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Día: mayo 14, 2026

Inmadurez. ¿Realmente puedo estar en una relación?

“¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.”

(El Principito, 1943)

Que nos toquen el orgullo, es una cuestión delicada. En algunos puntos más que otros. En particular, hay tres palabras que hieren el ego en cualquier ámbito de nuestra vida: “no estás apto”. Me la juego de estar siendo demasiado subjetivo, pero uno puede superar que le digan de muchas formas, hasta que nos rebajan a la categoría de “inútil”. Por eso, si de amor hablamos, admitir que uno no está apto para estar en una relación exige un esfuerzo colosal, pues nadie quiere perderse esta experiencia.

Es normal y comprensible que no aceptemos que tenemos defectos. Cuando nos señalan una acción o una actitud que nunca habíamos distinguido, solemos buscar algo que lo justifique, o simplemente, nos ponemos a la defensiva y concluimos que el otro no es nada más que un… (insertar insulto a elección).

Muchas veces vemos situaciones de parejas que claramente no llevan una relación sana, pero que no están dispuestos a renunciar a ese vínculo. Uno lo puede atribuir a cuestiones particulares como inseguridades, viejas heridas o desorden afectivo, pero en definitiva todo se resume en una sola razón: aún falta madurar y no lo queremos aceptar.

El amor es cosa seria

Hay que recuperar la seriedad del amor. La inmadurez es fruto de la superficialidad y, para vencerla, es necesario recordar que hay cosas que no deben ser tomadas a la ligera. No estamos hablando acá de mojigatería, ni de rigor, sino de adecuarse a lo que las cosas son, sin creer que somos el centro del mundo.

¿Por qué el amor debe ser tomado en serio? En primer lugar, porque el amor implica una vinculación con los otros. Una relación amorosa incluye una dimensión social que, al igual que en todo ámbito, termina influyendo en cada una de sus partes. Una persona que empieza una relación sin discernir si está preparada o no comete una terrible irresponsabilidad, al no considerar que puede afectar negativamente al otro.

Por otro lado, amar no es solo algo que se queda en el plano de los sentimientos, sino que, como toda experiencia humana, repercute en cada aspecto de nosotros. El amor puede elevar lo que somos, perfeccionar cada una de nuestras cualidades y, si hablamos en términos cristianos, puede santificarnos.

Así también, un amor banal nos pervierte, nos rebaja y nos hiere. Es necesario, entonces, saber amar y saber qué amar.

¿Qué implica madurar?

La palabra “madurar” hoy es recibida con cierto rechazo, lo cual es otro signo de superficialidad. La madurez, como dije recién, no quiere decir renegar el entusiasmo natural ni de actuar rigurosamente en todo momento. Eso no es más que pedantería. La persona madura sabe distinguir los momentos específicos de decoro y de diversión y vivir plenamente cada uno.

Madurar es un acto de aceptación. El admitir que las cosas son como son y que no soy yo quien determina su valor. En otras palabras, madurar es comprender dónde uno está parado y obrar conforme a ello. Salir de uno mismo, renunciar al capricho personal, no por simple adaptación social, sino como una actitud de estar en armonía con el mundo.

El inmaduro no entiende del valor de las cosas. Bajo la mentalidad de “todo da lo mismo”, avanza sin consideración, actúa sin prudencia y quita a los eventos de la vida la solemnidad y la reverencia que merecen. A cada cosa le corresponde una actitud determinada y el amor, pues, es lo más valioso que el hombre tiene.

¿Cómo se refleja la inmadurez en las relaciones? Desde cuestiones ya sabidas, como la falta de confianza, los celos irracionales, la dependencia y el capricho. También se manifiesta de otros modos: la falta o el miedo al compromiso, la sexualidad sin restricciones y el desconocimiento del otro (qué busca, qué cree, qué aspira a lograr) son algunas de las consecuencias que más daño hacen a las relaciones actuales.

“Pero nunca seremos totalmente perfectos”

Aquellos que se niegan a estar en una relación, en general suelen dar como respuesta que “no se sienten completamente listos”. Esto es cierto, en algunas ocasiones, pero en otros casos, se anhela llegar a un estado de perfección que, siendo sinceros, nunca terminaremos de alcanzar en esta vida. Esta idea de que uno debe estar al máximo de su persona para estar de novios no solo es irrealizable, sino que es desconocer que uno se perfecciona cuando ama.

No obstante, aceptar que nunca seremos perfectos no quiere decir renunciar a todo tipo de esfuerzo. Toda relación es un proyecto y para que prospere, se requiere contar con una base previa sobre la cual trabajar. Si bien no es necesario “ser perfectos” para estar en pareja, sí hay cuestiones que son innegociables, porque son elementales en todo vínculo.

Estas cuestiones implican primero que nada un salto madurativo. Ser consciente de que cargo con defectos que, si no los trabajo, pueden dañarme a mí y a los demás. El buen trato, la responsabilidad, la generosidad, el respeto y la apertura al otro son fundamentales. Todo esto, aunque no asegura la perfección, es señal de madurez y garantía de una relación sana y virtuosa.

Madurez es humildad

Como dijimos al inicio de este artículo, es duro admitir que no estamos en condiciones ni que contamos con las aptitudes para asumir tal o cual empresa. No obstante, todo salto a la madurez implica un asentimiento de la realidad. Me someto y abrazo con devoción el valor que el mundo merece y, si no logro apreciarlo como se debe, es necesario que yo trabaje por ser merecedor de sus beneficios.

Gozar de los bienes de la realidad implica primero someterme a sus condiciones. En palabras de Chesterton: “golpea un vaso y no durará un instante; simplemente no lo golpees y durará miles de años. Tal así, parecía, era la alegría del hombre (…): la felicidad dependía de no hacer algo que podía hacerse en cualquier momento y que, muchas veces, no era obvio por qué no debía hacerse”(“Ortodoxia”, 1908). Un cura amigo lo decía de esta forma: “hay tres maneras de alcanzar la virtud: humildad… humildad… y humildad”.

No hay otro camino. El disfrute pleno de cada cosa, en este caso del amor, implica abrazar las condiciones del amor. Una persona inmadura no tiene tiempo, ni intenciones de someterse a las exigencias del mundo. Quien asume una relación con madurez, avanza con respeto, mira con profundidad y experimenta cada sentimiento con plenitud.

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Llegando al final de este artículo, conviene que cada uno haga un discernimiento personal. Ya sea soltero, ya sea en una relación, planteemos si estamos asumiendo este momento de nuestra vida con madurez.

Es triste ver que muchas personas se embarcan en noviazgos e incluso matrimonios, sin notar que, en efecto, no están asumiendo las cosas seriamente. Hay tiempo para jugar, hay tiempo para reír y hay tiempo para callar y reflexionar. Tal así es la riqueza del amor, que tanto abarca y tanto guarda, que termina siendo lo más valioso que podamos hallar.

En estos días, donde las cosas son tan desechables y negociables, el amor termina convirtiéndose en un bien incondicional, de un valor incalculable, que no debería tomarse a la ligera.

Soy Juani Rodriguez pero @decime.negro