Ayudar a una joven embarazada



Cuando se habla de maternidad vulnerable, se la tiende a asociar a la pobreza. Pero las mujeres y niñas viven miles de realidades distintas que las sumergen en la vulnerabilidad, como violencia, adicciones, abandono paternal, maternidad adolescente, o también estigmatización social.

Sin embargo, nosotros podemos darles esperanza y aportar nuestro granito de arena para lograr un cambio superador en sus vidas y en las vidas de sus hijos. Por eso, en este artículo, me gustaría dejarte 3 consejos para ayudar a una joven embarazada a salir adelante.

1. Ten empatía

La empatía es la capacidad de identificarse con el otro, de ponerse en su lugar y percibir lo que siente. Pero no sólo es eso, tener empatía es un gran acto de caridad que nos permite cambiar y mejorar el mundo.

Imaginemos un mundo donde, en vez de juzgar y criticar tacones que no nos toca usar, ayudáramos a caminar con ellos a quien sí le toca llevarlos puestos. Posiblemente, esa mujer, no tendría tantas ampollas lastimando sus pies y podría llegar a su meta disfrutando del paisaje. Nosotros tenemos ese poder: el poder de causar o de evitar un momento de dolor a las mujeres. Usarlo para hacer el bien no sólo ayuda a las madres y a sus hijos, sino que también nos convierte en héroes.

2. No la juzgues ni la condenes

La estigmatización de la maternidad vulnerable es un factor determinante para las mujeres que lo enfrentan, ya que atenta contra su dignidad y, por lo tanto, contra sus propias vidas. Muchas veces nos reímos y participamos en comentarios despectivos como mamá luchona, planera, o papá garrón, perdiendo de vista que, para cuidar la vida del niño por nacer, es fundamental cuidar la vida de la madre.

Debemos generar un cambio que valore la vida de todos en todos sus aspectos: desde el más básico hasta el más amplio. Pero hay que empezar por uno mismo, por no juzgar ni condenar. Y, sobre todo, por cultivar la caridad, cuyo fruto será la esperanza que salvará a muchas mujeres y niños.

3. No le cargues a ella toda la responsabilidad

Ante la presencia de un hijo inesperado —especialmente en el ámbito adolescente—, suelen descargarse las tintas contra la mujer, como si la mujer se embarazara sola y, por lo tanto, debiera asumir todas las responsabilidades de tal forma. Sin darnos cuenta, de esta manera, ignoramos la ausencia paternal proveniente de un hombre que abandonó o que se niega a responsabilizarse de su hijo de la manera correspondiente.

El abandono paternal es una actitud individualista que la sociedad no visibiliza como debería. Se deja que prime el principio del Yo, mis deseos y mis placeres desordenados. Y así, el padre, lejos de valorar la vida que ha engendrado, le da la espalda porque no le otorga algún tipo de placer individual. Por ello, debemos promover un cambio cultural que honre la vida, y donde la caridad sea la lógica de las relaciones interpersonales.

Todos los niños merecen una madre y un padre para poder vivir de manera digna. Por lo tanto, debemos exigir que todos los hombres asuman sus responsabilidades y deberes paternales para así ayudar a las mujeres y, especialmente, a los niños que se ven envueltos y perjudicados por este drama.

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