Cuando juntamos dos historias



Somos seres diacrónicos. ¿Diacrónicos? Sí: diacrónicos. La palabra “diacrónico” hace referencia a un hecho, fenómeno o circunstancia que tiene relación con una evolución a través del tiempo. Dicho de otra forma, más aplicable a lo que quiero compartirte el día de hoy, esto significa que el hombre y la mujer que deciden compartir su vida e iniciar un noviazgo tienen cada uno su propia historia.


Únicos e irrepetibles


Por lo tanto, si todos tenemos una historia, debemos entender que en primer lugar esa historia es completamente personal, única e irrepetible. Este es también un punto muy importante, considerando el valor de la trascendencia de la persona humana.



¿Tenemos clara nuestra historia?


Esta pregunta es fundamental. ¿Conocemos nuestra historia al grado de entenderla y abrazarla? Me refiero a esto: al grado de usarla a nuestro favor para conocernos y, al mismo tiempo, de que nos ayude a decidir qué queremos y qué no queremos en nuestras futuras etapas de vida.


Recuerda que nuestra historia incluye todas esas vivencias personales que nos han marcado desde la cuna: tanto experiencias bonitas y buenas como experiencias dolorosas y tristes. Todas ellas son llevadas contigo hacia tu noviazgo. Muchas veces, como aprendizajes; otras veces, como heridas.


Que las malas vivencias no nos condicionen


Es muy importante ser conscientes de que todos, como seres humanos, debemos trabajar en nosotros mismos. Sobre todo si queremos realmente poder amar a alguien libremente, y poder donarnos a ese alguien en su totalidad.


Que todo el amor que podemos ofrecerle a alguien más no sea limitado por circunstancias particulares. Que no sea condicionado, como si se tratara del ineludible resultado de malas experiencias durante nuestra vida.


Respetemos las heridas del otro


Conocer la historia de nuestra pareja nos permite ayudarla… Pero a veces se puede cometer el error de utilizar ese conocimiento en su contra: para ganar una discusión, para lastimarla en un momento de arranque o de enojo, o por el simple hecho de concerla y usarla para justificar o reclamar algo.


Ello llega a ser muy doloroso, y podemos lastimar de manera grave a nuestra pareja durante el noviazgo. El amor debe ser también tratado con responsabilidad. Mis heridas deben ser sanadas poco a poco. Incluso se puede estar junto a esa persona, pero con la responsabilidad de que las heridas no interfieran o lastimen mi relación con el otro.


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Por todo esto, te invito a conocer tu historia y la de los que te rodean. Principalmente la de tu pareja, porque ahí descubrirás sus experiencias y derrotas más dolorosas, las que la hacen actuar como una persona herida. Conócela, no para justificarla, pero sí para entenderla. De este modo, con esperanza, descubrirás también los actos más heroicos que ha realizado durante su vida, amando y ayudando a otros. Y te puedo apostar que vas a admirar a tu pareja y a verla, no como juez, sino con ojos de ternura.


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