El amor como bien de consumo



Hace unos días, en gran parte del mundo se festejó San Valentín, esa fecha en la que se dice celebrar al amor. Sin embargo, cabe preguntarnos: ¿qué tipo de amor se celebra?, y, ¿qué significa eso? Para esto, vale recordar que, cuando el amor romántico se cruza con la dimensión económico-cultural del consumo, se producen dos efectos: por un lado, la romantización de los bienes de consumo; por otro, la mercantilización del amor romántico.


“Se vende objeto que produce amor, ¡compre, compre!”


A ver, entendámonos mejor. Cuando hablamos de “la romantización de los bienes de consumo”, nos referimos a darles a ciertos objetos la connotación de transmisores de emociones. Se le compra flores a la novia para decirle "te amo"… o para pedir perdón por una traición.


Se le compra: no es válido regalarle las flores recogidas en el parque que queda a la vuelta. Mi mensaje de amor o de arrepentimiento resulta de una transacción comercial, a tal nivel que ya no vemos una caja de chocolates o un ramo de flores como eso y nada más, sino que los consideramos como una muestra de lo que sentimos. No le daríamos un buqué de rosas rojas al jefe con el fin de que nos dé permiso para ir al estadio.


“Si me amas, gastarás mucho en mí”


A la vez, el amor romántico ha sufrido una mercantilización. Se mide el nivel de compromiso en una relación basándose en la cantidad, el tamaño, el peso y el precio de lo que se regala el uno al otro. Si quieres saber si tu enamorado te ama, esperas que en su aniversario ⎯o al cumplir el primer mes de estar juntos⎯ te compre un regalo impresionante. Te compre: no son válidos un gesto especial, algo hecho por él mismo, un poema o una canción. El termómetro para el sentimiento son, en consecuencia, las cifras gastadas en el festejo. A tal nivel que hay relaciones que se rompen porque el otro no “es detallista” con plata y persona.


Por todo esto, el amor se ha transformado en un bien de consumo. Mantenemos las relaciones en tanto y en cuanto nos son útiles y nos aportan un valor concreto y comprobable. En definitiva, hemos dejado de amar realmente, es decir, de querer el bien del otro.


Ahora pensamos que amar es dar y recibir cosas o ⎯como máximo⎯ experiencias. Si me dices que me amas, lo mínimo es demostrármelo con un presente significativo, acorde a la fecha. Si en nuestro primer mes me diste una caja de bombones, en el quinto aniversario debería esperar al menos un viaje al Caribe.


(Cuando hablo de dar y recibir experiencias, me refiero también a que el ideal es que la relación no traiga problemas o inconvenientes. Las experiencias solo deberían ser hermosas, placenteras… Así como no pago para ir a un restaurante y que la comida sea fea, no espero que una relación en la que he gastado tanto ⎯tiempo, esfuerzo, dinero…⎯ me traiga momentos desagradables.)


También se ha llevado el concepto del amor como bien de consumo a que las relaciones sean descartables, de usar y tirar. Cuando se acaba la chispa inicial, cuando comenzamos a revelar nuestros lados feos, decimos que el amor se acabó, y que nadie tiene por qué aguantar a una persona que me trae malos ratos.


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Pese a todo ello, hay esperanza. El amor sigue siendo la fuerza más grande del mundo, y lo vence todo si nos rendimos a él, como decía Virgilio. El amor verdadero, aquel que busca siempre el bien, la verdad, la belleza, y no una fría caricatura mercantilista. Ese que ⎯recordando el Himno al Amor de san Pablo⎯ todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Porque es un reflejo del amor del Padre hacia sus creaturas. Y ese “todo lo espera” se refiere a ver al otro en lo que puede llegar a ser, y no en lo que fue; en lo que es como persona, y no en lo que es capaz de dar de su bolsillo.


Entonces nos quedamos gracias a lo que nos une, y a pesar del dolor de nuestras miserias humanas. Porque hay respeto, hay diálogo y hay compromiso. Hay amor, amor de verdad. Celebrar el amor significa celebrar ese encuentro entre dos personas diferentes, que quieren luchar juntas por ser cada día una mejor versión de sí mismas.


Celebremos el verdadero amor, que todo lo vence y todo lo espera, día a día.


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