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Día: septiembre 22, 2026

La fertilidad no es solo cosa de la mujer. Y la apertura a la vida tampoco

Durante años, cuando un matrimonio no conseguía un embarazo, casi todas las preguntas parecían dirigirse a ella: ¿ovulas? ¿Cómo son tus ciclos? ¿Tienes endometriosis? ¿Cómo está tu progesterona?

¿Y, él?

La fertilidad pertenece a los dos

De hecho, cuando existe dificultad para conseguir un embarazo, las principales guías médicas recomiendan estudiar al hombre y a la mujer desde el inicio y de forma paralela.

Esto me parece especialmente bonito cuando hablamos de fertilidad desde una visión cristiana. Porque estar abiertos a la vida no significa que la mujer tenga que cargar sola con la responsabilidad de que esa vida llegue.

El hombre también puede cuidar su fertilidad

Puede revisar su salud, sus hábitos, su alimentación, el tabaco o el alcohol, determinados medicamentos, alteraciones hormonales, varicocele, infecciones… y, cuando está indicado, realizar un seminograma y una valoración médica completa.

La Naprotecnología y el conocimiento de la fertilidad nos enseñan precisamente algo importante: antes de intentar “saltar” un problema, merece la pena preguntarse qué está pasando.

Esa búsqueda de las causas debe mirar al matrimonio entero. Porque la apertura a la vida no es pasividad.

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Apertura a la vida, entonces, es acoger la posibilidad de un hijo y, al mismo tiempo, cuidar responsablemente la fertilidad que tenemos. La de ella. Y, también, la de él.

Quizá necesitamos empezar a hablar mucho más de esto. ¿En vuestro proceso de fertilidad estudiaron desde el principio a los dos?