La pornografía desde la perspectiva del padre Juan Ignacio Izquierdo en Ojos nuevos: el amor es más fuerte que la pornografía
En esta entrevista, conversamos con Juan Ignacio Izquierdo —sacerdote, abogado, teólogo y autor de Ojos nuevos: el amor es más fuerte que la pornografía— sobre uno de los temas más urgentes y silenciosos de nuestro tiempo: el impacto de la pornografía en la vida interior, en la libertad personal, en la afectividad y en la capacidad de amar.
A partir de su experiencia como sacerdote, educador y escritor, Don Juan reflexiona también sobre el amor, el matrimonio, la formación de los jóvenes y el sentido de haber escrito un libro que busca no solo denunciar un problema, sino también abrir caminos concretos de conversación, comprensión y salida.
Esta entrevista tiene más preguntas, puedes encontrarla completa en el siguiente enlace y el libro de Don Juan Ignacio puede comprarse a través del siguiente enlace. En caso de envíos internacionales vale la pena enviar un correo a la editorial para ver si es posible la gestión.
El alma de la persona que consume pornografía
Inna: Hoy sabemos bastante, desde la psiquiatría o la neurociencia, sobre los efectos de la pornografía en el cerebro. Pero quisiera preguntarle algo más profundo: ¿qué ocurre en el alma de una persona que se expone a la pornografía, sea ocasionalmente o de forma constante?
Juan: Si uno apela al alma, en el fondo está apelando a una pregunta decisiva: qué tipo de vida quiere alcanzar, qué tipo de vida quiere vivir. Esa es una de las preguntas centrales del libro y yo diría que es también el primer paso para salir de la pornografía.
A mí me gusta formularlo así: ¿qué tipo de montaña quieres escalar? Aristóteles decía que el ser humano tiene una naturaleza teleológica, es decir, que no está terminado, sino orientado hacia su perfección propia. Estamos en camino hacia nosotros mismos.
Nuestro yo más pleno
Por eso, la pregunta verdadera es quién es nuestro yo más pleno. Y yo diría que es la persona capaz de amar y de saberse amada. Ahora bien, todavía somos torpes para amar y todavía no alcanzamos a comprender del todo cuánto somos amados. En ambos sentidos, tenemos mucho que crecer.
Inna: ¿Y cuál sería la imagen de esa plenitud?
Juan: Pienso en esos matrimonios ancianos que llevan 60 años juntos y caminan por la playa al atardecer, de la mano, sin necesidad de hablar. Allí hay una forma de placer profundísima: el placer de la comunión, la dicha de no sentirse solo. Todos queremos eso, porque todos tenemos un terror profundo a la soledad.
Inna: ¿Cómo afecta al alma de esas personas el consumo o la exposición a la pornografía?
Don J: Si uno apela al alma, es por la pregunta de qué tipo de vida uno quiere alcanzar o qué tipo de vida uno quiere vivir. Y esto yo lo comento en el libro, también, como el primer punto para poder salir de la pornografía, o el libro tiene en la segunda parte como siete pasos para poder salir. El primero es este, es decir, ¿qué tipo de vida quieres tener? Una imagen que me gusta es, ¿qué tipo de montaña quieres escalar?
La naturaleza teleológica del ser humano
Aristóteles dice, antes de Cristo, que el ser humano tiene una naturaleza teleológica, es decir, que no está terminada, sino que tiende a su perfección propia, que tiende a una realización, es decir, que está en crecimiento hacia sí mismo. Esto es muy bonito, decir que tú y yo todavía no hemos alcanzado nuestro propio yo, que no hemos llegado a ser nosotros mismos, porque nuestro yo es la versión más realizada, para la cual nosotros estamos ahora en camino.
La pregunta, por lo tanto, es ¿quién es nuestro verdadero yo? Y nuestro verdadero yo es la persona capaz de amar y la persona que es consciente de que es amada. Y nosotros ahora reconocemos la parcialidad del camino al admitir que no nos damos del todo cuenta lo amados que somos y que somos torpes en nuestra capacidad de amar. Por lo tanto, en esos dos caminos o en esos dos puntos tenemos mucho que crecer.
¿Cuánto es mucha pornografía, cuánto es poca?
Inna: Frente a la frase: “Yo consumo pornografía, pero cuando me case dejaré de hacerlo”. ¿Qué piensa usted frente a esa postura? ¿Qué le diría a ese joven?
Juan: Mira, primero yo le preguntaría, ¿cuánta pornografía ve? Ya es una pregunta que puede ser invasiva, entonces no sé si lo preguntaría como te lo digo yo ahora, yo haría con mucha más cautela y delicadeza y asegurándome de que él quiere hablar del asunto, pero es una pregunta a la cual hay que llegar porque mucha gente dice, “No, yo veo un poquito pornografía y listo y lo tengo super controlado”.
En realidad lo que nadie dice quizás, o quizás se dice mucho, no sé, es que la pornografía rápidamente se transforma en una adicción. ¿Cuánto es mucho y cuánto es poco? Entonces, no es lo mismo ver una vez al mes, qué ver todos los días.
Entonces, si uno ve todos los días, ¿qué pasa? Que, y esto me lo encuentro con frecuencia, que hay algunas personas que te pueden decir: “no, yo veo pornografía de vez en cuando y no tengo ningún problema”. Efectivamente, puede ser que esté menos atrapado, pero lo que es mucho más común es que te digan, “oye, estoy viendo pornografía con frecuencia y muchas veces me sorprendo a mí mismo porque yo no quería ver y sin embargo terminé viendo”. Es decir, no es un ejercicio de la libertad, más bien se parece a un ejercicio de la esclavitud.
El problema de la literatura erótica
Inna: Si el problema es instrumentalizar a un ser humano, ¿cuál es el problema de la literatura erótica, por ejemplo, en donde no hay ninguna persona humana real involucrada?
Juan: Es muy común como puerta de acceso para las mujeres. O sea, lo que dice la estadística es que las mujeres no empiezan con los videos, empiezan con la literatura erótica que, a veces, compraron sin darse cuenta porque estaba en la librería, en la sección de literatura juvenil. Se la compró la mamá por ejemplo.
Y entonces la hija, a lo mejor, efectivamente, se empieza a enganchar y luego, en internet, hay muchas plataformas con relatos, se fascinan con relatos sofisticados y tortuosos. Y a partir de ahí, como esto tiene su señuelo, digamos, pero luego el asunto empieza a escalar porque lo que es propio de las drogas es el principio de la tolerancia, es decir, que lo que te excita al principio luego se desgasta y tú para poder tener la misma excitación que tuviste en la vida anterior necesitáis un nivel más arriba de intensidad o de duración.
Homenaje a Lewis
Inna: Me causó mucha curiosidad el formato que usted eligió para escribir este libro, porque no es un formato común dentro de las obras de divulgación. Pareciera como inspirada o que quiere homenajear incluso también un poco a lo que es Cartas del diablo a su sobrino, de C. S. Lewis. ¿Por qué usted eligió un formato que para mí resulta muy novedoso?
Juan: Dentro de este tema, en la medida que lo fui estudiando, me di cuenta que hay un campo que es para los políticos, digamos, para la gente que quiere tomar medidas como drásticas o pelearse, digamos, con los tipos de la industria, no es mi papel. El mío como sacerdote y capellán de colegio es más bien ayudar al consumidor, es decir, la persona que viene a conversar conmigo, la persona que está en mi colegio o el papá también que puede, o la mamá, ¿no?
Sobre la primera y la segunda parte del libro: breve explicación de su estructura
En fin, la persona que ve pornografía y que quiere salir, que la quiere abandonar, ¿qué hace? Ahí entra mi libro y, además, dentro de un nicho que es justo hasta antes del psicólogo o el psiquiatra. Y por lo tanto, en este libro, hay dos partes. La primera mitad es como decirle al lector, “mira, yo ya sé que tú sabes que esto hace mal, por eso estáis leyendo el libro, pero es muy probable que no sepas del todo qué tan mal hace”. Entonces, esa es la primera mitad, de manera que tú tengas una más completa convicción del daño que esto te genera en ti, en tu cerebro, en tu corazón, en la sociedad, en tu alma, como decíamos al inicio.
Y la segunda mitad, en cambio, ya es cómo salir, que es la parte que más me interesaba llegar, porque la parte práctica es la que el lector más quiere llegar.
¿Por qué el género de obra de teatro? Porque lo que todo el mundo reconoce, y esto lo dice en una frase que resume muy bien Pep Borrell, un héroe…Dice, “a la pornografía se entra solo, pero se sale acompañado”.
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Si como dice el padre Juan, la persona plena es aquella que es “capaz de amar y de saberse amada”, quienes se ven afectados por el consumo adictivo de la pornografía, se encuentran atados, pues “no es un ejercicio de la libertad, más bien se parece a un ejercicio de la esclavitud”.
La pornografía hoy está al alcance de cualquiera hija amada de sus papás, un regalo de un libro, un relato aparentemente inocente, es el enganche, la atadura a la lectura de historias cada vez más tortuosas. Este libro es para aquellos que necesitan un punto de vista de un sacerdote, una perspectiva exterior a la del psicólogo, o a la del psiquiata. No dejes de recomendarlo si conocés a algún hermano en Cristo que le pueda ser útil.