¿Es importante que creamos lo mismo?



Cuando terminé mi discernimiento vocacional, me di cuenta de algo que era irrenunciable para mí, que era absolutamente necesario (para mí). Algo que esa persona que sería mi compañera de vida tenía que tener, mientras todo lo demás de alguna manera pasaba a segundo plano, o bien, se subordinaba a este prácticamente único requisito. Y eso era la unidad en la fe.


Es decir, para mi (y como podrán ver, estoy hablando de mi punto de vista personal, no de una ley absoluta de vida) era un aspecto esencial que mi esposa compartiera la misma fe que yo, pero no sólo eso. Lógicamente, en su camino personal de santidad, en sus propios procesos y tiempos, sin pretender imponer los míos como si yo fuera la norma de qué tan católico es alguien. Pero quería también que deseara vivirla como la Iglesia la propone...


Poder compartir la fe requiere coherencia


Siguiendo esta lógica, si yo anhelaba compartir la fe con mi esposa, tenía que buscar a una mujer con quien desde el noviazgo pudiera compartir este aspecto tan importante para mí. Y claro, yo tenía que esforzarme por vivir esta fe cada día de forma más coherente.


Qué implica para un matrimonio


Hasta ahorita he dicho que prácticamente ese era el único requisito o el único “pero” (si lo quieres ver así) de lo que yo buscaba. La realidad es que esta praxis de la fe implica muchas cosas que son buenas y necesarias en un matrimonio (por lo menos, en el cristiano). Aquí te detallo algunas:


  • La importancia de los sacramentos y la vida de oración.

  • La certeza de que el matrimonio es para siempre.

  • El conocimiento de la belleza y dignidad de la sexualidad humana y su capacidad de dar vida.

  • La educación de los hijos.

  • La importancia de la dignidad humana desde su concepción hasta su muerte natural.

  • La importancia de las virtudes como camino de santidad y felicidad.


Lo que estoy diciendo aquí es que estos puntos son fundamentales (y seguramente muchos otros) pero que, si entendemos, profesamos y practicamos la fe como la Iglesia la propone, todo lo anterior está incluido, y digamos que se da por añadidura. Por eso decía que prácticamente todo lo demás se subordina a esta única condición.


La importancia de la libertad


Si has llegado hasta aquí, verás que he repetido muchas veces la frase “para mí”, porque llegan muchas personas a preguntar por inbox o DM si es un aspecto importante, relevante, fundamental, o si es algo que puede pasar desapercibido que su novia o novio no comparta sus creencias, que sea ateo, agnóstico, protestante, budista, pastafarista, adventista o cualquier otra cosa. Y la respuesta, según creo, siempre será que “para mí, sí lo es; para ti, no lo sé.”


Y digo esto no en un sentido relativista, pues objetivamente creo que el catolicismo es la religión única, verdadera, y que cualquier persona que la practique tiene garantizado no equivocarse. Pero digo que depende porque, al final del día, cada persona es libre. Dios así lo quiso, y de esa forma nos creó para usar nuestra libertad.


¿De qué depende?


Bajo esta lógica, este aspecto sobre las creencias de mi pareja dependerá de lo que es fundamental para nosotros. Es decir: ¿qué espero a largo plazo?, ¿qué tipo de matrimonio quiero vivir?, ¿cómo quiero que criemos a nuestros hijos?, ¿de qué forma podría afectar a nuestra relación este tema de las creencias diferentes, más allá de las posibles discusiones?


Sabemos que la filosofía de vida que cada persona sostiene permea no sólo en sí misma, sino en toda su vida: al final del día digamos que esta filosofía es como un par de lentes desde los cuales se observa la realidad y se interactúa con ella. Desde las creencias que tiene una persona podemos comprender sus reacciones, sus tratos, sus palabras y muchas otras cosas. Por eso insisto… , ¡depende! Piensa: ¿qué esperas tú? ¿Qué anhelas tú?


* * *


Con este artículo no estoy diciendo que quien no es católico es malo, ni tampoco estoy diciendo que quienes practicamos el catolicismo somos perfectos, ni que los matrimonios en los que no son ambos católicos no funcionen o no sirvan.


Lo que estoy diciendo es que concebir la realidad desde el catolicismo y desde cualquier otro sistema de creencias (sin limitar el catolicismo a un sistema de creencias o filosofía de vida, pues es mucho más que esto) es muy diferente. Y no sólo implica decir: “yo creo en esto, tú en aquello y listo, no pasa nada”. Por el contrario, la realidad es que cada quien vive según lo que cree. En definitiva, a cada persona le corresponde discernir qué tan fundamental es para sí este tema.


Y este aspecto, insisto, para mí era fundamental: no podía concebir vivir un matrimonio en el cual no pudiéramos rezar juntos, ir a misa juntos, adorar a la Eucaristía juntos, educar a nuestros hijos en la fe, estudiar la fe, dialogar sobre la fe. Esto, entre muchas otras cosas…


Al fin y al casi, la pregunta aquí no sería si este aspecto es importante. La verdadera pregunta es esta: ¿qué es lo esencial para ti?


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Con amor, Bernardo.