En el noviazgo pueden aparecer muchos miedos e incertidumbres del futuro matrimonio. Principalmente, la convivencia, si aparecerán cosas nuevas, si seremos compatibles, si sobreviviremos como pareja.
Quizá sea por lo que vemos en otros casos, sobre todo los más públicos o de figuras reconocidas. Comienzan las dudas sobre si realmente estamos destinados a sufrir problemas que “nadie puede evitar”, o condenados a ser uno más que pasó por eso. La respuesta es que sí, humanamente no podremos llegar lejos.
Somos distintos
Existe un libro muy recomendado del Padre Salvador J. Fornieles Cuando digo sí que pasa sobre el Matrimonio y sus gracias que explica muy bien este estado.
En la práctica, se puede reconocer que las peleas que teníamos en el noviazgo no son como las de casados.
Tiene que ver con la forma de ser de uno y otro, hasta dónde trabaja su carácter y quiere aprender. El caso es que, de novios, suelen ser peleas pastosas, con lenta reconciliación, o por lo menos incomprendidas en el fondo durante un tiempo.
Y es que al recibir el sacramento del Matrimonio nuestros corazones cambian efectivamente.
La Gracia del sacramento
No hay otra explicación. Como puede ser que antes era tan difícil reconocerlo, perdonarse, hablarse o no dejar de hablarse. Ahora hasta viviendo bajo el mismo techo puede ser resolverse tan sobre ruedas.
¿No es que íbamos a pelearnos permanentemente con una convivencia complicada? Bueno, tampoco es que todo vaya sobre nubes. Por supuesto que hay desencuentros, impaciencias, cuestiones “intolerantes” que se pueden o no acumular.
Solo hay una realidad completamente distinta queramos verla o no: ya no somos dos personas separadas, somos uno con Dios. Cuanto más nos apoyamos en Él y su gracia, más rápido y ágil es todo.
Crecemos, avanzamos, nos transformamos pareciéndonos a Él. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura –por un motivo humano y sobrenatural a la vez– las virtudes del hogar cristiano. Repito: la gracia de Dios no les falta.
Unión intrínseca
“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.”
Es verdad que antes cada uno estaba muy cerca y en gracia de Dios. La de ahora es otra condición distinta.Esa unión es permanente y es su nueva condición. Mientras cada uno esté en sus cosas, estará unido al otro.
‘A donde vayan, irán juntos’ y unidos por el sacramento, depende de ellos continuar ese crecimiento y mejoría de ambos unidos a Dios, por medio de su gracia. Eso podría explicar porque pueden entenderse tan bien, solucionar mucho más rápido sus actuales y más complejos conflictos. La vida trae más responsabilidades que humanamente pueden parecer extremas, pero en donde.
Él cuenta con nosotros: el amor profundo e incondicional de los esposos, imagen del amor de Cristo por su Iglesia, que dio su vida por ella, parece teórico, pero no lo es, porque es expresión del “amaos como yo os he amado».
En orden a su Gloria
No es bueno que el hombre esté solo, y a pesar de eso puede estar el cuco de la multitud o tropa de familia. Seguramente porque no conocemos a una de cerca, donde las alegrías se multiplican y las penas se dividen.
Un regalo tan enorme son los hijos que llegan a despeinarnos completamente en todos los sentidos. Justamente ‘el matrimonio es el lugar donde se revela la Santísima Trinidad’, ‘en el matrimonio se forma una comunidad de personas a la manera de la comunidad de Personas de la Santísima Trinidad.’ ‘Éstase hace presente en el matrimonio y en esto consiste la semejanza.’
***
Dios lo quiere así, y en esta vocación es nuestro deber aprehender a comunicarnos y cuidarnos como familia, primero que nada como pareja. ‘Cuando el hombre dice sí, el cielo también lo dice; cuando el hombre se une en matrimonio, Dios lo une, y mantendrá su voluntad unitiva para siempre.’