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Día: agosto 11, 2026

El amor no se negocia: cuando el afecto se convierte en moneda de cambio

Creo que cualquier matrimonio (o pareja de novios) que me lea reconocerá o se ha visto en esta tesitura: «si tú no me ayudas en casa, no esperes cariño esta noche» o «yo cedí la última vez, ahora te toca a ti».

Estas son situaciones que fácilmente pueden darse. Espero que nadie se sienta mal si las ha vivido en primera persona, ¡somos humanos heridos! Seguramente son situaciones derivadas del cansancio del día a día, más cuando hay mucha tarea en el hogar con el cuidado de los hijos.

Comercio vs. comunión

Cuando convertimos el matrimonio en una especie de relación de socios comerciales con cláusulas incluidas es cuando realmente necesitamos volver al origen, al inicio: el matrimonio es comunión de personas y, desde el momento en el que dijimos ese primer sí quiero, nos debemos a nuestro cónyuge.

No deberíamos dejar que en nuestra realidad conyugal nos tratemos como medios para obtener algo, físico o emocional. Porque, cuando el afecto se negocia, deja de ser lenguaje de amor y se convierte en instrumento de poder.

Somos don

No es lo mismo decir “te doy si me das” que decir “me entrego a ti, incondicionalmente y sin reservas”. El matrimonio solo cobra sentido si se vive al 100%, cada uno en lo que pueda dar, no cuando se convierte tristemente en un 50-50.

Algunas referencias para meditar: Gaudium et Spes 24: “el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo». Además, leemos en Humanae Vitae 9 que el amor conyugal humano es total, fiel, fecundo.

Por otra parte, recordemos al Nuevo Testamento, en Efesios 5: Cristo no se entregó «a cambio de” nuestra respuesta. Se entregó primero, gratuitamente, incluso sabiendo que la respuesta sería pobre.

Darnos al 100% recíprocamente

Es posible que alguien pudiera objetar: «entonces, ¿me toca darlo todo, aunque el otro no dé nada? ¿Eso no es dejarse pisar?». En este punto es en el que conviene aclarar: que la entrega total, la que se promete en el matrimonio, no es sumisión ni anulación.

Entregarse importa, es esencial. Ha de ser mutua y en una actitud que no ponga condiciones previas. Es decir, y este orden es clave: no doy porque recibo, sino que ambos damos y de ahí nace una reciprocidad que nadie está midiendo.

Esa reciprocidad también incluye aprender a pedir, a expresar las necesidades, a corregir al cónyuge cuando sea necesario…

Tips para evitar al “matrimonio contrato”

El peligro de vivir en modo “contabilidad es que lleve a sobrevalorar lo que uno da e infravalorar lo que uno recibe. Se convierte al afecto en algo sospechoso. Esto, por ejemplo, sucede con frecuencia en el terreno de la intimidad conyugal, en donde muchas mujeres miran con recelo las palabras cariñosas de su marido pensando que eso significa que él quiere una relación sexual a cambio (y viceversa en tantos ejemplos)

Empiezan entonces a pensar “¿me lo da porque quiere algo?” ¡Y es una pena contemplar así el lenguaje del amor! Porque termina perdiendo su verdad. La lógica del don es la entrega sin reservas, sin “negociación pendiente”.

Por tanto, dejo un par de ideas que podrían ayudar evitar esa especie de contrato convenido:

  • la primera, dar primero sin esperar el turno a que te den a ti, cualquier oportunidad vale para aprovechar el don.
  • Y la segunda, hablar de las necesidades directamente, en vez de cobrarlas indirectamente.

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¿Acaso no nos dimos por adelantado TODO el día de nuestra boda, y el resto de nuestra vida para cumplir esa palabra? Dejemos el libro de cuentas, y convirtamos nuestro matrimonio en un cheque en blanco.