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Día: agosto 8, 2026

El peor consejo de castidad que escuché en el bondi

¿Qué es lo más importante en la castidad? ¿Se decide de a uno o se vive en pareja? ¿Hay que comunicar las tentaciones y las preocupaciones, o buscar uno solo la manera de no caer en la tentación? ¿Es suficiente, para no caer en la tentación, no llevar forro?

Todas estas preguntas me quedaron dando vueltas en la cabeza después de escuchar una curiosa conversación entre dos chicos en el bondi.

La conversación, más o menos, fue así:

Uno decía que había cortado con su novia porque había decidido ser casto, pero que ella se había enojado porque él no la había incluido en el proceso de discernimiento y, como ella no quería ser casta, habían decidido cortar después de dos años de relación.

Luego continuaron hablando sobre si era conveniente o no dormir juntos con la novia, sobre si pajearse mutuamente o sobre si estar desnudos en la cama.

Al terminar la conversación, uno le dice al otro:

«Si no querés caer en la tentación, no lleves forro, porque ahí lo vas a pensar dos veces. Pero no digas que yo te lo dije.»

Y ahí pensé:

«Pucha… cómo no conocen a las mujeres.»

Primera pregunta

¿Qué es lo más importante en la castidad?

En la castidad lo más importante es el orden. De hecho, ser casto no significa simplemente no tener relaciones sexuales en el noviazgo, sino que es una cuestión mucho más amplia que «me acuesto o no con mi novia».

Lo más importante en la castidad es, como diría san Agustín —un gran santo para seguir en esta cuestión porque literalmente la luchó en este ámbito (si no saben, consulten sus Confesiones)—, ordenar el amor. O, como diríamos hoy, ordenar las prioridades.

En otras palabras, saber a qué lugar corresponde cada cosa y cada quien.

Las relaciones sexuales, dentro de una relación, tienen un lugar y un tiempo determinados. Y cuando uno está de novio o casado es algo que se vive de a dos; no se decide unilateralmente.

En el noviazgo hay una abstinencia que prepara para conocerse mejor y, en el matrimonio, la castidad significa alternar períodos de abstinencia con períodos de intimidad.

¿Y qué es lo que marca eso?

El orden en el amor, en las prioridades, el conocer los tiempos del otro, los momentos que está viviendo, etc.

Lo que me lleva a la segunda pregunta.

Segunda pregunta

¿Se decide de a uno o se vive en pareja?

En esto, parafraseando a Santo Tomás, es necesario distinguir. En principio, como en todo acto moral, hay que considerar el objeto, el fin y las circunstancias; en otras palabras, la acción, el para qué y el en qué momento.

Esto significa, nuevamente, que la virtud de la castidad no va a ser igual para una persona soltera que para alguien que está de novio, que para alguien que está casado o que para alguien que está consagrado.

No basta con una cuestión netamente prohibitiva de «no al sexo». De nuevo, es algo mucho más amplio.

Y sí, si uno está soltero, ser casto va a implicar no tener sexo con nadie, incluso con uno mismo. Pero también va a implicar no ver pornografía, purificar el corazón, los pensamientos y la manera de hablar.

Pero no va a implicar que uno sea ciego, de palo o que no tenga sentimientos ni deseos. Significa que los va a ordenar al momento que está viviendo y que, al ser soltero, le corresponde hacerlo solo.

En cambio, al estar de novio ya entra a jugar la otra persona.

Esto no es un tema que se decida en soledad. Acá el discernimiento ha de ser de a dos y debe sentar las bases del noviazgo. Es una de esas conversaciones incómodas que se han de tener en las primeras citas, porque sientan las bases de las expectativas de la relación.

Y sí, es incómoda, pero ahorra mucho si se la tiene a tiempo.

¿Pero qué pasa en el caso del pibe de la conversación?

Al ser una relación de tiempo que no se cimentó sobre estas bases, la cuestión es más difícil, pero no imposible. El tema empieza por incluir al otro en el proceso de discernimiento, empezar a charlar y a comunicar lo que uno piensa. Porque, si ya hubo intimidad física, es hora de que también haya intimidad anímica y ambos puedan conocerse más.

Después de todo, la castidad en el noviazgo es el cimiento de la castidad en el matrimonio.

Algo dialogado y comunicado que ha de ser tan sencillo como que el otro sepa qué me está pasando por dentro.

Lo que me lleva a la tercera pregunta.

Tercera pregunta

¿Hay que comunicar las tentaciones y las preocupaciones, o buscar uno solo la manera de no caer en la tentación?

A ver, entiéndase una cosa: no todos los procesos han de ser abiertos. Obviamente, si tenés un sueño con Henry Cavill, no es necesario contárselo a tu pareja, ni tampoco necesita el otro un minuto a minuto de tu cabeza, alma y corazón.

Pero sí en lo que se refiere a la vivencia común de la castidad.

Y eso incluye las tentaciones, las caídas, las preocupaciones, pero también los gustos, los deseos, con qué se está cómodo y con qué no.

O sea, la comunicación es clave y la verdadera base para vivir la castidad, tanto en el noviazgo como en el matrimonio.

Y sí, es difícil, porque es exponer la vulnerabilidad de uno al otro. Pero, después de todo, de eso se trata amar y de eso se trata la intimidad: dejar entrar al otro en uno y volverse uno.

Lo que me lleva a la cuarta y última pregunta de este artículo.

Cuarta pregunta

¿Es suficiente, para no caer en la tentación, no llevar forro?

La respuesta es tan obvia que duele, pero la vamos a explicitar porque es el corazón del artículo y porque fue un mal consejo que partía de un desconocimiento de las mujeres.

No, no es suficiente. Porque, por más que no se lleve preservativo, si la mujer está en la fase ovulatoria y ambos se ponen en ocasión, no llevar preservativo no te va a ayudar… y nueve meses después…

A ver, no se malentienda. No es que seamos animales que nos dejemos llevar por el instinto. Pero, de nuevo, conocer al otro es importante. Entender que las chicas pasamos por distintas etapas del ciclo; que va a haber momentos en los que haya más deseo y otros en los que no los queramos ver ni en figuritas, o en los que solo queramos de nuestra pareja contención, cambia mucho.

Pero todo esto requiere comunicación y conocer al otro. Saber qué es conveniente para ambos, en qué momento y cómo. Y entender que la castidad en el noviazgo es algo de a dos.

Así que mi consejo es:

¡Si querés vivir la castidad, hablá con tu novia!

Pero no digas que yo te lo dije.