empezamos a desarrollar sentimientos románticos por un amigo, pero que no tiene intención de cambiar el estado de esa relación.


Es natural sentirnos atraídos por alguien que acabamos de conocer, y es posible también que nuestros sentimientos por algún amigo cambien y que empecemos a desear una relación de otro tipo. Pero somos nosotros mismos los que permitimos y alentamos que estos sentimientos crezcan y aumenten con el tiempo.


La pregunta clave que debemos hacernos siempre es: ¿qué estoy buscando? Poder definir con claridad qué sentimos, qué buscamos y qué estamos dispuestos a asumir en una relación nos evitará muchas lágrimas y frustraciones en el camino.


Una de las decisiones que usualmente tomamos es la de entrar o permanecer en una amistad, escondiendo nuestros sentimientos, con la eterna esperanza de algún día poder conquistar el corazón del otro. El riesgo implícito aquí es que podemos estar sufriendo mucho en una relación no correspondida, pero nos quedamos ahí por miedo a perder la cercanía con esa persona y por apegos emocionales que acrecientan heridas en nuestra historia —como las heridas de rechazo.


Pero nuestro valor no se mide por el gusto o interés que otros sienten por nosotros, y tomar distancia cuando percibimos que nuestros sentimientos no son validados ni apreciados como merecemos no es egoísta. Muchas veces, alejarnos de alguien que queremos por cuidar nuestro propio corazón es una decisión dolorosa, pero saludable: duele salirnos de la “friendzone”, pero duele mucho más quedarse ahí por las razones equivocadas.


Empecinarnos en dinámicas tóxicas de amistad, además de ser dañino para nosotros, nos impide abrirnos a un amor verdaderamente correspondido, en donde nos sintamos apreciados y valorados. Aquí hace mucho eco la frase que dice: “aceptamos el amor que creemos merecer”.


Hay otras situaciones en las que podemos optar por continuar en esa relación de amistad o “friendzone”, pero purificando aquellos sentimientos no correspondidos, para aprender a ordenar nuestros afectos y amar mejor. No se trata de reprimir y esconder los propios deseos, sino de encauzarlos y redireccionarlos, para amar al otro como merece y necesita ser amado, sin dañarnos a nosotros mismos en el proceso. Esto requiere absoluta honestidad con nosotros mismos: se trata de discernir si contamos con la madurez y estabilidad emocional necesarias para ofrecer una amistad desinteresada, que busque siempre el bien de ambos.


¿Eres quien domina en la “friendzone”?


El otro aspecto a analizar cuando hablamos de la “friendzone” es el de las personas que, estando en una relación de amistad, no se hallan interesadas de forma romántica en la otra persona, pero quieren seguir siendo amigos.


Nuestras heridas emocionales y nuestra propia historia pueden distorsionar la visión que tenemos de nosotros mismos y de nuestro valor. El medio actual nos empuja a medir nuestro valor por la admiración o deseos que suscitamos en otros, y esto nos lleva a usar de manera utilitarista los sentimientos de otros.


Las relaciones afectivas que entablamos no son un juego: tienen consecuencias concretas en nuestra vida psicológica y emocional, y en la de las personas involucradas con nosotros. A veces podemos utilizar la “friendzone” como posibilidad de dominio y control sobre otros, con quienes no nos queremos comprometer, pero a quienes tampoco queremos perder, por los beneficios que nos trae su amistad. El sentir el amor, la valoración y admiración de alguien nos da un cierto sentido de control y una falsa seguridad respecto a nuestra autoestima.


Vuelve a surgir la importancia de preguntarnos “¿qué estoy buscando?”, porque si lo que anhelo es el bien del otro, es necesario ser siempre muy claros con respecto a lo que sentimos, y poner distancia cuando se la requiera, para cuidar los sentimientos y el corazón de aquellos que decimos valorar. Mantener amistades en la “friendzone”, como un comodín emocional, es siempre un acto de egoísmo. que nos impide valorar y amar a los otros como merecen.


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Aunque es posible vernos reflejados en muchos de estos casos, la “friendzone” es una de aquellas situaciones que, en las dinámicas relacionales, nos permite encontrarnos con nosotros mismos, conocernos con total sinceridad, crecer como personas, madurar nuestros afectos y aprender a defender nuestro valor y el de los que nos rodean.


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