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Día: octubre 10, 2026

¿Cuando mi vida ha de empezar? 5 cosas que aprendí de Enredados para la vida.

Para nuestro artículo de hoy nos vamos a centrar en una figura interesante: la princesa que espera en la torre. La pregunta que tenemos que hacernos frente a este arquetipo de los cuentos de hadas, que Disney luego plasmó en la película Enredados, es: ¿estoy viviendo mi vida como si fuera una princesa encerrada en una torre, esperando a que empiece?

Lo cierto es que, en el mundo contemporáneo, muchos caemos en esa falacia: nos encerramos en nuestra propia torre esperando a que nuestra vida «empiece» y no nos damos cuenta de que la vida es eso que está pasando mientras esperamos que comience. Porque lo que importa es el ahora, el único tiempo que realmente tenemos y que recibimos como regalo de Dios.

Por eso, en este artículo quiero compartirles cinco cosas sobre las que me quedé reflexionando después de ver a nuestra Rapunzel salir en busca de sus luces.

1. «Aun dentro de una torre hay mil cosas por hacer»

El primer momento de la película nos muestra a una Rapunzel que ha crecido en una torre, pero, lejos de vivir el encierro como una cárcel, su actitud fue: «Ok, ¿qué cosas puedo hacer, aprender, entender, crear?». Y así, poco a poco, aun en medio de su vida en la torre, Rapunzel no se quedó como un ente pasivo, sino que desde el primer momento fue la protagonista de su propia aventura.

La pregunta es: ¿cómo tomamos las torres que nos pone la vida? ¿Nos vemos como víctimas de ellas o intentamos, aun en los peores momentos, buscarle la vuelta al asunto?

Rapunzel habrá crecido en una torre, pero el acento está en que creció, no se atrofió. Aprendió, jugó, creó, hasta que la torre y mamá Gothel ya no pudieron contenerla. Porque la vida siempre encuentra su camino si la dejamos crecer dentro de nosotros, respondiendo a la gracia de Dios.

2. «No basta con crecer dentro de la zona de confort; hay que animarse a salir sin culpa»

Y así llegó el día en que la torre y mamá Gothel no pudieron contener a Rapunzel. Entonces, Gothel hizo lo posible por sembrarle la culpa por crecer. Esa idea peregrina que se mete en nuestro corazón y nos hace sentir culpables por ser aquello que Dios nos llamó a ser.

Digamos que la idea que siembra mamá Gothel es la opuesta a la frase de Catalina de Siena: «Sé lo que debas ser y prenderás fuego al mundo». Algunas veces tenemos madres o padres Gothel reales que nos quieren manipular desde la culpa y evitar que respondamos al llamado de las luces de nuestra vida, que es la vocación que Dios nos dio. Otras veces, esa voz somos nosotros mismos, representando el miedo de dejar lo conocido, aunque sea angosto, por lo desconocido, que es ancho y vasto.

Pero lo cierto es que Jesús nos llama a poner la mano en el arado y no mirar hacia atrás, sino a seguir adelante y creciendo en su gracia.

3. «Mi vida no es una sala de espera que está esperando a comenzar»

Así llegamos al corazón de este artículo. Muchas veces podemos tener la tentación de pensar: «¿Cuándo mi vida va a empezar?». Y queremos responder esa pregunta diciendo: cuando me ponga de novia, cuando me case, cuando tenga hijos, cuando me reciba, cuando me doctore…

Y la vida se transforma en un proceso kafkiano, lleno de salas de espera intermedias y de «sueños por cumplirse» que, como Sísifo, nunca llegan, porque encontramos que la realización verdadera no está en ellos. ¿Por qué? Porque nuestro corazón no fue hecho para ellos. Si los ponemos en el centro de nuestros anhelos y no como un anhelo, corremos el riesgo de que el peso de nuestro corazón nos arrastre a una espera que jamás se va a solucionar.

Rapunzel quería ver las luces, pero las luces no eran la respuesta a su vida. Al animarse a salir a buscarlas y a vivir la aventura que la llevaba hacia ellas —desde conocer a Flynn (Eugene) hasta cantar con los malandras del bar sobre sus sueños—, logró expandirse y encontrar no solo el sueño de las luces, sino también el sueño del amor, de la familia, de los amigos y de su verdadero lugar como princesa.

Entonces, la cuestión está en cómo tratamos el camino: ¿es una aventura o una sala de espera?

4. «Es importante animarse a soñar aunque no se vea todavía el camino hacia ese sueño»

De este modo, si vivimos la vida como una aventura, si vamos creando lore, no solo momentos, sino que nos adentramos bien dentro de nuestra saga nórdica, ya no vivimos dentro de un proceso burocrático de salas de espera, sino que salimos en busca de aquello que esta vida, regalo de Dios, nos puede dar.

Así, somos exploradores en busca de un sueño, de un tesoro perdido. Quizá no sabemos dónde ni cómo vamos a llegar, pero ese sueño que nos anima a seguir es esa llama de amor vivo dentro nuestro. Todos poseemos un sueño y nos preguntamos cómo vamos a llegar. Ese deseo que C. S. Lewis llamó alegría nos señala el camino y nos va haciendo encontrar las distintas etapas de nuestra aventura, hasta que llegamos a nuestro verdadero Hogar.

Por eso es importante soñar. No se trata de no ponernos metas o sueños, sino de ponerlos en su lugar.

5. «Aprender a amar es aprender a donarse y no adueñarse»

La última parte de la película y de este artículo nos muestra algo interesante: el sueño de Rapunzel y de Flynn dejó de ser unipersonal y llevó a un sueño compartido. La isla de Flynn dejó de tener sentido y las luces comenzaron a ser una realidad que lo hacía ver la verdadera Luz.

Al contrario de mamá Gothel, Rapunzel descubrió la paradoja del deseo: este solo florece si se lo deja ir, si no se lo aferra de manera desesperada, puesto que, de lo contrario, puede convertirse en nuestra propia trampa mortal. Por eso, amar es aprender a donarse, a tratar al otro con amor y como persona que busca su fin.

No se trata de no buscar nuestros sueños, sino de aprender que, cuando estos se comparten libremente, cuando colaboramos entre todos por el sueño de cada uno, el amor se expande, porque el bien es difusivo de sí. Mientras que, si nos encerramos en la torre del dolor y del cuidado de «nuestro propio tesoro», el sueño se convierte en pesadilla, que es lo que le pasó a Gothel.

Sin embargo, en el caso de Flynn y Rapunzel, el sueño sacrificado fue eucatástrofe: restauró las cosas a su lugar, pero mejor.

Por eso, para cerrar, les pregunto: ¿Dónde está tu corazón: en la torre o en la aventura?