Resultados.

Día: agosto 17, 2026

Me propusieron tener una relación abierta. ¿Debería o no aceptar?

Antes de responder a esa propuesta —antes de decir que sí o que no— necesitas saber exactamente qué te están ofreciendo. Porque muchas personas dicen «sí» a algo que no terminan de entender. Otras dicen «no» sin poder explicar bien por qué. Vamos por partes.

¿Qué es una relación abierta?

Una relación abierta es un acuerdo entre dos personas en pareja donde se permite tener relaciones sexuales con otras personas fuera de la pareja, con conocimiento de ambos.

Se puede decir ­que se diferencia de la infidelidad, ya que hay consentimiento declarado—aunque en mi pobre opinión sigue siendo infidelidad, aunque ellos estén supuestamente de acuerdo—.

Se diferencia de la poligamia en que no hay un vínculo formal ni “compromiso real” con las otras personas. Y se diferencia del poliamor en que en el poliamor según ellos puede haber amor genuino hacia varias personas a la vez.

En la relación abierta, al menos en teoría, la pareja principal sigue siendo «la principal» y lo demás es principalmente sexual.

¡Aquí, querido lector, tuve que respirar para seguir escribiendo jaja! ¡El mundo está muy loco perdón!

En la práctica hay muchas versiones: solo uno sale con otros, los dos salen, solo juntos con terceros, con reglas, sin reglas, con fechas de revisión. Lo que todas tienen en común es esto: el acuerdo de exclusividad que define al amor de pareja queda suspendido.

¡Qué decir si esto es dentro de un matrimonio! ¡Mejor, sigamos!

La pregunta que nadie hace

Cuando alguien recibe esta propuesta, la conversación casi siempre se va al mismo lugar: «¿está bien o mal?», «¿es normal?», «¿lo hacen muchas parejas?».

Hay una pregunta más importante que casi nadie hace: “¿por qué me lo están proponiendo ahora?”.

La investigación es clara en esto: la propuesta de abrir una relación casi nunca llega cuando todo va bien. Llega cuando algo ya falló. Es decir, llega cuando aparecen el aburrimiento, la distancia, la insatisfacción y o el miedo al compromiso.

En lugar de nombrar ese problema y trabajarlo, se presenta una solución que suena moderna, valiente y hasta generosa: «¿y si le damos más “libertad” a esto?».

Abrir una relación que ya tiene grietas no la repara. Amplía esas grietas. Lo que entró roto, sale más roto. Yo creo que es tan simple como que El amor une, todo lo que divida no viene del Amor.

Lo que dicen los datos — y esto sí que impresiona

La Universidad de Rochester hizo un estudio amplio sobre distintos tipos de relaciones no monógamas. Sus hallazgos deberían leerse antes de tomar cualquier decisión.

Encontraron que el grupo que peor le fue en todos los indicadores —satisfacción, bienestar psicológico, soledad, distress emocional— fue el de las relaciones abiertas unilaterales.

Las relaciones abiertas unilaterales son aquellas donde uno de los dos quería monogamia y aceptó el acuerdo, generalmente por miedo a perder a su pareja. En ese grupo, el 60% estaba significativamente insatisfecho con su relación. Casi tres veces más que los grupos monógamos.

Léelo de nuevo: el 60% estaba insatisfecho con la relación abierta unilateral. No es una anécdota. Es el escenario más probable cuando alguien dice que sí a algo que en el fondo no quiere.

Y hay otro dato que conecta directo con lo que pasa psicológicamente: las personas con apego ansioso —las que tienen más miedo al abandono o que aman con mayor entrega, las que más necesitan sentirse seguras en su relación— son exactamente quienes más daño sufren en estos “arreglos”. Experimentan los celos con más frecuencia e intensidad. Perciben amenazas donde otros no las verían. Responden con más miedo, enojo y tristeza.

Es decir: quien acepta por miedo a perder a su pareja, suele ser la persona que menos puede sostener ese acuerdo emocionalmente.

Lo que pasa en tu cuerpo y por qué importa

Hay un argumento que intenta sonar razonable cuando te proponen esto: «es solo físico, no significa nada con las otras personas». Desde ahí todo parece más manejable.

Ese argumento tiene un problema de fondo: el cuerpo no es una herramienta separada de quién eres. No existe «solo físico» en el ser humano. Cuando entregas tu cuerpo, te entregas tú.

Es decir, cuando entregas tu cuerpo, psicológicamente también entregas tu historia, tu vulnerabilidad, tu capacidad de apego. San Juan Pablo II lo desarrolló con mucha profundidad en la Teología del Cuerpo. El cuerpo habla un lenguaje y ese lenguaje dice «me entrego a ti». Cuando ese lenguaje se dice a varios al mismo tiempo, no se multiplica el amor, se fragmenta la entrega.

Lo que muchos descubren demasiado tarde es que el cuerpo no sabe de acuerdos “racionales”. El cuerpo siente. El cuerpo se apega. El cuerpo se lastima.

La trampa de decir que sí por no perderlo

Este es el escenario más frecuente y silencioso: alguien acepta la relación abierta no porque la quiera, sino porque teme que, si dice que no, su pareja se va. En ese miedo dice que sí, convenciéndose de que va a poder, de que va a adaptarse, de que el amor lo sostiene todo.

Eso no es una decisión libre. Es una negociación hecha desde el miedo. Las decisiones tomadas desde el miedo casi siempre cuestan más de lo que se anticipó.

Si estás en ese lugar — si tu «sí» no es un sí genuino sino un «sí para que no te vayas» — lo que la propuesta te está revelando no es una oportunidad. Es información. Te está diciendo cómo te ve quien tienes enfrente.

¿Te ve como persona o como cosa? ¿Qué lugar ocupa tu bienestar en esa ecuación?

***

Para finalizar, te dejo otras 4 preguntas. No te pregunto si está bien o mal. Te pregunto algo más honesto:

  • ¿Te están amando o te están negociando?
  • ¿Esto es una propuesta o una condición?
  • ¿Cuánto de ti estás dispuesto a suprimir para que alguien se quede?
  • ¿Si tuvieras la certeza de que tu pareja se va a quedar sin importar lo que respondas, seguirías diciendo que sí?

La respuesta a estas preguntas —antes que cualquier acuerdo, antes que cualquier conversación sobre reglas y límites— son las que te dicen si lo que tienes enfrente es una relación o una negociación de supervivencia.

Si es lo segundo, el problema no es si abrir o no la relación. El problema en esa relación es más viejo que esa propuesta. Y merece una conversación diferente. En el fondo de tu corazón sé que anhelas un amor total, de entrega total para toda la vida, no te conformes.