“Mayor felicidad hay en dar que en recibir”.
Hechos 20, 35
La vida es un don gratuito. Es decir, es un regalo. Además es el reflejo de Su inmenso amor.
Si este regalo que es nuestra vida, no se comparte, no se experimenta con plenitud. Darnos a los demás supone, entonces, vivir en abundancia. Para ello, les dejamos algunas ideas que pudieran ayudarles.
Ir a la fuente
Es común pensar que para darnos al otro tenemos que buscar darnos a los demás. No. Ese darnos nos puede desviar del verdadero sentido. ¿Cuál es el este sentido verdadero? Que Jesús se dé a través de nosotros.
Cuando nos donamos, somos una imagen de Jesús en ese donarnos. Para poder cumplir semejante misión, lo primero es tener un corazón dispuesto a dejarnos encontrar por Él.
Aprender a escucharlo
Dios habla en el desierto. O sea, Dios nos habla, sí, pero cuando hacemos silencio.
¿Cualquier silencio nos sirve para escuchar a Dios? No. Nos referimos a un silencio tanto interior como exterior.
Es preciso, para escucharlo a Él, entonces, dejar de lado las preocupaciones. También, es necesario actuar como dice Santa Teresa de Calcuta: “silenciar la lengua nos ayuda a hablarle a Dios, silenciar los ojos a ver a Dios y silenciar el corazón, como el de la virgen María, a conservar todo en nuestro corazón”.
Mirar a Cristo en todo y en todos
¿Cómo hacemos para encontrar a Jesús en nuestro día a día? Fácil: al levantarnos encomendarle el día. Cuando vas a subir al coche, pedile que te acompañe en el viaje. Después, cuando se atraviesa un conductor indebidamente, mirar el rostro de Cristo en él, en su coraje al cruzarse de manera indebida (pues no sabemos qué le está pasando, qué está sufriendo, en su interior ese conductor, para semejante osadía). Con la persona que más te cuesta vincularte bien en el trabajo, intentá mirarla a la cara y ver en su rostro a Cristo.
Para poder ver a Jesús en los prójimos, es necesario pedirle que me deje Mirarlo en cada uno de ellos, en cada acto. Entonces, es preciso pedir esa gracia.
***
Por lo tanto, podemos concluir que ser un don para los demás es dejar que Cristo habite en nosotros y se dé a través de nosotros. Les dejamos una maravillosa frase de San José María Escrivá que les puede ayudar en este querer darnos al otro: breve es nuestro tiempo para amar, dar y expiar. Por lo tanto, sería un grave error desperdiciarlo. No debemos desperdiciar este período de la historia del mundo que Dios no ha confiado a cada uno”.