3 miedos que te impiden amar




¿Cuántas veces hemos tenido miedo a algo en nuestra vida? ¿Cuántas veces hemos dejado de confiar por miedo al qué dirán, al cómo lo haremos o a lo que se viene? Lamentablemente, el miedo siempre condena nuestra relación con los demás y nos ciega, limitándonos y atándonos a nuestra zona de confort.


Es triste vivir así, desentendiéndonos de lo que nuestro corazón anhela sólo por temor a no lograrlo o a fracasar. Nos han enseñado que fracasar es condenarnos, pero lo que no nos dijeron es que tener miedo a intentarlo es el primero paso para fracasar por completo.


Un mundo sin amor es aquel que se quedará por siempre atado al miedo, porque el amor es la ausencia de todas estas ataduras, ya que es el único capaz de darnos el coraje y la valentía suficientes como para ser completamente libres. Por ello, en este artículo quisiéramos poner en tela de juicio tres de nuestros principales miedos, de esos que nos siguen atando. De estos miedos necesitamos despojarnos para aprender a amar de verdad. Pues la experiencia de amar sin medida es única, y solo seremos capaces de lograrlo si aprendemos a soltarnos de las cadenas del temor.


#1 Miedo a no ser aceptado


¿Has notado con cuánta frecuencia crees ser víctima del mundo en el que vives? Al ser rechazados por gran parte del mundo que nos rodea, percibimos esa insensatez, nos sentimos tentados de creer que estamos atrapados en un callejón sin salida; esto puede ser por nuestros prejuicios. Cuando nos dejamos llevar por la creencia de que vivimos en un ambiente hostil, en el cual no podemos sino tener miedo de que nos hagan daño o de ser víctimas, solo podemos sufrir.


Para superar esto, es importante formar tu verdadera identidad, esa que solo a ti te caracteriza, esas virtudes que solo tú puedes dar al cien por ciento, y que muchos pueden tomar como ejemplo. Si nos lo proponemos, podemos cambiar nuestra manera de pensar y, sobre todo, de vivir.


La clave está en examinar todas las cosas que hemos asumido y que valoramos, en dejar de aferrarnos al miedo, a la ira, a la culpabilidad o al dolor. Significa romper totalmente con el pasado, así como con todos los miedos que venimos arrastrando desde el pasado, y proyectando hacia el presente. “Estoy decidido a ver las cosas con otra mirada” significa que estoy realmente dispuesto a liberarme del pasado, reconociendo mi dignidad de hijo de Dios.


#2 Miedo a no perdonar


La única manera de alcanzar el amor es practicando el perdón. El perdón es esa herramienta para cambiar nuestras ideas y liberarnos de nuestros miedos, resentimientos y rencores. Debemos recordarnos a nosotros mismos, continuamente, que el amor es la única realidad que existe, y que toda idea que no refleje amor es una percepción errónea. El perdón, por lo tanto, constituye el medio para ver solamente amor en los demás y en nosotros mismos.


Perdonar no es un proceso de descartar y pasar por alto todo lo que creemos que otros nos han hecho, o lo que nosotros creemos haberles hecho a otros. Cuando albergamos rencores o resentimientos permitimos que nuestra mente ceda en el miedo, y de esta manera nos hacemos prisioneros de esas distorsiones.


Desde este punto de vista, nos liberamos cuando aceptamos que el perdón es nuestra única y verdadera opción. Perdonar no significa adoptar una actitud de superioridad, sino que significa más bien corregir nuestra propia percepción de que otro nos ha hecho daño. Jesús perdonó en la Cruz porque “no sabía lo que hacíamos”; nosotros lo oramos en el padrenuestro, diciendo: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Por eso creemos firmemente en que el perdón es nuestra llave maestra hacia la felicidad anhelada.


#3 Miedo a dar sin recibir nada a cambio


El mundo te dirá que lo que se ha dado o regalado ya está perdido: es decir, que al dar algo, dejamos de tenerlo y que, por consecuencia, salimos perdiendo. Estas mentiras nos bombardean, haciéndonos creer que nunca podremos estar completamente satisfechos. Así, nos seguimos sintiendo vacíos, a pesar de nuestros vanos intentos de obtener satisfacción, buscando amor en cualquier parte, recibiendo sólo sobras, migajas que no llenan nuestra hambre de amar de verdad.


El problema radica en que no hay nada en nuestro mundo que pueda satisfacernos total o permanentemente. Es así que con frecuencia creemos que estamos necesitados, y tratamos de satisfacer esas necesidades imaginarias, a través de otras personas. Por ello, cuando esperamos que otros satisfagan nuestros deseos y esas personas nos decepcionan, nos frustramos, nos desencantamos… Como resultado de ello, es muy probable que nos sintamos limitados, rechazados o inútiles.


Cuando pensamos que nadie nos ama, o cuando nos sentimos deprimidos o vacíos, la solución no está en encontrar a alguien que nos dé amor, sino más bien en amar a alguien totalmente, y sin buscar algo a cambio. Es que ese amor que damos, simultáneamente nos lo damos a nosotros mismos, sin que la otra persona tenga que cambiar su manera de ser, o darnos nada a cambio.


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Lamentablemente, el mundo tiene el concepto distorsionado de que, para poder sentir amor dentro de nosotros, otra persona nos lo tiene que dar; pero sólo el amor es capaz de romper con estas ideas del mundo. Nosotros somos seres creados por amor y para amar, pues en la medida en que damos amor a otros, nos enseñamos a nosotros mismos lo que realmente somos: hijos del Dios, del mismo Amor, con mayúsculas, encarnado en el Hijo. Solo así aprenderemos a donarnos a nosotros mismos sin medida, sin espera y sin retribución. Pues hay que tener en claro que todo lo demás viene por añadidura.


Recuerda que seremos realmente libres en tanto nos despojemos de aquellos miedos que nos atan y que no nos permiten amar en verdad. ¡Nadie dijo que sería fácil! ¡No tengamos miedo al camino que nos conduce a la verdad, al camino del amor!


Atentamente,

Los Compis.

@compisdeus