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¿Quiero estar con alguien por miedo a quedarme solo?

En algún momento, todos nos hemos hecho esta pregunta, aunque no siempre lo reconozcamos en voz alta. Vivimos en una cultura que nos empuja a tener pareja como si fuera un requisito para ser felices y, cuando vemos a todos a nuestro alrededor subiendo fotos románticas o hablando de esa persona especia, el silencio de nuestra soltería puede hacerse más fuerte.

¿Qué pasa cuando el deseo de estar con alguien nace más del miedo que del amor? Es por ello que te invitamos a tener en cuenta estas cuatro premisas.

El miedo a la soledad

La soledad asusta. Nadie quiere sentirse sobrando o quedándose atrás. Muchas veces, el miedo nos lleva a aceptar relaciones que no son sanas, donde nos conformamos con menos de lo que merecemos. Es como llenar un vacío a la fuerza, aunque lo que pongamos dentro no encaje.

El amor no nace del miedo

Desde nuestra fe, sabemos que el amor verdadero no puede florecer en el miedo. San Juan nos lo recuerda: “en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Jn 4,18). Amar no es buscar a alguien solo para no sentirme vacío, sino descubrir en la otra persona un camino para crecer, para entregarme, para caminar juntos hacia Dios.

¿Y qué hago con mi soledad?

La soledad no es un enemigo; puede ser una maestra. En ella podemos conocernos mejor, aprender a estar con nosotros mismos y, sobre todo, descubrir que no estamos solos: Cristo siempre está presente. Aprender a disfrutar la vida desde esta plenitud es el mejor regalo que luego podemos llevar a una relación.

Una pregunta que libera

Entonces, la próxima vez que te preguntes: “¿quiero estar con alguien por miedo a quedarme solo?”, míralo como una oportunidad. Es decir, obsérvalo como una oportunidad para profundizar en ti mismo, para dejar que Dios sane esos miedos y para prepararte a amar de verdad, sin prisas ni presiones, con la libertad de quien sabe que ya es amado infinitamente por Él.Principio del formulario

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Al final, el amor verdadero no nace del miedo, sino de la libertad de saberse amado por Dios. El Papa Francisco lo dice con claridad: “el amor verdadero es el que nos hace libres, no esclavos: libres siempre, nos hace libres, nos lleva adelante”.

Así que no se trata de buscar a alguien para tapar vacíos, sino de esperar con confianza. Porque cuando llegue el momento y la persona adecuada, será un amor que no nace del miedo, sino de la plenitud.

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