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Hablar desde la verdad, pero sin dañar al otro

¿Alguna vez has leído o escuchado decir que los hombres vienen de Marte y las mujeres de Venus?

El concepto que hay detrás de esta frase es muy acertado, el hombre y la mujer son muy diferentes.

Somos diferentes no solo físicamente, si no también, emocionalmente. Además, nuestra manera de comunicar no escapa de estas diferencias.

Comunicarnos como Cristo ama

En el corazón del matrimonio católico está el compromiso de amar como Cristo ama. Es decir, amar con entrega, paciencia y verdad. Una de las expresiones más concretas de este amor es la comunicación. No se trata solo de hablar, sino de comunicarse con autenticidad, respeto y caridad hacia el otro.

Hablar con la verdad, entonces, no significa decir todo lo que pensamos sin ningún filtro y sin importarnos si herimos al otro. Así, hablar con verdad no es lo mismo que hablar con brutalidad.

En una relación tan íntima como el matrimonio, la forma en que se dicen las cosas es tan importante como lo que se dice. El objetivo nunca debe ser ganar una discusión, sino buscar el bien del otro y el bien común de la pareja.

Tips para mejorar la comunicación

Para poder comunicar bien, primero, hay que aprender a escuchar. Así, la escucha activa consiste en escuchar al otro con atención, sin interrumpir ni juzgar. Esta es una forma concreta de amar. A veces, lo que el otro necesita no es una solución, sino sentir que es comprendido.

Por otra parte, la forma en la que decimos las cosas sí importa. Tenemos que decir la verdad y, también, decirla con ternura. ¿Por qué? Porque la verdad dicha sin caridad puede herir. Cuando nos expresamos desde el amor, incluso una corrección difícil puede sanar. Para poder expresarte desde el amor, pregúntate: ¿cómo me gustaría que me dijeran esto a mí?

En tercer lugar, importa decir que el perdón es un pilar fundamental en el matrimonio. Por lo tanto, los silencios tienen lugar solo si es para disminuir la tensión del momento. Así, no se puede hacer silencio para evitar responder de manera agresiva.

Por consiguiente, en cuarto lugar, es necesario aclarar que evitar el silencio destructivo. Guardarse lo que duele o molesta por miedo al conflicto puede acumular resentimiento. El silencio puede ser más dañino que una conversación incómoda. Sin embargo, hablar desde la calma y la oración puede transformar el conflicto en crecimiento.

Por último, pero no menos importante, se destaca la importancia tener momento en común donde podamos pedir que se nos ayude a comunicar desde la caridad. Así, es muy necesaria la oración conjunta. Pues, rezar juntos abre el corazón a la humildad. Invitar a Dios a la conversación ayuda a poner el orgullo de lado y a buscar soluciones desde el amor y la unidad.

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Hablar desde la verdad, con humildad y sin herir, es una forma de imitar a Cristo, que nunca dejó de decir la verdad, pero siempre con misericordia.

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