Una amiga me contaba cómo una mañana cualquiera su marido le había preparado amorosamente un croissant a la plancha para desayunar. Este detalle le llegó al corazón.
En otra ocasión, veía a otro matrimonio pasear cogidos de la mano, en silencio o contándose sus cosas. Mis abuelos, por ejemplo, siempre que salían a la calle se agarraban el uno al otro, en parte para sostenerse, pero seguramente porque esa bonita costumbre les salía del alma.
¿Cuál es entonces el verdadero ingrediente que mantiene firme la intimidad del matrimonio?
Sería un error pensar que el matrimonio es sostenido por los sentimientos de cada día. Éstos son involuntarios, maquinales.
Sin embargo, sí se puede reforzar el matrimonio aprendiendo a gestionar positivamente esos sentimientos en la firme voluntad de querer amar. Es entonces cuando permitimos que fluyan afectos positivos que verdaderamente nutren la relación de pareja.
Por otro lado, también sería un error pensar únicamente en las relaciones sexuales como fuente de intimidad. En ese entonces, ¿qué pasaría si por enfermedad, por viajes laborales que obligan al distanciamiento físico, o por la decisión consciente de posponer un embarazo que llevaría a respetar esos tiempos de fertilidad y de abstinencia?
Es cierto que las relaciones conyugales son una expresión de gran intimidad, pero solo si se ha cuidado el amor en los detalles que surgen fuera de la cama. No tendría mucho sentido, por ejemplo, estar sin hablarse ni mirarse todo el día y, al llegar a la noche, acostarse, sin apenas saber cómo ha sido la jornada de cada uno de los cónyuges.
La importancia del cuidado de la intimidad
Cuando cuidamos la intimidad a través de las palabras, las miradas, los pensamientos, es entonces cuando la relación sexual es celebración de amor y fuente de intimidad también.
Si cualquiera de nosotros hace memoria de lo que ha vivido hasta ahora con sus seres queridos, amigos, marido o mujer, estoy segura de que podríamos sacar miles de recuerdos que nos hacen sonreír, que nos enternecen, que nos esponjan el alma de amor.
Un amor viene de amar y ser amado sin condiciones ni reservas. Además, un amor viene a entregarse a los demás a través de las cosas pequeñas de cada día, los detalles de cariño, las tiernas miradas y palabras de comprensión. Esos pequeños gestos diarios son los que mantienen las brasas encendidas.
Es ese amor aparentemente diminuto el que nutre el matrimonio. Es el ingrediente por excelencia, el verdadero SPICE por el que tenemos que luchar.
Tres consejos prácticos para el día a día
En el matrimonio los siguientes tips te pueden ayudar a mantener ese SPICE:
- Buscar cada día, aunque sean pocos minutos, una conversación los dos solos, simplemente para ver cómo se encuentra cada uno. Esta conversación requiere de mirarse a los ojos y de ausencia de pantallas y terceras personas.
- Cuando no estemos juntos, pensar en qué estará haciendo nuestro cónyuge, y, quizá no está de más mantener un pequeño detalle como un mensaje.
- Rezar cada día por el cónyuge.
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Las relaciones conyugales son una expresión de gran intimidad, pero solo si se ha cuidado el amor en los detalles que surgen fuera de la cama. Cuando cuidamos la intimidad a través de las palabras, las miradas, los pensamientos, es entonces cuando la relación sexual es celebración de amor y fuente de intimidad también. Esos pequeños gestos diarios, que hemos ejemplificado al comienzo de este artículo, son los que mantienen las brasas encendidas. Es ese amor aparentemente diminuto el que nutre el matrimonio.