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Día: octubre 8, 2026

Recuperar el asombro sobre el matrimonio

Muchas veces cometemos el error de dar por sentadas ciertas cosas de la vida. Creemos que todo ocurre de manera lineal, espontánea, casi «porque toca». Poco a poco, perdemos la capacidad de asombrarnos ante lo que vivimos y esto, aunque no siempre nos demos cuenta, puede afectar también a nuestra relación de pareja.

En este artículo quiero hablarte de la importancia de recuperar esa mirada de asombro y, si estás casado, de aprender a mirar nuevamente tu matrimonio como lo que realmente es: una realidad extraordinaria que un día no existía y que hoy forma parte de tu vida.

El matrimonio como una realidad nueva

Una idea que me gustó especialmente del libro Más que juntos, de Lucía Martínez y María Álvarez de las Asturias, es que cuando dos personas se casan nace una realidad nueva. Antes existían dos personas y una relación; ahora existe también un matrimonio.

Podemos compararlo, salvando las diferencias, con el nacimiento de un niño. Cuando nace un bebé, sus padres se asombran ante una persona completamente nueva. Observan sus dedos, sus gestos y sus primeras sonrisas. Después se maravillan con sus primeras palabras y sus primeros pasos. Cada novedad parece extraordinaria.

Con el matrimonio, en cambio, puede ocurrir algo curioso: cuanto más tiempo pasa, más fácilmente perdemos esa capacidad de asombro.

Damos por sentado que el otro está ahí. Damos por sentadas nuestras rutinas, nuestra casa, nuestros acuerdos y nuestra forma de vivir. Las vacaciones, porque tocan; la compra del supermercado, porque toca; salir a comer, porque es parte de nuestra vida, como lo es un beso, un abrazo, las relaciones sexuales… Todo puede terminar incorporándose a un sistema de cosas que simplemente «tocan».

Detrás de esas rutinas, de los hijos, las cuentas, las listas de la compra y las obligaciones cotidianas se esconden discretamente muchas cosas que alguna vez deseamos y que hoy son una realidad.

El amor también merece asombro

Pensemos por un momento en lo extraordinario que supone que dos personas se conozcan, conecten, se enamoren, que ese amor sea recíproco y que decidan construir una vida juntas.

Desde una mirada cristiana, detrás de esa historia también podemos reconocer la providencia de Dios. Nosotros elegimos, decidimos y construimos nuestra relación, y hubo también circunstancias que permitieron que nuestras vidas se cruzaran.

El problema es que con el tiempo podemos olvidarlo. En terapia de pareja es frecuente escuchar a personas que se concentran en aquello que el otro hace mal, en sus defectos o en lo que ha dejado de hacer. Algunas de esas críticas responden a problemas reales que deben abordarse. Otras son, en el fondo, un grito desesperado de afecto: «antes eras más cariñoso», «ya no tienes tiempo para mí», «parece que todo es más importante que nosotros».

Precisamente porque el amor nos importa, sufrimos cuando sentimos que comienza a faltar. Por eso necesitamos recuperar la gratitud antes de que la rutina nos haga olvidar el valor de lo que tenemos. Quiero proponerte tres ejercicios muy sencillos para entrenarla.

Ejercicios para entrenar la gratitud

1. Agradece por tu pareja también cuando reces: cuando atravesamos una dificultad con nuestra pareja es natural pedir ayuda a Dios: que nos ayude a superar una crisis, que nos dé paciencia o que ayude al otro a mejorar aquello que está dañando la relación.

Podemos añadir algo más: dar gracias por la existencia del otro. Incluso en un momento difícil podemos agradecer haber conocido a esa persona, los años compartidos, aquello que hemos construido juntos y la oportunidad de haber amado y haber sido amados. No se trata de negar los problemas, sino de impedir que los problemas nos hagan olvidar todo lo demás.

2. Vuelve a decir «gracias» y «por favor»: con los años podemos comenzar a interpretar muchas acciones del otro simplemente como obligaciones: «le corresponde hacerlo». Detrás de cada obligación sigue existiendo una persona.

Dar las gracias por haber preparado la comida, hacer la compra, dejar listo el café, ordenar la casa, pagar una cuenta o encargarse de los niños puede parecer insignificante. Ayuda a transformar el clima cotidiano de una relación.

Lo mismo ocurre con pedir las cosas por favor. La confianza no debería significar la desaparición de la cortesía.

La gratitud se parece un poco al ejercicio físico: necesita repetición para convertirse en hábito. No basta con sentirla. También hay que aprender a expresarla.

3. Practiquen la nostalgia positiva: Finalmente, los invito a mirar juntos hacia atrás. Hoy podemos discutir sobre dónde pasar las vacaciones, y quizá hubo un tiempo en el que no teníamos dinero ni para plantearnos viajar. Hoy nos agobian los berrinches de los niños, y quizá años atrás llorábamos frente a un test de embarazo negativo. Hoy nos molesta que el otro haya olvidado algo de la compra, y hubo un momento en que deseábamos profundamente encontrar a alguien con quien construir una familia.

La nostalgia positiva nos ayuda a descubrir algo importante: algunas de las cosas que hoy damos por sentadas fueron, alguna vez, nuestros sueños. Miren fotografías antiguas. Recuerden su primera cita. Hablen de aquello que les enamoró. Pregúntense qué cosas de su vida actual habrían emocionado profundamente a aquella pareja que estaba comenzando su historia. ¡Cuidado con caer en la idea de <<todo tiempo pasado fue mejor>>!

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Que nunca sea «porque toca». Ahora les toca ponerlo en práctica. Pueden leer este artículo juntos y escoger solamente uno de estos ejercicios para comenzar.

No necesitamos convertir cada día en algo extraordinario ni vivir permanentemente emocionados. Se trata simplemente de evitar que la costumbre nos vuelva ciegos ante el bien que tenemos delante.

Cuidar un matrimonio no consiste únicamente en solucionar aquello que está mal. También significa seguir siendo capaces de reconocer aquello que está bien. De vez en cuando, detente, mira a la persona que tienes a tu lado y recuerda que hubo un tiempo en que todavía no formaba parte de tu vida. Y díselo: «qué bueno que estés en mi vida».