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Día: septiembre 3, 2026

Sobre el varón y su silenciosa convicción

“Jacob trabajó siete años para poder casarse con Raquel, pero le parecieron unos pocos días, por el gran amor que le tenía.” Génesis 29, 20.

Ya se ha hablado que el hombre y la mujer son distintos. Eso no quiere decir que son diferentes en aptitudes, virtudes o sentimientos. Tanto hombre como mujer razonan, aman y sufren. Puede hallarse la virtud de la fortaleza en una mujer, así como la sensibilidad en un varón, e incluso en algunos casos, ella puede ser más fuerte que él, y él más sensible que ella.

Cuando decimos que son distintos nos referimos al modo de asimilar y reaccionar a las afecciones. Varón y mujer sufren y, aun así, la forma de afrontar el dolor no es la misma. Ambos se enamoran y la manera en que el amor los afecta es distinta.

Por eso considero importante que expongamos esta pregunta: ¿qué pasa cuando el varón ama? Responder esta cuestión no solo podría ampliar el conocimiento que la mujer tiene de nosotros, sino que puede exhortarnos a rescatar esta verdad esencial en nuestro ser.

Un corazón convencido

Cuando se enamora, el hombre en su simplicidad reacciona sin muchos rodeos: A o B. Lo quiero, lo busco. Hay una anécdota que lo ejemplifica. En medio de una tertulia, el prócer argentino José de San Martín conoció a quien sería su esposa, Remedios de Escalada. La respuesta fue corta y concisa: “esa mujer me ha mirado y me ha mirado para toda la vida”,expresó a su amigo Mariano Necochea. Tal así es la llaneza del razonamiento masculino.

Cuando una mujer no solo le parece atractiva, sino que la ve como “material para pareja”, responde desde el total convencimiento. Obvio que se consideran las diversas circunstancias, pero en cuanto a la manera de interpretar este sentimiento, no hay margen de vacilación. Definitivamente, quiero estar con esta mujer.

Acá surge la pregunta válida ¿si están así de convencidos, por qué algunos varones engañan a sus parejas? Esto que a primera vista parece contradictorio, en realidad son dos aspectos distintos de la afectividad masculina. El hombre sabe cuándo ve a una mujer como “futura pareja” y cuándo es una mera atracción sexual, aunque muchas veces la segunda termine imponiéndose sobre la primera. El que uno esté enamorado férreamente no anula los impulsos, ni garantiza fidelidad. Solo la disciplina y la virtud lo aseguran.

Sentir por sentir de nada vale

Comprender esta simple reacción explica cómo respondemos a este sentimiento. Asumir que se está enamorado implica dos posibilidades: o no hacemos nada y esperamos que el sentimiento se esfume o entramos en acción y emprendemos la conquista.

Para la lógica masculina, el sentimiento es inútil sin una reacción práctica. El enamorarse debe ir seguido de actos, no hay algo como un “sentir por sentir”. Un hombre que siente algo por una mujer, pero no está dispuesto a hacer nada, se queda a mitad de camino.

La costumbre de que “el hombre debe dar el primer paso” no es simplemente cultural, ni una cuestión de roles asignados. Parte de su disposición natural al actuar, sin detenimientos de la imaginación o la reflexión. Eso no asegura éxito en su empresa y es posible que sus sentimientos no sean correspondidos. Pues “el hombre propone, pero la mujer dispone”. Lo importante es que tenga la seguridad y el valor para obrar conforme a lo que siente.

Un sacrificio casi ilógico

Ahora bien, ¿cuál es la manera de demostrar este amor? Como así de llana es su forma de sentir, así de llana es su forma de expresarse. Servicio, cuidado y protección: es en el acto concreto en donde él ama y en dónde él se siente cómodo amando.

Hay en el hombre enamorado una disposición al sacrificio casi ilógica, en donde no mide esfuerzo ni distancias. Es gracioso notar cómo la mujer llega a asombrarse e incluso preocuparse por el nivel de entrega física que puede hacer su amante, y él en realidad no está lamentando su sacrificio, es más, ni siquiera lo premedita.

Ayuda y acompaña, va y viene, busca y lleva, muere y mata, sin consideraciones. Naciones enteras han sido arrasadas a causa de una mujer.

Es más fácil manifestar nuestra convicción en obras que en palabras. Muchas discordias surgen por esperar que el varón se exprese con palabras románticas o gestos de cariño. No es que no puedan, y el varón avispado sabe que son cosas que una mujer espera, pero definitivamente no son su fuerte. De hecho ¡los hace porque ella los espera! Puede que para él una flor sea solo una flor, pero entiende que a ella le gustan, y no necesita otra razón.

Dos objeciones

Después de todo lo dicho, algunos lectores pudieron haber quedado confundidos, por lo que cabe hacer un par de aclaraciones.

En primer lugar, dijimos que el varón, convencido de su amor, tiende a manifestar esta convicción. Acá podríamos objetar que “no todos los hombres enamorados se atreven a hablar con la mujer”. Es cierto, muchos optan por ocultar sus intenciones, por más convencidos que estén, pero esto no es porque no haya reacción, sino porque el hombre sigue siendo libre de no responder a ella.

No hay determinismo en los actos de la voluntad. Se necesita practicar la virtud y la confianza para ser fieles a uno mismo y a la propia naturaleza.

Por otro lado, podríamos preguntarnos “¿pero no existen acaso varones poetas y románticos?”.Claro que sí, algunos tienen este tacto y sensibilidad, pero esto en realidad es un “extra” y no anula la disposición a la acción. La facilidad del hombre para las palabras bonitas puede ser una virtud o un vicio. Virtud porque puede ser que comprenda las necesidades femeninas y sepa suplirlas. Vicio, porque hay algunos que hablan mucho, pero obran poco.

Como criterio, la mujer encontrará el amor sincero del varón más en sus actos que en sus palabras.

El miedo que callamos

Esto que voy a decir va de la mano con lo que dije anteriormente, que hay unos que por falta de confianza no se animan a expresar sus intenciones. Esta inseguridad parte de otra verdad natural masculina: el querer que su trabajo sea valorado.

El varón al esforzarse y servir a la mujer que ama, no solo espera ser correspondido, busca sentirse respetado y valorado. La admiración y la gratitud femenina son importantes para que preserve la confianza en sus acciones y esté en paz consigo mismo.

Si hay algo por lo que el hombre sufre, es por no sentirse útil. De ahí que hay un miedo, silencioso, áspero, en no ser suficiente para servir a la mujer. Las dificultades económicas, domésticas o físicas son un peso enorme que lo hacen creerse incapaz de ayudar y proveer.

El varón que no siente confianza para declararse, carga con el sentimiento de no ser suficiente para cumplir su rol.

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En conclusión, el amor del hombre es callado, pero no hacen falta las palabras para que sea sincero. Como San José, en su silencioso servicio y labor, demuestra su amor.

En 1901, G. K. Chesterton contrajo matrimonio para toda la vida con Frances Blogg. En una de sus anécdotas, el célebre escritor relata que, yendo de camino a la ceremonia, se detuvo a comprar su regalo de bodas: balas y un revólver. La razón de este curioso obsequio, cuenta él, es simple: “porque mi boda es la gran aventura de mi juventud, y también porque tenía la vaga idea de proteger a mi mujer de los piratas”.

Supongo que, tal vez, la vivencia del amor deba asumirse con esta sencillez e inocencia infantil de Chesterton, concibiéndola como una aventura. El varón solo puede ser fiel a esta verdad intrínseca de su corazón volviendo a la audacia, la emoción y a preferir el desafío sobre la comodidad y, sobre todo, estar dispuesto a proteger a la princesa.

Soy Juani Rodriguez pero @decime.negro