La familia: lugar donde aprendemos la misericordia




Para algunos es algo parecido a la empatía, para otros está más bien ligada a acciones. Otros creen que es dar algo a alguien que lo necesita más que yo, y, por último, algunos creen —y aquí tal vez estamos la mayoría— que es lo opuesto a la justicia.


Misericordia y justicia


Lo cierto es que ambas cosas están muy presentes en nuestra vida: la justicia y la misericordia. ¿Por qué? Tal vez porque las dos experiencias más comunes que tenemos son la de vivir en una familia, y la de trabajar junto a otros. Mientras que el trabajo nos da un sentido de la justicia, la familia nos muestra lo que es la misericordia. Voy a explicarme un poco más.


Cuando trabajamos en conjunto con otros, a cada uno le corresponde una parte del resultado según su trabajo. Si tres personas construyen una casa; cuando esté terminada a cada uno le corresponderá su parte de la casa, o la ganancia, en proporción al trabajo que realizó, ¿cierto? A cada uno se le dará lo que corresponde, se lo hará de forma justa, solemos decir.


El primer lugar de la misericordia


Y ahora: ¿de dónde nos viene el sentido de la misericordia? Nos viene de nuestra experiencia de la familia. ¿No es acaso la familia el lugar donde se debería experimentar por vez primera la sobreabundancia en el amor? Pasa siempre que, en la familia, no se nos da a cada uno según lo que nos corresponde, sino que se nos da según nuestra necesidad y en una sobreabundancia de amor


En la familia el amor no debería estar ligado al resultado, a lo que alguien haga o deje de hacer: una mamá ama a su hijo sin importar nada más; o más bien, más allá de sus acciones o decisiones, buenas o malas. Por esto es que el primer lugar donde aprendemos de misericordia es en la familia. Es el primer lugar donde uno debería experimentar que el amor no es proporcional a lo que hagamos o dejemos de hacer. Simplemente, se nos da amor y ya. Más allá de todo, más allá de nuestras acciones, más allá de nuestro temperamento, más allá de nuestros resultados, podríamos decir más allá de lo que merecemos; más allá de la justicia.


Importancia de la familia


¿Será tal vez por esto que la parábola más recordada de la misericordia es la del hijo pródigo? Nadie es hijo sin un padre y una madre, ¿no? Nadie es hijo sin una familia. ¿Será también por esto que el Evangelio de la fiesta de la Misericordia nos muestra el sacramento de la reconciliación? Jesús da este sacramento en un ambiente familiar: “estaban los discípulos a puerta cerrada”. No lo dio mientras predicaba, u obraba milagros; curiosamente, en un ambiente familiar y resucitado.


Solamente se encontraban los apóstoles, en un ambiente familiar. Es claro que la comunidad de los apóstoles se encuentra más ligada al amor que a los resultados. Jesús no buscaba un número creciente de apóstoles. Le bastaba con doce. Tal vez, el mejor ejemplo para ver que Jesús busca más el amor que los resultados es Judas. La comunidad de los apóstoles no se encuentra del lado de los resultados y la justicia: se encuentra del lado del amor y la misericordia.


Misericordia y cuarentena


Por último, quisiera plasmar un pensamiento de la situación actual. En esta época de pandemia y postpandemia, donde nos hemos encontrado encerrados con nuestras familias; y se ha acentuado mucho más la vida familiar que la de trabajo —cosa que seguramente a muchos no nos pasaba hace tiempo—, sabiendo que esto no escapa a la Providencia. ¿No será acaso que, en esta sociedad en la que a la mayoría de las personas se las medía por sus resultados, en la que valías lo que producías, en la que estaba tan acentuada la justicia, ahora Dios haya querido que regresemos la mirada a la misericordia? Y así la veremos en su primer momento, en su primer lugar: en la sobreabundancia de un amor familiar.


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