Cuando hablamos de soledad, muchos piensan en vacío, tristeza o aislamiento. Hay que aclarar que la soledad no es necesariamente algo negativo. La psicología nos recuerda que puede ser un estado objetivo (estar básicamente sin compañía) o una percepción subjetiva (sentirse solo, aunque haya personas alrededor).
Muchos cristianos narran sus momentos de soledad como momentos de encuentro. Es decir, puede ser un tiempo donde poner orden interior y despojar la mente y corazón. Así, estas actitudes que son necesarias vivir desde lo trascendental para encontrarle el verdadero sentido.
La soltería es una etapa que puede vivirse como una espera frustrante o como una espera fértil para crecer en todas las áreas de la vida. ¿En cuál te encuentras?
Desde la mirada de la fe, la soledad no significa abandono. Dios nunca deja solo a quien confía en Él (Isaías 41,10). De hecho, Jesús mismo buscaba momentos de soledad para orar (Marcos 1,35). La soledad puede convertirse en un lugar de encuentro profundo con Dios y contigo mismo.
La soledad desde una mirada integral (psicología y fe)
Desde estos dos puntos de vista, es preciso destacar que la soledad nos lleva a cultivar
- Autoconocimiento: que ayuda a desarrollar la conciencia de uno mismo, identificar emociones, valores y deseos profundos. A poner en orden el amor para que, valorando, aceptando y amando quienes somos podamos establecer relaciones sanas y duraderas.
- Al mismo tiempo, la soledad permite aprender a regularse emocionalmente. Al haber conocimiento de sí mismo, se gestionan las emociones con mayor facilidad. Esto al principio suele ser muy abrumante. Te das cuenta de que maduras, aprendes y creces emocional y espiritualmente, alcanzando independencia afectiva que te lleva a relacionarte no desde el miedo al rechazo o vacío, sino desde la libertad.
La soledad en la Teología del Cuerpo
La Teología del Cuerpo nos enseña que la soledad no es un castigo. Más bien, es un momento pedagógico de Dios para que la persona comprenda que su identidad y valor no dependía de estar con alguien, sino de ser hijo amado de Dios, su Creador.
En la soledad se revive esta experiencia de reconocer quiénes somos y descubrir/conocer la misión personal que Dios otorga a cada persona. Desde ahí, cualquier vocación nacería de una plenitud interior, no de una carencia afectiva.
¿Cómo puedo vivir la soledad?
Desde la psicología te invito a tener hábitos sanos, red de apoyo y metas personales/profesionales.
- Hábitos: trabaja en las horas recomendadas. Respeta el descanso. Haz ejercicio físico. Cuida tu tiempo de ocio y actividades significativas recreativas para que te ayuden a conectar con tu cuerpo y vida interior.
- Red de apoyo: cultiva amistades profundas. Pon límites a aquellos que no vayan con tu sistema de valores. Cuida y fortalece tus relaciones familiares.
- Metas personales: aprende un idioma, desarrolla un hobby o adquiere una nueva habilidad, incluso aquella que siempre has querido hacer.
El punto de vista desde la fe
Es esencial mantener una vida de oración y sacramental, sin olvidar el servicio al otro. Así, te sugiero
- Haz oración diaria: ten un espacio de oración con Dios, dedica unos minutos al día, conversa con Él nos da consuelo, guía y seguridad.
- Ten una lectura espiritual: Biblia, vidas de santos, libros que alimentan la fe y tu espiritualidad
- Cuida tu vida sacramental: recuerda que la Eucaristía y la confesión son fuentes de fortaleza y renovación interior.
- Incluye en tu semana un servicio: unirte a un grupo parroquial o comunidad, grupo de oración, apostolado que te permita dar a Dios y los demás los dones recibidos
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Por último, no olvides que
- debes evitar comparaciones: tu historia es única, eres creado y amado con Dios que vino al mundo con un propósito trascendental;
- cultiva tu relación con Dios y los demás desde la libertad y no desde la carencia o dependencia;
- hacer comunidad cristiana te permite sostenerte en momentos de crisis emocional;
- sé feliz en la vida cotidiana y no creas que tu felicidad depende otros.
Dios tiene un plan maravilloso para ti, que tus inseguridades no te hagan dudar de ello. Las necesidades afectivas pueden sanar, si estás en un momento difícil no dudes en buscar ayuda profesional. Estar soltero no significa estar incompleto, vacío o perder el valor. Es una etapa en la que Dios ama, moldea, fortalece y prepara para vivir plenamente la vocación. Si la vives con fe y con herramientas psicológicas sanas, la soledad se transforma en una tierra fértil.Ya nos dijo nuestro querido San Juan Pablo II: “El que está solo con Dios nunca está solo”.