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Día: septiembre 18, 2026

Idealizar tanto que nadie alcanza

¿Y si no es que no ha llegado nadie? ¿Y si has idealizado tanto a la persona que estás

esperando que, sin darte cuenta, nadie alcanza?

Tiene que ser inteligente, divertida, exitosa, tener tiempo para ti. Además, familiar, espiritual, detallista, trabajadora, segura de sí mismo, sensible, atractiva… ¡Y tiene que llegar en el momento perfecto y hacerte sentir inmediatamente que es a quien estás esperando que Dios te envíe!

Ojo, no está mal saber qué quieres. Es bueno tener claridad sobre qué tipo de cónyuge te gustaría para compartir tu vida, qué valores son importantes para ti y qué quieres construir en un matrimonio. Eso es una brújula.

El problema aparece cuando esa brújula se convierte en una lista que cada persona tiene

que cumplir para poder siquiera tener una oportunidad. Entonces, dejamos de conocer personas reales y empezamos a buscar personajes.

¿Y si tu lista no es tan perfecta como crees?

Hay algo que me parece importante recordar: el matrimonio no es el fin de nuestra vida.

No estamos buscando a alguien para que encaje perfectamente en nuestro proyecto de casarnos.

Estamos buscando a una persona con su historia, sus virtudes, sus heridas, sus defectos y sus sueños. Y aquí vale la pena hacernos una pregunta: ¿qué nos garantiza que nuestra lista contiene exactamente aquello que nos hará felices?

¿Y si existe alguien que no cumple todas esas características que imaginaste y, sin embargo, puede hacerte profundamente feliz? No lo sabemos. Por eso, creo que hay que dejar un poco de espacio para que Dios también pueda sorprendernos.

No solamente se trata de buscar afuera

Cuando pensamos en encontrar pareja, toda la atención suele ir hacia “¿dónde está?”, “¿cuándo llegará?” o “¿por qué no encuentro a nadie?”.

Hay otra pregunta igual de importante: ¿quién estoy siendo yo?

Si quiero un hombre, una mujer paciente, ¿estoy aprendiendo yo a ser paciente? Si quiero un cónyuge generoso, ¿lo soy? Si quiero alguien que sepa escuchar, ¿sé escuchar?

No se trata solamente de buscar afuera las virtudes que anhelamos, sino de convertirnos

nosotros mismos en la persona que queremos llevar a un matrimonio.

Esto no significa que tengas que convertirte en perfecto antes de conocer a alguien. Todos estamos en proceso. Todos tenemos áreas por sanar y crecer. La buena noticia es que Dios no espera personas perfectas para amar; nos va formando mientras caminamos con Él.

Dale un poco de espacio al corazón

Creo que hemos empezado a desconfiar demasiado del enamoramiento. Sí, cuando nos enamoramos vemos a la otra persona con una mirada muy luminosa. ¡Qué regalo que sea así! Dios también puso esa capacidad en nuestro corazón para dejarnos tocar, ilusionarnos y abrirnos al amor.

Claro que el enamoramiento no basta para casarse. Después, viene el discernimiento, el

conocimiento profundo y la decisión de amar. No necesitamos tener todo resuelto desde la primera cita. Deja que la atracción haga su parte sin apagar la razón.

Entonces, ¿qué sí deberíamos buscar?

Más que una lista interminable, yo me fijaría en tres tipos de atracción:

  • Atracción física: ¿te atrae? ¿Te gusta? No tiene que ser perfecto; tiene que gustarte a ti.
  • Atracción psicológica: ¿te cae bien? ¿Disfrutan conversar, reírse y compartir la vida cotidiana? El matrimonio será, sobre todo, una amistad profunda.
  • Atracción espiritual: ¿Comparten lo esencial? Su visión del amor, la familia, la fe, los hijos y el sentido de vida. Eso sostendrá su matrimonio mucho más que cualquier lista.

Quizá el secreto no está en bajar tus estándares, sino en distinguir entre los que protegen lo verdaderamente importante y las expectativas que describen al hombre que imaginaste.

No tengas miedo de conocer. No tengas miedo de dejarte sorprender.

Al final no se trata de encontrar a alguien perfecto que cumpla perfectamente tu lista. Se trata de encontrar a alguien que te guste, que admires, con quien compartas lo esencial y con quien puedas decir: “quiero construir contigo y aprender a amarte cada día mejor.”

***

Quizá no es que nadie alcance. Quizá llevas tanto tiempo buscando a la persona que imaginaste que todavía no has dejado espacio para conocer a esa persona que Dios puede poner frente a ti.