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¿Por qué siempre discutimos por lo mismo?

Luego de una discusión de un tema que se repite, puede ser que pienses “mi pareja nunca va a cambiar”. En el 69% de los casos, quizá efectivamente nunca cambie. Este no es un artículo triste o para que vivas en el conformismo. Es ciencia y fe al servicio de las relaciones, vamos a ver.

Si este no es el primer artículo mío que lees, ya sabrás que me encanta difundir los descubrimientos de John Gottman y su equipo. En una de ellos descubrieron que de las miles de parejas que han estudiado hay un patrón común interesante sobre los conflictos y es que aproximadamente el 69% de los conflictos matrimoniales son perpetuos. Es decir, son problemas que nunca desaparecen por completo.

Si estás atravesando discusiones de pareja frecuentes, esto no significa necesariamente que tu relación esté mal o que hayas elegido a la persona equivocada. En muchos casos, significa simplemente que estás experimentando una realidad común a prácticamente todas las parejas.

La diferencia entre una pareja feliz y una pareja en crisis no está en eliminar estos conflictos, sino en aprender a convivir con ellos.

Nuestros conflictos…

Cuando pensamos en conflictos de pareja solemos asumir que todos tienen solución con un poco de comunicación, reglas claras y cambios de conducta. La realidad es que las personas somos mucho más complejas y la mayoría de las discusiones surgen de diferencias profundas de personalidad, valores, experiencias o preferencias.

Por ejemplo:

  • uno necesita planificarlo todo y el otro es espontáneo.
  • Uno es más sociable y el otro más reservado.
  • Uno valora más el ahorro y el otro disfruta gastar.
  • Uno necesita hablar los problemas inmediatamente y el otro requiere tiempo para procesarlos.

Estas diferencias forman parte de quiénes somos. Nuestra identidad y esto no se puede cambiar con una varita mágica. Por eso Gottman afirma algo que suele resultar incómodo de escuchar: cuando eliges una pareja, también eliges un conjunto de problemas con los que probablemente convivirás durante décadas.

Diferencia entre problemas perpetuos y solubles

El problema es que muchas veces queremos tratar los problemas perpetuos como solubles y la frustración tiende a crecer, muchas parejas que llegan a terapia lo hacen bajo esta perspectiva, ven cómo al inicio de la relación se encontraban con problemas que luego de un acuerdo se solucionan, pero con los años, hay cosas que no cambian, por mucho que se aborde de diferentes maneras.

Son conflictos solubles aquellos que aparecen en situaciones particulares. Por ejemplo, es un conflicto soluble el discutir por quién limpia la cocina un día de mucho estrés. Pues se trata solo de la tarea y no del carácter del otro.

En cambio, los conflictos perpetuos tienen un origen en la personalidad, valores o estilos de vida de cada uno. No aparecen a veces. Coexisten de manera cotidiana. Pueden generar mayor o menor molestia según estén los ánimos del día a día. Un ejemplo puede ser que a uno de los dos no le guste nada tener que salir a pasear en verano, mientras que el otro desea tomar el sol.

¿Se puede tener una buena relación si existen problemas perpetuos?

¿Si todas las parejas tienen problemas perpetuos por qué algunas logran construir matrimonios felices? La respuesta está en la forma en que enfrentan esos conflictos.

Las parejas emocionalmente sanas entienden que no todas las diferencias deben resolverse. En lugar de intentar cambiar constantemente al otro, aprenden a convivir con ciertas tensiones inevitables.

Esto les permite hablar de temas difíciles sin convertir cada conversación en una batalla. Incluso muchas parejas felices desarrollan una capacidad sorprendente para reírse de sus diferencias. No porque el problema haya desaparecido, sino porque ya no amenaza la relación.

La caridad en nuestra relación

Este tipo de temas nos permite madurar en nuestra forma de amar, nos abre a preguntas como ¿quiero a esta persona tal como es?, ¿o quiero la proyección de lo que quiero que se convierta?, ¿soy capaz de amar a esta persona incondicionalmente o cuando sus defectos me estorben la desecharé?

Preguntas fuertes, pero que vale la pena hacerse antes de un compromiso grande, como lo es el matrimonio

***

¿Conformismo o aceptación? Jacques Philipe, sacerdote y gran escritor espiritual nos invita a entender la importancia de vivir en una actitud de aceptación, no de conformismo frente a la voluntad de Dios, y esto mismo podemos aplicarlo a las relaciones.

Conformarnos con una relación no es realmente lo que Dios espera de nosotros, por eso el noviazgo es un tiempo de maduración y profundo discernimiento que nos abre camino al aceptar al otro, tal como es. Aceptarlo significa que conociendo como es, nos comprometemos a amarlo, incluso si esos “defectos” o características que nos nos agradan del todo, nunca se van.

Esta es una diferencia importante en tiempos de amores líquidos, donde se trabaja poco por construir y mantener el amor. ¿Qué piensas tu?

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