Castidad en el matrimonio



Lo sabemos —léase en tono comprensivo—, ¿castidad en el matrimonio? ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Pues mucho.


Empecemos por ver qué entendemos por castidad. La castidad consiste en el dominio de sí, en la capacidad de ordenar las fuerzas del mundo de la sexualidad hacia el amor, de forma que estas fuerzas se integren en el desarrollo de la persona. Vista así, la castidad no es algo que se deja de vivir al contraer matrimonio, pues no es que, una vez casados, “todo vale”. Por el contrario, tiene un lugar importante para que podamos amar más y mejor a nuetra pareja.


Les proponemos 4 maneras concretas de hacerla presente en el matrimonio:


1. Cultivar la ternura


Lo propio de la ternura es que nos sintamos unidos a alguien debido a que somos capaces de ponernos en su lugar, y experimentar en nuestro propio “yo” su estado interior (Juan Pablo II). En el matrimonio, particularmente en la vivencia de la sexualidad, la ternura ocupa un lugar importante.


Mediante la ternura, somos capaces de ponernos en el lugar del otro, y no acercarnos a esa persona exclusivamente buscando algo para nosotros. En el ámbito de la sexualidad, la ternura ayuda a que se reduzca toda actitud de uso respecto de la otra persona y, en cambio, prime el amor. Amor entendido como la búsqueda del bien para la otra persona.


2. Vivir la sexualidad de manera integral


En el matrimonio, la vivencia de la sexualidad es un aspecto importante de la vida conyugal, pero no es el único. Y no sólo no es el único, sino que no debería vivirse separado del resto de la vida matrimonial.


El amor de la vida matrimonial está llamado a expresarse a través de la intimidad de los esposos. Asimismo, la intimidad está llamada a fortalecer la vida y el amor matrimonial. No se trata, pues, de acercarse al otro solamente para satisfacer el propio deseo —y aquí es donde entra la castidad—, sino para expresar el amor que se vive día a día en la vida matrimonial.


3. Una entrega total


Las relaciones sexuales no son algo meramente físico y, en el matrimonio, están llamadas a ser expresión de una donación total. Una donación mutua que abarque todas las dimensiones: física, psicológica, y espiritual. De ahí que San Juan Pablo II haya dicho: “Donde una sola es la carne, uno solo es el espíritu.”


Incluso dentro del matrimonio es posible “entregar el cuerpo” sin compromenterse interiormente con dicho acto. Como también es posible tratar a la otra persona sólo como un cuerpo, y no como una persona. Las relaciones sexuales están llamadas a ser la expresión de una entrega y recepción total de dos personas.


4. Con apertura a la vida


La apertura a la vida implica la aceptación total de la otra persona. “Te quiero como eres: fértil cuando eres fértil y no-fértil en los períodos de no-fertilidad”. Esa aceptación total no hace otra cosa que acentuar la primacía del amor en las relaciones sexuales. Amor que implica siempre aceptar a la otra persona como es, sin querer suprimir algún aspecto de ella.


Sobre este último punto, te recomendamos revisar los artículos de Teodelina Richards en Ama Fuerte.


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