Dependencia emocional



La dependencia emocional es un trastorno de la personalidad que se caracteriza por la creencia de la persona de que no vale lo suficiente. Esta carencia en su autoestima la lleva a buscar su seguridad continuamente, en otras personas y en factores externos, sin confiar en su criterio interno y en su capacidad. En simples palabras, la dependencia emocional es entregarle el mando del bienestar propio a otra persona.


La dependencia emocional en la relación de pareja


Ahora bien, en la relación de pareja es necesario cierto nivel de dependencia. Tanto en el noviazgo como en el matrimonio, uno de los fines de esa unión es potenciar la vida de la otra persona, buscando su satisfacción y felicidad; se trata de dejar de pensar de manera individual, y aprender a pensar en plural.


Por ello, para relacionarse hay que tener un cierto grado de dependencia sana. De lo contrario, la relación termina siendo disfuncional, y se convierte en una mera yuxtaposición de dos seres individualistas. Cuando hay una independencia emocional de pareja total, no se puede construir una relación equilibrada, y ello los puede conducir, por ejemplo, a la falta de objetivos comunes.


Así mismo, si uno de los dos tiene un alto grado de dependencia, se convierte en una relación desequilibrada, y la persona dependiente puede sentirse inferior a su pareja, y dispuesta a obedecer todo. Esto se convierte en un grave problema cuando la persona dependiente se deja controlar por la necesidad de aprobación que le trae el trastorno de dependencia emocional.


Algunos indicadores de la dependencia emocional


Prestemos atención a los siguientes puntos, a la hora de considerar qué nos puede estar indicando la presencia de una dependencia emocional:


  • Los dependientes emocionales se sienten los únicos responsables de la felicidad de la pareja, sintiendo orgullo si las cosas van bien. De igual forma, sienten culpa si la pareja fracasa.


  • Los dependientes emocionales experimentan un gran vacío y malestar cuando se alejan de la persona en quien se centra su dependencia. Experimentan una necesidad insaciable de estar con ella.


  • Los dependientes emocionales no son capaces de abandonar una relación, aunque estén siendo menospreciados, utilizados o maltratados.


¿Se puede revertir este desorden emocional?


¡Claro que sí! Nuestras emociones pueden ser educadas. Es cierto que nuestra manera de sentir y pensar fue desarrollada según lo vivido y aprendido en nuestra infancia y vida adulta, y eso puede haber sido algo involuntario. Algo que no decidimos, sino que fue lo que “nos tocó vivir”. Pero resulta igualmente cierto que nosotros decidimos si queremos mantener o no esa forma de significar los acontecimientos, y esto es algo voluntario, que corre por nuestra cuenta.


Identificar nuestras debilidades emocionales —como la baja autoestima y las inseguridades— y trabajar en nuestra salud emocional es una buena forma de prevenir y revertir cualquier toxicidad afectiva. Las fortalezas y la autoestima actúan como un factor de protección frente a la dependencia emocional. Cultivar el amor propio y el autoconocimiento: esta es la clave para generar relaciones saludables con uno mismo y con los demás.


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En cualquier tipo de relación, a veces uno viene con el factor “dependencia emocional” implantado en su temperamento; por cuestiones del contexto en que crecimos; falta de afecto, autoestima dañada, abandonos, etcétera. En otras ocasiones, se genera una dependencia afectiva a causa de una relación tóxica y violenta —en cualquiera de sus formas—.


Por ello, resulta sumamente importante identificarla, y redireccionar nuestras acciones, omisiones o las formas en las que nos permitimos interrelacionarnos con alguien más. Porque la sanación de este trastorno en nuestra personalidad depende pura y exclusivamente de nosotros. Solemos delegar la responsabilidad de nuestros sentimientos a quienes nos hicieron sentir así, pero “nosotros no podemos cambiar el mundo en el que vivimos, pero sí podemos cambiar nosotros en el mundo”.


Quiero decir: tenemos que aprender a sanar y educar nuestras emociones. De lo contrario, seremos propensos a contraer siempre este tipo de relaciones, relaciones que nos esclavizan emocionalmente. Aceptarnos, amarnos y potenciar nuestras fortalezas son el camino hacia una relación de equilibrio emocional sano.


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