¿Quieres un amor verdadero, pero Dios no responde?



Es verdad que la etapa de la soltería tiene retos concretos y a veces es difícil comprender el sentido de la espera: tenemos ansias de amor, vacíos y carencias afectivas, nos sentimos profundamente solos, sufrimos la presión externa e interna por plenificarnos en una relación, vemos a Dios cumplir sus promesas en la vida de otros… pero en nuestra propia vida no hay respuesta.

Yo he experimentado todo lo anterior, y quisiera dejarte 4 reflexiones sobre la soltería que han sido la respuesta de Dios para mí.


#1 Dios ya te contestó

En cada signo de tu vida hay una respuesta divina. En la espera hay una respuesta, en la soledad le está hablando a tu corazón… No creas jamás que Dios no te oye o no le importan los anhelos de tu corazón solo porque no se dan las cosas como tú quieres. No hay NADIE más interesado en satisfacer tus anhelos que Él. Pero lo cierto es que te ama tanto que no te dará todo lo que le pidas, si no estás listo para recibirlo o si aquello que pides no será un bien para ti.

#2 No idealices el amor de una pareja

La idealización del amor romántico nos ha llevado a pensar que la única vocación deseable y plena es el matrimonio. Esto nos impide preguntarnos seriamente: “¿a qué vocación me llama el amor?, ¿de qué forma concreta podré amar y ser amado a plenitud?”. La mejor vocación será la tuya propia: confía en que AHÍ Dios quiere hacerte plenamente feliz. La idea de que solo seremos realmente felices estando en una relación “de película” hace que olvidemos que generalmente en las películas no muestran la cruz. Toda vocación tiene su cruz propia, y el amor humano en la vocación matrimonial es bello, verdadero y exigente. El solo anhelo no será suficiente para construir ese amor, si nuestras expectativas y capacidades no están aterrizadas y trabajadas adecuadamente.

#3 Dios no va a “mandarte” a nadie

Resulta que Dios no es un Rappi, y las personas no son productos que te mandan. Desmiente de tu corazón esa idea falsa de que alguien más tiene que venir, o “llegar” o “ser enviado” para saciar tu corazón.

El plan de Dios para ti, sí puede pasar por una persona —es decir, puede incluir a alguien específico—, pero no se limita ni se agota en una persona. Su plan para ti es la felicidad PLENA, la SANTIDAD. Y a veces, por estar esperando que alguien “llegue”, se nos olvida vivir la vocación al amor AQUÍ y AHORA. Recuerda que las personas no fueron hechas para ti: fuimos hechos para Dios. El amor humano es la vivencia mutua de ese llamado entre dos personas que no viven para sí mismos, ni para saciarse mutuamente. Viven juntos la plenitud que Dios ya le ha dado a dado a cada uno y que, edificados en la unidad, los conducirá a su presencia.

#4 La soltería es una espera ACTIVA

La soltería implica una espera, un discernimiento sobre la vocación particular de cada uno. NO es una espera vacía, ni tediosa, ni un castigo o un signo de que algo está mal en ti. No la desperdicies: es el tiempo de conocerte, de sanar, de prepararte para ser un don verdadero para alguien más.

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Más que agobiarte pensando en la persona que anhelas para tu vida, dedícate durante la soltería a ser esa persona que alguien más se merece: no puedes exigir del amor algo que no has dejado al amor construir en ti.



Maria Paula Aldana @somos.sos