Deseo sexual en varones y mujeres


¿Qué espera una mujer de una relación sexual? ¿Qué espera un hombre? Estas preguntas son muy importantes, porque no esperamos lo mismo. No somos iguales, ni en el terreno afectivo ni en el sexual. Me gusta pensar que la vivencia sexual es complementaria, afectiva y espiritualmente. Y comienza por el deseo.


Aprender a vivir con las diferencias

Teniendo en cuenta que el deseo sexual es humano, hay que conocer cómo es el en el hombre y cómo es en la mujer, porque no es igual. Y, si el sexo conyugal está para crecer en el amor, aprender a vivir con las diferencias que nos caracterizan es fundamental. Explica Mariolina Ceriotti que el sexo es el lugar de encuentro más personal y más íntimo entre lo masculino y lo femenino. Se necesita tiempo para conocerse, para entenderse en las diferencias de cada uno y lograr la armonía sexual.


El hombre, del cuerpo al corazón

El deseo sexual masculino se activa por la belleza de la mujer, por sus atributos sexuales. Él puede seguir deseando a su mujer incluso en momentos de conflicto o después de una discusión. Todo empieza por mirar lo que le gusta…


Para muchos hombres, la sexualidad es fundamental para sentirse unidos a su mujer, y poder así mostrar sus sentimientos amorosos. Ellos demuestran amor con el sexo.


La mujer, del corazón al cuerpo

El deseo sexual femenino, sin embargo, comienza con la necesidad de sentirse profundamente sujeto (no objeto). Ella precisa sentir que es capaz de despertar el amor y el deseo en el otro. Todo empieza por sentirse mirada con amor, lo que le ayudará a sentir el deseo sexual. Ellas demuestran amor con el afecto.


Un peligro que puede acechar

Cuando no se tienen en cuenta estas diferencias, principalmente por desconocimiento, aparecen los reproches: por parte del hombre, porque no se siente correspondido, por lo cual tiende a pedir cuentas; por parte de la mujer, cuando le recrimina a él su aparente dejadez o el sentirse utilizada. Incluso sabiendo que existen evidentes diferencias, es fácil caer en la tentación de culparse mutuamente.


Por ello, es bien necesario que en el matrimonio se hable de la experiencia del deseo sexual, porque así se evitan problemas, como que la mujer se sienta utilizada, o que el hombre se sienta poco amado cuando ella rehúye las relaciones sexuales. Dejar de tener relaciones no ayuda a la unión, ya que es una demostración de amor propia del matrimonio, en la cual se hace patente la entrega de la vida a través del cuerpo.


El deseo es educable

Al mismo tiempo, es necesario tomar conciencia de que el deseo sexual no es un instinto, sino que es una inclinación, por lo que es educable. Ser dueños del impulso sexual es posible y positivo —¿acaso no educamos a nuestros hijos en la espera?—. La paciencia es una virtud, y la paciencia sexual necesaria para entendernos, también. En este sentido, las diferencias entre varones y mujeres en cuanto al deseo sexual no deben ser dramáticas, sino que se viven como parte de la vida conyugal.


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El deseo sexual consiste en la atracción física hacia otro, que nos afecta y nos atrapa. Y no sólo es bueno que esté, sino que, de hecho, es necesario. Reconocer sus características diferenciadas entre hombre y mujer nos permite una comprensión más profunda de lo que el deseo implica.


Porque, en verdad, va más allá de lo corporal: es un aviso de lo que nos espera, ¡es un aviso de la felicidad! En efecto, aunque la voluntad no forma parte de él, el deseo sexual responde al deseo profundo que todos tenemos de querer y ser queridos, y que necesariamente comienza con nuestro cuerpo. La realidad es que el deseo sexual nos llama a la entrega total.


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