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Día: septiembre 9, 2026

Influencers y amor: ¿por qué admiramos relaciones que no conocemos?

Imagina esa escena que tantas veces podemos encontrar en redes sociales: una pareja que se hace regalos sorpresa, un marido que escribe cartas a su mujer, un matrimonio que celebra su aniversario entre velas y flores. ¿Por qué nos enganchan tanto estas relaciones de personas que, probablemente, no conocemos de verdad?

Nos gusta ver esas escenas porque transmiten mucho romanticismo, una especie de perfección que lógicamente admiramos, pero que, en el fondo, son una versión editada de otra persona. No digo que no se den en la realidad, sino que simplemente ponen nuestro foco en una pequeña parte de la realidad de esas personas.

Veamos el lado positivo de los influencers

Sin ánimo de criticar, ya que este artículo no va de eso, hemos de ser justos: ver testimonios de matrimonios que viven nuestra misma fe, la forma de ver la sexualidad, el sentido de un compromiso para siempre, etc., pueden ser un regalo para los demás porque son temas que muchas veces no se hablan abiertamente. Nos pueden dar ideas, nos recuerdan que no estamos solos luchando por lo mismo.

En mi caso personal, yo hago mucha difusión en redes sobre lo que es vivir la sexualidad conyugal desde la visión cristiana, la familia, la educación de los hijos y veo que sí tiene un impacto positivo real cuando recibo mensajes de agradecimiento. Por lo tanto, no es cuestión de demonizar las redes sociales, sino de aprender a mirarlas bien.

Ver a los otros me suma experiencia

Un ejemplo para entender esta idea: yo puedo tener la casa hecha un desastre y sentir que me falta tiempo para hacer todo lo que quisiera. Si en ese momento veo la imagen de una mujer que tiene la casa perfecta, los niños pulcramente vestidos, que hace planes maravillosos… lo que no he de hacer nunca es venirme abajo comparándome, sino sacar consejos prácticos que me ayuden a vivir mi realidad. O dejar de seguir a ese perfil si veo que me hace daño o no me ayuda.

Lo mismo cuando veo imágenes de matrimonios “perfectos”. En las redes solo se muestra un resultado, no un proceso. No vemos la discusión que hubo detrás de esa foto bonita, ni el cansancio, ni el silencio incómodo de después (quizá no lo hubo, no sabemos). Lo que quiero decir con esto es que cuando comparamos nuestra realidad con el escaparate de otro, lo más probable es que salgamos perdiendo.

El amor maduro supone lo que no se muestra en redes

No es equiparable una vida conyugal real con su propia intimidad que se va forjando día a día con sus fallos e imperfecciones, con el ejemplo de una imagen puntual de un marido detallista que pone flores a su mujer en el desayuno cada día. El camino conyugal no es la suma de proyecciones instagrameras ajenas que pueden hacernos pensar que algo falla en nosotros.

El matrimonio es una vocación que se vive día a día: dos personas heridas y en crecimiento que se comprometen a construir juntas. Las crisis pequeñas, los roces, los desencuentros no son señal de que algo va mal, son lo normal, la base sobre la que se teje el amor maduro.

Tips para sume, no que reste

Una herramienta que nos puede ayudar a todos: cuando veamos publicaciones que nos lleven a la comparación, hacerse dos preguntas:

  1. ¿Qué puedo aprender o agradecer de esto?
  2. ¿Estoy midiendo mi matrimonio real con una imagen que ni siquiera es real?

Puede ayudar mucho limitar consumo de cierto tipo de contenido, hablarlo entre nosotros, o convertirlo en oportunidad de inspiración y de mejora personal, pero nunca en una comparación silenciosa.

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El amor conyugal no se parece a un carrete idílico interminable, se parece más bien a la fidelidad en lo ordinario, en donde nos vemos continuamente rozando y reconciliando, reviviendo la promesa que nos hicimos.

Aprovechemos únicamente de otros aquellas cosas que nos ayudan a vivir nuestras propias historias de carne y hueso, sin filtros.